1-O: Ya me callo


Para terminar este viaje, me voy a callar. He vuelto a mi vida fuera de este caos y espero de todo corazón que haya una solución pronto a este conflicto.

Pero hoy quiero dar voz a los demás, que son parte de mi vida aunque no piensen como yo (aunque no es difícil pensar distinto a una persona que no piensa).

Ahí van mis minientrevistas y sus opiniones:

L. C. S., no votó

¿Por qué no votaste?
No suelo ir a votar porque no suelo estar de acuerdo con ningun partido cuando hay elecciones. Partiendo de esa base, no estaba de acuerdo ni con el sí ni con el no; la otra opción hubiera sido votar nulo, pero es que además no me parecía que la votación fuese legal. Además de eso, estaba toda la presión social de amigos y vecinos contrarios a la independencia junto con el miedo que esas personas me provocaron a causa de los medios de comunicación estatales.

Sin embargo, sí salí a la calle y en un momento quise votar, pero no lo hice porque no me pareció muy fiable eso del censo electoral universal.

Por lo que veo, no estás ni a favor ni en contra, pero, ¿qué aspectos positivos le ves a la independencia, y cuáles negativos?
No lo sé. No soy economista, no soy política ni vidente, pero sí que puedo ver algo: Que gracias a los medios de comunicación, a la visión negativa externa, la bolsa y el mundo empresarial se han visto muy afectados a causa del miedo provocado. Además, Rajoy facilitó que los bancos como el Sabadell cambiaran de sede para conseguir que volvieran a subir. Esto perjudica a Catalunya porque el resto de empresas seguirán el ejemplo. Me da la sensación de que no les conviene por intereses económicos que haya independencia. Positivo de momento no veo nada, solo el impacto negativo de todo esto.

Si el gobierno hubiera permitido que se votara de manera legal, tal vez la sensación sería mucho más positiva y no se habría creado toda esta oleada de miedo.

C., votó NO

Independencia, ¿sí o no?
Pregunta difícil de contestar. Yo como charnega que soy amo a España y a Cataluña. Pero no me gusta el gobierno español actual y en las elecciones no pudimos cambiarlo. Puestos a que me roben prefiero que lo hagan solo los catalanes y no catalanes y gobierno central a la vez. De todas maneras no creo que sea buena la independencia para ninguno de los dos. Yo voté que no.

¿A quién beneficia(ría) la independencia?
Pues seguramente a nadie. Tanto Cataluña como España perderían poder adquisitivo y seguiría habiendo corrupción. A los políticos sí les interesa pero creo que al pueblo no.

Camy, votó SÍ

¿Por qué independencia?
¿Independencia?, sí. Tengo más de doce años de residir en España, he estado viviendo en Cádiz, Granada y, por último, en Catalunya. Como foráneo ya venía con prejuicios de fábrica sobre los españoles, los cuales cambiaron conociendo la cultura y el territorio de primera mano, pero a la vez se crearon otros, en este caso sobre los catalanes, no los expondré para no extenderme en mi justificación. En fin, me asenté en Catalunya y llevo unos ocho años de vivir aquí, eso me ha permitido ver que aquellos prejuicios eran iguales a los que tenía hacia los españoles y, eventualmente, desaparecieron. Catalunya es rica culturalmente, socialmente madura, con unas tradiciones, lengua e historia bien definidas. Catalunya necesita recorrer su camino sola, escribir sus propias páginas y no que otro se las escriba. La independencia le permitirá a la sociedad catalana derrotar sus fantasmas, como lo intenta América latina.

¿A quién beneficia(ría)?
A corto plazo, a ninguno… si nos vamos a temas económicos y políticos, es innegable que habrá caída de la bolsa, fuga de bancos y multinacionales, pero como en todo, unos se irán y otros vendrán. No sería la primera región que se independiza, hay ejemplos que poco a poco han salido a flote. Como ya pasó, el estado español se opuso a la independencia de Kosovo en 2008, cosa que no es de extrañar ya que en casa tiene un problema parecido; reconocer Kosovo es reconocer Catalunya. Y, aun así, Kosovo no ha desaparecido. En definitiva, el inmovilismo territorial choca con los cambios sociales del XXI, creo que a la corona aún no se le pasa la resaca de haber perdido las colonias. A nivel político, pues, falta de reconocimiento, sanciones y una larga lista de etcétera por los dos bandos. Pero, si Europa es sensata y ha aprendido del pasado, tarde o temprano, reconocerán Catalunya. Pero, esto la sociedad catalana lo sabe, ya sea por romanticismo, historia o búsqueda de identidad… muchos están dispuestos a aceptar el riesgo. La tierra es de quien la hace y la siente suya y, de eso los catalanes saben mucho. Para ellos, la tierra vale más que sanciones y reprimendas políticas, su autorreconocimiento como pueblo no tiene precio.

Lena, no votó

¿Por qué no votaste?
No, no voté. Pero no porque no quisiera, sino porque las leyes españolas impiden a los ciudadanos con otras nacionalidades hacerlo. Así que, dado que todavía debemos cumplir con esas leyes, no me dejaron votar. Por cierto, aclaro que era imposible votar más de una vez, todos los DNI eran comprobados. En los momentos en los que no funcionaba el sistema informático (cosa que no es culpa del Govern) sí que se introducían los datos de manera manual. Pero luego se comprobaba que todo fuera correcto.

Independencia, ¿sí o no?
Independencia sí. Independencia sí por varias razones, aunque si se lograra un estado federal con más autogobierno para cada una de sus partes también estaría de acuerdo. Antes de nada, quiero que quede claro que no tengo nada en contra del pueblo español, hay que recordar que si España es plural Catalunya también lo es. Yo misma soy un ejemplo ya que ni mi madre ni mi padre nacieron aquí. Dicho esto, Catalunya independiente primero porque históricamente lo debe ser, me explico: Este país ha estado mucho más tiempo separado del resto de España que formando parte de ella, de modo que tiene una cultura propia. La segunda razón es que el gobierno nos trata de una forma muy injusta. Sí, es verdad que estamos acostumbrados: Carlos III, Felipe V, Franco… pero la broma ya cansa. En cuanto al tema económico: hay que ser solidarios, sí, en eso estoy de acuerdo, pero lo que es impensable es que haya que hacer muchos más recortes aquí que en el resto de España. Compartir es bueno, pero no a costa de empobrecerte tú, que tampoco tienes la culpa. La solidaridad empieza en casa. Tercera razón, la represión, es la razón más importante para mí. No entiendo cómo es posible que se haya aprobado por ejemplo la LOMCE y la reforma del sistema educativo, que cada vez es más precario. ¿Y que no nos dejen expresarnos? Por favor, prohibir un referéndum va más allá de la perversidad. ¿Negar la realidad? ¿Seguir una política de desinformación? ¿Fomentar el odio hacia los catalanes? ¿Manipular la prensa? No señores, por ahí no paso, si a ustedes les va bien me parece perfecto, pero para mí es inadmisible. Y la guinda del pastel, los actuales gobernantes… Corrupción hay en todas partes, pero es mucho más fácil luchar contra ella en un lugar más pequeño, en el que espero poder elegir a mis representantes, cosa que ahora no puedo hacer.

¿A quién beneficia?
¿A quién beneficia? ¿Y a quién beneficia ser Francés o Finlandés? Ni beneficia ni perjudica a nadie. Lo que sí que es cierto es que tal y como están las cosas hoy en día quizás es mejor probar algo diferente.

Dione, catalana residente en Valencia

Mójate: Independencia, ¿sí o no?
No. Creo en la unión de los pueblos, tengo lazos de amistad y familia por todo el territorio español y veo todo lo que tenemos en común como una ventaja y las diferencias enriquecedoras. De hecho salí de Catalunya buscando esas diferencias que hay en la península.

¿A quién beneficia(ría) la independencia?
En primera instancia a los políticos actuales catalanes, como Mas, Pujol y otros en a sombra que les vendría bien para tener “el perdón” por haber estado tergiversando dinero.
Luego a la parte del pueblo catalán que ansía la independencia, calmarían ese deseo… Pero seguro que después aparecerían otros deseos por alcanzar.
No tengo clara idea de que beneficie económicamente en ningún aspecto a los catalanes: salir de la EU, aclarar quien acaba de pagar la deuda, las pensiones, etc. Simplemente creo que es una cuestión de sentimentos y fe en un estado mejor si se gestiona separado de Europa. Me faltarían datos.

 

Estos puntos de vista de gente de mi entorno, y muchos más que no cito para no extenderme, para mí demuestran que la cuestión catalana es un hecho complejo. Pero lo más importante es que la sociedad ha sabido convivir hasta ahora con esta diversidad, y no veo por qué no puede seguir haciéndolo. Personalmente creo que desde fuera es difícil ver la dimensión del asunto, cuando a veces ni siquiera desde dentro se ve.

Espero, de todos modos, que mi pueblo tenga el seny necesario para resolver una situación que es de todo menos fácil.

Y ya termino, no sin antes dar las gracias a todos los que han respondido a mis (no tan fáciles) preguntas. ¡Gracias, de verdad, por vuestras reflexiones!

 

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Desde mi trinchera a tu búnker


Tengo miedo. Tengo miedo y estoy cabreada, así que es el mejor momento para escribir ese post que nunca hubiera querido y nunca volveré a escribir.

Lo de ayer fue terrible. Todo lo bueno que vi el domingo se está convirtiendo en algo que ni siquiera sé cómo calificar.

Esta huelga patrocinada por el gobierno ya poco tiene que ver con el derecho a decidir. Una huelga que, además, estaba planeada dede hace semanas, eso lo sabíamos hasta en Madrid. Qué bien les ha venido la brutalidad policial como excusa para decir que Catalunya está unida: Ahora el enemigo es ese “otro”, el de fuera, no la lucha interna y eterna entre un país (región, nación, llámenlo como quieran). Porque aunque iba de eso, las banderas de España abrazaban a las de Catalunya en las fotos. Qué bonito queda.

Cerrar colegios en días lectivos por motivos políticos, eso en mi pueblo (que es este, por cierto) se llama adoctrinamiento. ¿Dónde está ahora el derecho a decidir? Una huelga de obligado seguimiento es una falta más de respeto a la democracia que nos han querido vender.

Los telediarios mienten. No os creáis a los telediarios “de fuera”, los únicos que dicen la verdad son los “de aquí”. Porque todo lo “de allí” es malo y es fascista, da igual que seas policía, periodista o cualquier otra cosa, yo lo sé muy bien.

(Paréntesis: Sí, los medios manipulan, pero lo hacen todos. Es que la información sin opinión es muy sosa y no vende. También hay quien opina más de lo que informa y sin saber de lo que habla, pero no me voy a detener en ese tema.)

Mi tierra me da miedo y vergüenza en estos momentos. Sobre todo, porque ya no sé si esta es mi tierra, cuando alguna gente ya no me considera digna de ella. Quedeu-vos-la, tota per vosaltres, jo lluitaré per ella des de la llunyania.

Y luego, el Rey. Ese rey que ya no nos representa, si es que en algún momento nos ha representado, que llega tarde y mal. Carta abierta a esa persona:

Querido Felipe, (te juré fidelidad a mi pesar, así que me he ganado el derecho a tutearte),

Te lo digo con todo mi cariño: Así NO.

Has tenido dos días para preparar tu discurso, y aun así no podías haberlo hecho peor. Ya sabes que soy experta en discursos, y el tuyo ha sido, por decirlo de manera suave, chapucero y fuera de lugar. Como sé que a ti no te da vergüenza, en nombre de millones de españoles y catalanes pido disculpas por ti.

Tuviste un lapsus, quiero creer. Cuando dijiste “Unidad”, querías decir “Pluralidad”; son palabras muy parecidas, después de todo. No te has enterado de que lo de “Una, Grande y Libre” hace mucho que no representa a este país. De que Catalunya no tiene (toda) la culpa.

La voz no te tembló, pero las manos te traicionaron. Aunque imagino que eran gestos calculados; una vez más, tú podías haberlo hecho mejor. Tenías el deber de hacerlo mejor, que para eso eres un señor rey.

No pidas ese diálogo en el que no crees, facilítalo. Sal de tu búnker y vente aquí, a mi trinchera, siéntate con una buena copa de vino y habla. Pero, sobre todo, escucha lo que el pueblo tiene que decirte, a poder ser en catalán, que sé que lo dominas bien. Que no te va a gustar, pero…

Te dirijiste a los españoles que están tras esa frontera cada vez menos imaginaria, cuando los que te necesitan ahora mismo son esos españoles del otro lado (por ahora lo siguen siendo aunque no quieran) a los que das la espalda. Les está bien empleado por no querer ser tus súbditos. Catalunya es un grano en tu real culo, y para ti es más fácil decir al resto de españoles que la culpa la tienen ellos. Tus otros.

Te lo vuelvo a decir: ASÍ NO. No hiciste más que aumentar la llama por aquí. En cuanto tu discurso acabó, que lo sepas, las cazuelas de las diez se adelantaron casi una hora, al grito de “Esta cazuela te la metes por el culo”. Te pitarían los oídos, pero bueno, tampoco creo que les hicieras mucho caso. Tienes temas más importantes que tratar. Ahí en tu palacio estás seguro, y lejos de la realidad, mientras tus policías hacen el trabajo sucio. Ya mañana les darás alguna medalla si eso (en serio, no hace falta que lo hagas).

Sin más, me despido confiando en que todavía haya lugar para el diálogo entre unos y otros. Creo que todavía estamos a tiempo si hay voluntad. Decidid vosotros si solo soy una ingenua.

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1-O: Lo que he visto y lo que no he visto


Ayer fue un día intenso. Sé que mucha gente no se atrevió ni a salir a la calle, pero yo sí lo hice. Me di varios paseos, porque al fin y al cabo es lo que más me gusta hacer cuando vengo a la que todavía es mi casa, y esto es todo lo que vi:

  • Lluvia. Paraguas chocando entre sí.
  • En mi antiguo colegio, gente. Mucha gente y a todas horas. No soy buena con las cifras, pero apuesto a que quinientas personas o más habría cada vez que pasé por ahí. Gente que iba a votar, a manifestar en paz sus creencias o simplemente a curiosear como yo.
  • Helicópteros sobrevolando mi ciudad, furgonetas policiales que iban y venían y alguna ambulancia.
  • Dos Mossos en la esquina observando tranquilamente a la gente sin hacer absolutamente nada más que estar ahí de pie (no voy a valorar si eso es bueno o malo, me da igual).
  • Mi antiguo instituto vacío, aunque cuando pasé por allí la primera vez eran como las diez y media. Sí había un señor en la puerta que, totalmente en calma, decía que habían venido a las ocho y media a llevarse las urnas por la fuerza, pero que se podía ejercer el derecho a voto en un colegio dos calles más abajo.
  • El colegio que el señor indicó llenito también de gente, por fuera y por dentro, en un ambiente de calma y fiesta.
  • Un grupo de personas de derechas que bajaban por el Paseo de Gracia con banderas españolas al grito de “Viva España”. También estos se manifestaban de forma pacífica, todo hay que decirlo.
  • La Plaza Catalunya con una enorme pantalla que mostraba imágenes en directo de TV3 mientras se oía a gente lanzar toda clase de improperios contra el gobierno central.
  • La Rambla Catalunya y mi barrio en general llenos de turistas, como cualquier domingo normal.
  • A un tal señor Rajoy diciendo, por la tele y desde Madrid, que aquí no ha pasado nada. Es usted un ignorante, pero no de los que no sabe nada, sino de los que ignoran a los que según usted son parte de su pueblo. Es mejor y más barato enviar a gente que haga el trabajo sucio y mirar a otro lado que dialogar. Así nos va,
  • A un tal señor Puigdemont diciendo, desde algún lugar oficial, que Catalunya se ha ganado el derecho a ser una república independiente. Qué miedo me da eso, huele a que aquí se acabó la libertad.
  • Manipulación. Mucha. De ambos lados.
  • La foto de una misma señora compartida mil veces por redes sociales. Que no digo que no estuviera herida; lo siento por ella, de verdad. Pero no me gustan las imágenes sin contexto, prefiero las de lo que vi yo aunque no sean demasiado buenas:

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Estoy orgullosa de eso: Gente que cree en algo (qué envidia) y es capaz de defender esas creencias sin molestar al resto, con paz y con tranquilidad, a pesar del mal tiempo y con una sonrisa en la cara.

Y ahora lo que no vi.

  • No, no vi violencia. No quiero decir con esto que no la haya habido, quiero decir que yo no la vi, y me alegro por ello.
  • Ahora que lo pienso, no vi ni un solo policía nacional, y tampoco agentes de la Guardia Civil.
  • No vi un proceso justo, democrático ni legal.
  • No vi disculpas ni humildad por parte de dos políticos.

La voluntad de diálogo y conviviencia no sirve para nada cuando no se traslada de las calles a los despachos. Me parece una pena y un insulto al pueblo y a la democracia por los dos bandos. Sobre todo para los que no pertenecemos a ninguno de ellos.

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Diario de una madricatalana parte dos: Esparando el día D


Esto es la estación de Atocha. Uno de mis lugares preferidos y sorprendentes de la ciudad de Madrid. Mi tren sale en un par de horas, y aquí parece un sábado más.

No tengo fotos, pero llegar hasta aquí para mí ha sido una experiencia desagradable. Yo, que odio las banderas (bueno, a excepción de la Union Jack, pero es que esa es muy cuqui), he atravesado toda una ciudad infestada de balcones abanderados. Dicen que ha habido una gran manifestación por la unidad de España en Cibeles. La misma imagen que seguro veré mañana. Los mismos colores, cuatro barras en vez de dos. El mismo perro con distinto collar. La misma fe ciega de la manada que sigue a su líder.

Pero aquí, en Atocha, reina una extraña, turística y apolítica calma. Aunque cada vez que paso por aquí no puedo evitar pensar en aquel mes de marzo en el que la política española en general, y cierto partido en particular, se derrumbó casi tanto como hoy, tan presa entonces como hoy de sus propias mentiras y de su nefasta capacidad de diálogo, comunicación, escucha y empatía.

Que no es comparable, lo sé. Aquí no va a morir nadie porque aquí no somos terroristas (no es sarcasmo, lo digo en serio).

Tres horas y pico después, esta es la estación de Sants:

 

Aquí también todo parece normal. Mucho bullicio, pero nada fuera de lo habitual en un sábado noche.

Cuando llegamos al centro, nada hace presagiar la que se nos viene encima, quizás una ligera escasez de turistas y el hecho de que haya luz en el que un día fue mi colegio un sábado sobre las 9 de la noche. (El colegio que hay dos calles más allá, las Escolapias, sí está cerrado y precintado).

Dentro del colegio, voces de niños. No me atrevo a entrar, así que no sé cuántos. Por fuera, padres, madres y abuelos preparan la que imagino será una noche muy larga.

Ya en casa, durante la cena, a las diez (puntual como un reloj, dice mi madre), suenan las cazuelas. Mis hijos se unen a la fiesta con sendos almireces. En los dos extremos del piso se vive con alegría este momento.

Salgo al balcón, y de un microbús aparcado justo delante de casa veo bajar a varias chicas ataviadas con gorras de policía y silbatos. Menudo día y menudo tema para hacer una despedida de soltera, pienso.

Ambiente festivo. Nada fuera de lo normal un sábado noche.

Sobre las tres pasa el camión de la basura y me despierta. También como todos los sábados por la noche. Por cierto, señora Colau, si me está leyendo utilice su poder para que no pasen a estas horas, o al menos no hagan tanto ruido.

Ahora son las seis de la mañana del día D y llueve. Pero eso tampoco es culpa del referendum, la lluvia la traemos al parecer los que venimos de Madrid. Igual también influye un poco que en Barcelona todos los años llueva por estas fechas, no sé.

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Mi versión


Os voy a contar mi versión de esta historia.

Nací y crecí en Barcelona. Mitad de mi vida allí, la otra mitad en Madrid. Solo por eso, en un lado me llaman fascista y en el otro independentista de mierda. Y no soy ni una cosa ni la otra, ya ves.

En “mi” ciudad, tengo familia y gente de los dos bandos. Recuerdo que en el instituto una vez me preguntaron si me sentía catalana o española. Con catorce años me negué a escoger. Taché las dos opciones, y alguien escribió a lápiz “rebelde” en mi test.

Catalunya se escribe así, con NY, en español. Hacerlo con ñ no es políticamente correcto. Pero Huesca y Zaragoza, en catalán, se llaman Osca y Saragossa. Perdón, Terol també existeix.

Dicen por aquí que allí adoctrinan. Dicen por allí que eso es falso.

“España nos roba”

“Barcelona sería la capital de España si no fuera porque Madrid está en el centro (geográfico)”

“Aquí tenemos la suerte de ser bilingües…” (tras los puntos suspensivos, un millón de situaciones tras las que se esconde una defensa del monolingüismo catalán). Situaciones que os podría contar en mil posts dedicados exclusivamente a ello. Y quizás lo haga.

La otra cara de la moneda:

“Estos catalanes, siempre pidiendo.”

“Madrid ha acogido históricamente a todos los nobles y Reyes de este país, es justo que sea la capital del reino.”

“¿Por qué te empeñas siempre en usar tu “dialecto”?” (sí, tal cual, en pleno siglo XXI). De esto también puedo hablar largo y tendido. Bueno, creo que alguna vez ya lo hice, si mal no recuerdo.

Hay mucho más. Y como estas, seguro que tú también has vivido muchas situaciones de esas que solo se ven cuando uno está en el bando equivocado.

Por supuesto, en mi día a día también hay situaciones de tolerancia y respeto. Hay catalanes que aman y respetan a(l resto de) España y hay españoles fuera de Catalunya que la aman y respetan, y por suerte en los dos casos son una mayoría, aunque nadie lo tenga en cuenta. Aunque nos quieran hacer creer lo contrario.

Mis amigos catalanes dicen que los medios “del estado” nos manipulan a los que no estamos allí. Que todo lo que dicen es falso, que allí no está pasando nada. Llevo una semana alternando TV3 con Antena 3 y el telediario “oficial” de la primera y no os quiero ni contar las burradas que he oído por las dos partes.

(paréntesis: ayer en la Puerta del Sol había casi más policías casi que turistas. No, no a todos los hemos enviado para allá)

Así que paso de que me lo cuenten. Hoy mismo me cojo un AVE a Barcelona y os lo contaré yo a vosotros. En primera persona, desde los dos bandos.

Porque soy catalana y española. O, más bien, ciudadana del mundo. Porque yo también quisiera decidir y ni unos ni otros me dejan, al forzarme a tomar partido o hacerlo ellos por mí.

Y, ante todo, porque mi vida está para escribirla, no para leerla.

 

 

 

 

 

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Reto ELdE 2017 #12: Estos tres


Combina estos tres personajes a modo de secundarios: ‘el hombre de hojalata’, ‘un dragón enamorado’ y un ‘ogro’ para hacer con ellos una narración fantástica.

[Nota: habrá que esperar para ver el amor en los ojos del dragón 😉 ]

Como si mi vida no hubiera sido extraña hasta ahora, va y me pasa esto (y digo “esto” porque ni siquiera sé muy bien lo que está pasando).

Mientras camino desde la estación a casa, me gustaría asimilar estas últimas horas pero Hakim no me deja pensar. Se parece a una extraña y siniestra voz de la conciencia. Sabe más de lo que dice pero en las pocas horas que llevamos juntos he aprendido que solo cuenta lo que le interesa. Igual que la jefa.

No recuerdo casi nada de ayer. No sé si hablé de más o demasiado poco, cómo me trajeron a casa ni cuándo me convertí en amigo -supongo- de un mechero, pero él no parece dispuesto a colaborar:

―Todo a su debido tiempo, nene. Todo a su debido tiempo.

Entramos en casa y lo primero que hace es escaparse de mis manos y saludar con un abrazo a Laila, antes llamada Samsung N3000 HD. Extraña situación, ver cómo dos objetos se abrazan.

Ella me pregunta qué tal el día y no sé qué contestar, aunque tampoco espera respuesta.

―Bien. Aquí tienes tu primera misión ―dice, mientras muestra una imagen que parece sacada de una combinación de el Mago de Oz y Pokemon―. Ten cuidado con estos tres. A la mínima que puedas, los neutralizas.

“Estos tres” son una especie de robot chungo y oxidado y un monstruo enorme con pelo por todas partes a lomos de un dragón todavía más grande que él, que mueve la cola y saca a relucir sus dientes negros en un intento de sonrisa.

―¿Neutralizar? ¿Cómo…?

Laila me explica que están cerca y vienen a por mí, aunque solo podré usar mis poderes para defenderme una vez que me ataquen (“usa tu imaginación”). Pero yo hace tiempo que dejé de creer en historias de niños. Además, yo soy una persona normal, al menos por fuera, y no creo que tenga nada que les interese. ¿O sí? Una ráfaga de pensamientos inconexos de anoche me hace dudar.

La que mató a mi hermano. Sofía, supongo. Ella es la cruz de nuestra raza. Ella tiene todos nuestros poderes, o eso pretende, y sabe cómo controlarlos a su antojo. Tenemos que pararla. Tengo que pararla o será demasiado tarde.

Estos tres parece que trabajan para ella. Son sus espías. No quiero saber lo que me harán si me cogen.

Me veo en el Barbazul repitiendo una y otra vez la pregunta: “¿por qué mató a mi hermano?”. Silencio a mi alrededor. Elsa y Mariana se miran. Otra vez la grotesca imagen del ogro, que cambia de color y de forma como un camaleón. Sus compañeros están ahí, cerca, tan cerca que nadie se da cuenta de su presencia. A veces son extras de películas, otras forman parte de un cartel publicitario invisible, otras parecen esculturas mimetizadas con el entorno. Ellos solo pueden cambiar de tamaño, por lo visto.

Mariana suda. Fuego. Se para el tiempo y tarda un rato en volver. Elsa escupe figuras de hielo que se derriten sobre la mesa y forman dioramas efímeros que ayer posiblemente no veía tan borrosos.

Laila se apaga de repente y el silencio repentino de Hakim me devuelve a mi habitación. Miro por la ventana, me fijo un poco y puedo ver a estos tres vigilando sin ningún tipo de disimulo, aunque las pocas personas que hay por la calle no parecen darse cuenta de su presencia.

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Reto ELdE 2017 #11: Creía que era una cita


Inventa un cuento con dos objetos a los que dotas de vida.

A las ocho en punto, mensaje: “¿bajas?”. Sé que a la jefa no le gusta esperar, así que me pongo los zapatos y voy.

Me monto en su coche y me invade una extraña sensación. Ni siquiera sabía que condujera.

―¿A dónde vamos?

―Lo sabrás cuando lleguemos ―no le pega nada hacerse la misteriosa, da miedito.

El gps no está en marcha, así que se sabe bien el camino (dudo que esta mujer sea fan de los gps). En el coche solo se oye mi respiración, una música que en alguna época habrá sido famosa y ella haciendo los coros.

Glups, ya sé a dónde vamos. Ya sé dónde estamos.

Me hace bajar del coche y esperar en la acera hasta que termine de aparcar. Elsa está en la puerta del Barbazul fumando, no sabía que durante el día fuese un restaurante. Me saluda como si no me conociese y me invita a sentarme en la terraza, junto a esa suerte de estufa.

Mariana se sienta a mi lado y sonríe.

―¿Qué vais a tomar? Porque es un poco pronto para los gintonics.

Mariana no me deja hablar, pide unas bravas, una de chopitos y dos cervezas. Cuando Elsa se aleja, aunque no sé por qué ha esperado, empieza a hablar en voz baja:

―Sabemos quién eres y lo que…

―¿Perdona?

―No me puedo creer que no te hayas dado cuenta, Edu ―¿en serio? ¿Ahora soy “Edu”? No “Rojo” ni “Eduardo” como de costumbre―. Llevaba tiempo esperando este momento.

Le miro con cara de estupefacción, supongo.

―¿Por qué crees que te contraté?

Como me ha traído a un sitio donde la mayoría de gente viene a ligar, me reservo el derecho de no responder y espero que lo haga ella por mí.

―Dejémonos de chorradas. Sabemos lo que te pasó. Que eres… especial. Como nosotras.

Chasquea un dedo, el mundo a nuestro alrededor se congela y sale una pequeña llama entre el pulgar y el corazón. Sopla para que desaparezca y el instante vuelve a transcurrir.

En estas viene Elsa con las tapas, y yo casi me abalanzo sobre ellas, alternando la mirada entre una y otra. Ellas. Nosotras.

Elsa toma asiento a mi lado, parece divertida. Sé que no se ha olvidado de nuestra madrugada porque no para de mirar atrás, hacia la barra.

Mariana pone su habitual cara de monólogo y empieza a contarme que me necesitan. Saben lo que pasó con aquel Quimicefa. Saben que no apago las luces cuando duermo y todo lo demás. Saben que mentí cuando mi hermano murió y que es una cruz que arrastro desde entonces. Intento preguntar pero no me deja.

También saben quién le mató. Y me necesitan.

No fue difícil para Mariana llegar hasta mí. Puso el anuncio perfecto en el periódico perfecto y en dos días yo estaba trabajando para ella. Todos estos años ha estado buscando una cura para el mal que nos asola y yo soy el único que podría dársela, aunque no sea consciente de ello.

―¿Necesitamos curarnos? ―es lo único que me deja preguntar.

―Cuando llegues a mi estado, comprenderás que sí ―responde misteriosa y pausadamente.

―¿Y por qué yo?

―Porque eres el único que sabe cómo le pasó. Los demás no recordamos nada… aparte de ella, claro.

Me giro mirando a Elsa, pero Mariana añade:

―No, ella no. Ella ―y me alcanza una foto.

Me toca el brazo cuando la miro. Sé que quiere saber cómo me siento.

La de la foto es claramente la que mató a mi hermano. Más mayor, sí, pero es ella.

Me siento confuso. Sin que sepa cuándo se ha ido, Elsa vuelve de dentro con tres gintonics.

gintonic

―Bebe.

―Si bebo no os seré de gran ayuda.

―Yo más bien diría lo contrario.

Vaya, ese secreto también lo conocen.

Despierto en mi cama, las luces encendidas y una vocecita susurrando:

―¡Vamos, holgazán! Vístete, que tienes el taxi en la puerta para ir a trabajar. Cortesía de la jefa.

Me duele un poco la cabeza. Me visto mecánicamente mientras caigo en la cuenta de que no sé quién ha hablado. Hasta que veo que la voz sale de un pequeño mechero que aparece entre mis sábanas.

―Guárdame en el bolsillo, puede que te haga falta.

Me froto los ojos pero no, no estoy soñando. El mechero me ha hablado. Y de pronto, la tele, mi tele de toda la vida, se enciende sola y me habla también:

―Yo te espero aquí, no vuelvas a casa muy tarde que te estaré vigilando ―y se vuelve a apagar.

El mechero sí parece tener ganas de hablar y mucho que contar. Por las escaleras me pide que le llame Hakim, que le lleve siempre conmigo y que no haga preguntas si no quiero conocer las respuestas. Habla deprisa pero se le entiende perfectamente.

Cuando montamos en el taxi, silencio absoluto. Lo observo fijamente y me parece un mechero normal.

Cuando llego a la oficina, la cara de Mariana es la de siempre. Estoy confundido, no sé qué pasó ayer pero sí sé que ella no me va a dar pistas.

―Vamos, a trabajar. Y que no te vea yo juguetear con tus cosas nuevas. No en la oficina, al menos.
Dejo el mechero en mi mesa. A ratos siento cómo sus ojos me observan, y que se muerde la lengua para no llamar la atención.

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Reto ELdE 2017 #10: La vuelta al trabajo


Haz una historia con un protagonista que evoque tu niñez.

Después de terminar las vacaciones en el hospital, odio tener que levantarme para ir a trabajar, pero saco las fuerzas de donde no las tengo, me pongo la corbata y salgo de casa una hora antes de lo habitual. No sé cuánto tiempo estará mi coche en el taller ni si saldrá vivo de allí y no me hace gracia coger el bus, pero hace mucho que decidí utilizar mi supervelocidad solo en casos de emergencia.

desk

Llego tarde. Miranda, la gran Miranda, se me acerca y me pregunta si estoy bien. Es raro porque ella nunca se preocupa por nadie, así que le pregunto yo de vuelta:

―¿Y tú? ¿Qué tal estás tú?

Contesta con su respuesta predeterminada, aunque esta vez no parece oler a mentira:

―Bien, yo siempre bien ―sonríe ligeramente como siempre para dar por zanjada la conversación.

Miranda es bajita y fea y no habla más de lo necesario. Nunca se mete en política ni opina sobre los demás, pero siempre que tiene algo que decir lo hace sin rodeos. Quizás por eso a la gente no le cae demasiado bien.

Parece una jefa muy dura pero yo sé que no lo es. Si alguien necesita su ayuda, es la primera en acudir. Perder el tiempo no entra en sus planes, aunque el tiempo que le sobra lo dedique a nada.

Las vacaciones parecen haberle sentado bien, pero ahora hay que centrarse en lo que toca:

―Vamos, mira tus correos, pero deprisita, que hoy tenemos tres reuniones programadas.

Me asombra la velocidad de pensamiento de esta mujer. A veces, tratar de seguir el ritmo de sus ideas es agotador, pero llevarle la contraria o preguntar no es opción. Así que durante las reuniones asiento con la cabeza y luego le pido sus informes, que para mí más bien son resúmenes.

Me siento a comer con ella, los demás la han dejado sola como siempre. Normalmente, la conversación es un monólogo en el que ella habla y habla sobre sus cosas. No preguntar es su norma, si quieres contarle algo no pidas permiso. Pero hoy respira, me mira a los ojos y pregunta, en tono amable y como esperando respuesta:

―¿Qué tal tus vacaciones?

No estoy preparado para contestar. Me da miedo. Más bien diría que me intimida. Hace mucho que la conozco y ella nunca ha traspasado esa barrera que le protege (o eso cree ella) del resto del mundo.

Es la primera vez en su vida que me aguanta la mirada. Ahora que me fijo, tiene unos ojos más bonitos de lo que imaginaba.

Es complicada y poliédrica, me gustaría ayudarla pero no sé cómo porque no sé cuál es su problema. Con cualquier otra persona me bastaría un abrazo, pero ella de eso no gasta. Si me acerco demasiado me muerde fijo.

Así que sonrío, le devuelvo la mirada y le cuento todo lo que puedo contar de mis Navidades. Ella pestañea, diría que está intentando ligar conmigo porque de hecho es lo que está haciendo:

―Esta noche salimos a bebernos el mundo. Solos tú y yo. Y no acepto un “no” por respuesta.

Ninguno de los compañeros que están en la otra mesa se ha dado cuenta. Menos mal, porque se reirían de mí hasta límites insospechados.

Vuelve a su mesa como si no hubiera pasado nada. Vuelve a ser la de siempre.

Pero yo vuelvo a pensar que algo le pasa. Siento demasiada curiosidad, así que le envío un chat:

―A las 8. Pásame a buscar aquí. ―enlace de googlemaps a mi casa.
No sé si le hará gracia venir al culo del mundo a por mí (ahora que lo pienso, ni siquiera sé dónde vive ella), pero este cuerpo tiene su precio y yo echo de menos mi coche.

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Reto EldE 2017 #9: Cena de hospital


Escribe un relato que integre las palabras ‘luz’ y ‘cuadro’ como elementos relevantes del argumento.

Me duele la cabeza aunque estoy bien. No me quieren dar el alta y no sé por qué, quizás debería preocuparme. No me gusta la cara del médico que ha venido a verme.

―Buenos días, señor Rojo, ¿qué tal se encuentra hoy? ―odio que personas más mayores que yo me llamen de usted. Además, la fórmula de cortesía no consigue ocultar las malas noticias.

―Perfectamente, a no ser que usted me diga lo contrario. Vamos, suéltelo ya.

―Pues es que… verá… sus análisis… son… ―Pausa dramática― No sé cómo…

Hace mucho tiempo que no me hago ningún análisis. No los necesito desde que…

El doctor dice que estoy “demasiado bien para mi edad”, y que eso es extremadamente sospechoso. No para mí. Que después del golpe que me di debería tener algunas fracturas, ni que fueran leves. Debería, si fuera una persona normal. Que, algunos restos de alcohol aparte, mi sangre está limpia. Recalca la palabra: “lim-pia.”

―Como si la hubieran lavado con lejía.

―Pues en ese caso, gracias por todo. Buen trabajo ―digo, haciendo ademán de irme.

―No, no lo entiende. Esto no… no es… por si acaso, deberá quedarse esta noche en observación.

Genial. En los hospitales falta sitio y tienen a alguien en perfecto estado de salud ocupando la cama que alguien necesita. Mi compañero de habitación huele a antiácido, no me lo han dicho pero sé que ha tomado más pastillas de las que necesitaba… aunque él no esté de acuerdo.

Tengo por norma no dormir en camas ajenas, y esto no va a ser una excepción. Y más cuando en este hospital las persianas están siempre bajadas y las ventanas cerradas para evitar qué sé yo (bueno, mirando a mi compañero sí lo sé).

La luz se apagará después de la cena, y ya veo cómo la están sirviendo en otras habitaciones, así que tengo poco margen. El Cristo del cuadro que hay en la pared (poco acertado para un lugar como este, la verdad) me está juzgando con la mirada. Más por instinto que por otra cosa me santiguo.

Tengo que salir de aquí corriendo pero paso de llamar la atención del compañero. Aunque bien mirado, en el estado en el que está nadie le creería. Justo en el momento en que me he decidido, la enfermera trae ese asco de cena. Mierda.

hospital

Arroz blanco y soso, medio filetito de pescado demasiado hecho, pan de textura de chicle, verduras indeterminadas y de postre una naranja. El de al lado ni siquiera me mira. ¿Es que no sabe comer sin hacer ese ruido tan molesto?

Ignorando las verduras, me como dos cucharadas de ese arroz que cruje al masticarlo, un mordisco de pescado y media naranja. El pan dan ganas de estamparlo contra el Cristo para que deje de mirarme, pero eso llamaría demasiado la atención, así que lo escondo en un bolsillo.

La enfermera camina por el pasillo demasiado lento y el sonido de sus pasos rebota en mi cerebro. Tac, tac, tac, no tiene prisa, su turno acaba de empezar y le queda mucha noche por delante.

Por fin llega a nuestra habitación y retira las bandejas de la cena, amenazando con volver en diez minutos para tomarnos la temperatura y a dormir.

El compañero pone la tele y se queda alelado viéndola. El Cristo está a lo suyo. En tres, dos, uno estoy de vuelta en mi casa. Justo cuando en esa otra habitación las luces se apagan, las mías se encienden.

Cierro los ojos y veo sus caras de “¿qué ha pasado?”, el caos y el Cristo que se ha montado. Ya daré explicaciones mañana si eso, voy a prepararme una cena en condiciones.

¿Te has perdido algún capítulo de esta historia? ¿Quieres saber hacia dónde va? ¿Te gustaría hacer alguna sugerencia? Todo eso y más en el post original.

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Reto EldE 2017 #8: Moldeable


Usa una escena romántica de una película que sea reconocida y dale un giro sorprendente para cambiar totalmente esa historia.

Mi madre llora, no se cree que esto le esté pasando. He intentado explicarle que no es tan grave, que ahí estoy yo para ayudarle, pero eso aún ha sido peor. Mentirle a una madre está muy feo, eso debería saberlo.

Me quedo con cara de puntos suspensivos. No pienso contarle el resto de mi secreto, y menos con él delante. Después de un silencio incómodo, ella me pide que me vaya, necesita tiempo a solas.

En cuanto me doy la vuelta, ya sé lo que va a hacer. Siempre que mi madre está triste, se pone a hacer jarrones. También cuando está contenta, cuando se enfada mucho o cuando se emociona. (Sí, jarrones, porque la alfarería es su pasión desde que mi padre le compró aquel torno).

Él está de pie. Ella se levanta y se dirige al garaje, donde tiene los cacharros. Allí, se vuelve a sentar, prepara todo, pone esa música, enciende el torno y empieza a moldear el barro. Sí, es moldeable, pero también resquebrajadizo, como la memoria de mi padre.

No se da cuenta de que mi padre la estaba observando desde la puerta hasta que él avanza y le da un beso en el cuello.

Sin palabras, construyen juntos ese jarrón que llenarán con sus recuerdos. Acarician el material y se funden con él en un enorme beso, de esos que hacía mucho que no se daban. Ya no me necesitan.

Una llamada les devuelve a la realidad. Estaba tan concentrado en la escena que me he metido en dirección contraria; no ha sido nada, creo (al menos, podría haber sido mucho peor), pero he perdido la consciencia y el coche y ahora estoy en el hospital.

Mi madre ha agotado todas sus reservas de lágrimas en un solo día. Por más que le repito que todo está bien, no parece creerme.

Cuando me dan el alta y va a por el coche, papá me da las gracias con un beso, a través del cual veo que empieza a haber luz tras el túnel, que las próximas páginas de su vida las escribirá de nuevo con ella.

¿Te has perdido algún capítulo de esta historia? ¿Quieres saber hacia dónde va? ¿Te gustaría hacer alguna sugerencia? Todo eso y más en el post original.

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