¿Quieres ser mi musa? El vuelo de la sirena


Una cita a ciegas en la playa es algo tremendamente absurdo cuando tienes cuarenta años, pero no es cuestión de rechazarla. Sobre todo si no te gusta internet, te sientes solo y los otros métodos tradicionales ya no son una opción.

Ulises llegó cinco minutos antes de la hora, se sentó en la arena sobre la toalla roja y esperó. Ella apareció como de la nada y se puso a su lado, con una mirada a medio camino entre el deseo y la timidez. Como de no saber muy bien lo que hacía allí. Como él.

–¿Eres…?

Parecía misteriosa y etérea, sus curvas de espanto y su mirada que te atraviesa el alma le invitaron a perderse en esos ojos oscuros. Esta vez su amigo Raúl había acertado.

Helena –respondió una voz suave y penetrante.

Ulises, encantado –Quizás sonaba demasiado formal, pero de pronto se sentía encantado de verdad.

Se quedaron en silencio mirando el mar, con esas olas que se mueven aparentemente sin sentido, caprichosas. Ulises no era hombre de muchas palabras, pero hasta a él le parecía una aventura ridículamente traviesa.

Ella se quitó la camiseta, y mientras echaba a andar hacia el mar, empezó a hablar. Le contó muchas cosas. Hablaba de la soledad, de Grecia, de HipHop, de cuadros de Velázquez y de su vida como antropóloga. Mejor dicho, de mil vidas en una. Mil vidas que en realidad no pudo vivir.

Él no podía parar de escuchar la música en su mirada. Se quitó también la camiseta y echó a correr con Helena hacia la orilla, siempre siguiendo la estela de sus caderas.

Dentro del agua, Helena seguía hablando. Ulises escuchaba como nunca había escuchado a nadie, hasta que en un momento las olas se detuvieron. Dos segundos de silencio cubiertos con un beso salado que ninguno de los dos se esperaba. O quizás sí.

Fue un beso intenso como el mar, como sus ojos.

Ulises no lo había hecho nunca allí, mar adentro, y tampoco con alguien a quien acababa de conocer, pero sintió la necesidad de dejar que el agua marcara el compás de ese baile.

Quiso deslizar sus dedos para quitarle la parte de abajo del bikini, pero ella se le había adelantado. No escondía nada bajo el agua más que un surco profundo y misterioso como toda ella. A pesar, o precisamente por, el agua, tenía un delicioso tacto suave, y el hecho de no saber si la humedad y el salitre provenían de ella o del mar aumentaba su erección.

Helena le agarró con fuerza y equilibrio, y tomó el control de su cuerpo y su mente. Ulises se dejó llevar mecido por las olas y por su pelo moreno. Se oyó gritar a sí mismo como nunca antes había gritado, y las ondas del agua propagaron su orgasmo como un eco. Esa sensación de puro placer, con el mar como único espectador y cómplice, era mucho más que éxtasis. Fueron miles de chispas que encienden una llama que perdura.

Después, no supo muy bien lo que sucedió. De pronto, ella metió la cabeza en el agua y el mar borró todo rastro. Helena se esfumó, y con ella su instante de felicidad. La felicidad que sus manos buscan en otras cuando la necesidad impera; la misma felicidad que siente cuando la voz de Helena resuena en su cerebro y no puede evitar volver al mar y desahogarse en él.

Y cada vez que lo hace, cada vez que él vuelve a la playa, ella le mira y le llama para hacerle el amor una vez más y guiar su mente hasta lugares donde solo ella podría llevarla, más allá de lo físico. Más allá de ese cuerpo de mujer con el que siempre soñó y del que solo una vez pudo disfrutar.

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Reto Literup 2018 #3: Cantar y llorar


Con vuestro permiso, he cambiado el orden del reto de Literup, y es que el número tres requiere un tiempo que por ahora no tengo, así que mi tercer reto es en realidad el cuarto, que dice así:

Crea un relato sin adjetivos.

Fácil y asequible. ¿O no? Juzguen ustedes.

Leila cantaba y Pluma lloraba.

Todos admiraban a Leila, la mujer que salió de su mundo de soledad. Una mujer cuya belleza ahora deslumbraba, con una vida de desgracias que narraba en sus canciones cuando en realidad ella no era más que un producto que se vendía a cualquier postor. Un éxito de quien, aparentemente, pasó de no tener nada a tenerlo todo.

Porque en esta historia, al final, no queda claro quién tuvo y quién perdió. O sí, porque quien nada tiene, nada pierde.

Sucede que Leila no era esa Leila. Leila fingía haber vivido la vida de su amiga Pluma, la marginada de verdad. Porque obviamente, nació para que la marginasen. Con ese nombre, para empezar. Con esa cara, para continuar. Y con esa suerte de no haber nacido ni con el dinero ni con las influencias ni con la suerte de la que un día fue su amiga.

Leila era una voz de plástico que destilaba felicidad y contradicción. Mientras Pluma vivía escondida en sombra, Leila contaba y cantaba una soledad que no sentía y Pluma lloraba sus penas y tarareaba en sueños (¿o tal vez pesadillas?)  el alcohol reflejado en su voz, esa voz que corresponde a una vida como la suya.

 

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Reto Literup 2018 #2: Mi peor noche, la tuya


El segundo reto de Literup me lo ha puesto complicado…

¿Recuerdas tu peor noche? Cuéntala desde el final hasta el principio.

Soy una persona extraña, sí, pero no recuerdo ninguna noche mala en mis casi 40 años de vida. No sé si no he tenido ninguna o es que mi memoria borra lo que no le gusta… Ah, espera, sí… Esta es nuestra noche de terror, una de tantas que espero que ya no se repitan nunca más.

Una amiga me dijo hace muy poco que no es malo estar triste, y sí, tiene razón. Por una vez, voy a ponerme un poquitito triste para todos vosotros, pero cuando acabe el relato -o quizás mientras lo escribo- volveré a sonreír, porque la vida, al menos la mía, es chachi. Y espero que la suya, ahora que las noches como esta se han desvanecido, también.

Y ahora, por fin, duermes y respiras tranquilo. Yo no puedo, pero me quedo a tu lado, feliz de tenerte de nuevo y poder abrazarte sin miedo a que te rompas.

-Volvemos a casa. Está bien, de verdad.

La mañana llega por fin. Dicen que el alba se lleva todo lo malo, quizás sea verdad.

Por fuera no me preocupa, menos mal que nadie me ve. Espero. Espero en soledad la llamada, en una falsa calma. Doy vueltas en la cama, me finjo a mí misma durmiendo y espero que todo vaya a mejor, aunque solo la muerte podría ser peor que esto. Tu muerte sería lo peor de mi vida, porque mi vida sin la tuya ya no es nada.

Tu padre coge el coche, te mete en pijama en la parte de atrás y me besa. No hacen falta palabras.

Toda la noche pidiendo más. La cara desfigurada, la boca rota y tu respiración acelerada. No te bastaba tu dosis habitual, necesitabas más y más y más. Y a mí a tu lado, aunque de poco apoyo te sirviera mi miedo. Disfrazado, pero miedo.

Cuando era más joven, viví muchas noches parecidas, la sed de mis amigos que nunca se calmaba resultaba graciosa. Pero es distinto verte a ti, enfermo que quiere estar sano y no al revés. Cada respiración, o más bien cada intento, me ahoga a mí más que a ti. Aguanta un poco más, aguanta, que solo han pasado unos minutos desde el último ventolín.

Tú no podías, y yo, nadadora experta, me inundaba contigo. Por fuera soy fuerte, si lo pienso sé que esta historia tendrá final feliz pero es que ahora mismo no puedo pensar.

Otra tos. Un ligero ahogo. Mis pesadillas empiezan ahí, y a veces me cuesta creer que, como siempre, al amanecer todo pasará.

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Reto Literup 2018 #1: La dura vida de las moscas


¡Arrancamos con el reto de Literup!

El primer reto de este año reza así:

El argumento de tu relato es tu chiste preferido

Yo nunca me acuerdo de los chistes, el único que me ha venido a la cabeza es el que cuenta mi madre que contaba mi padre:

Dos borrachos están en un bar. Uno de ellos ve una mosca, y le saca una a una las alas. La llama y la mosca viene, incluso cuando le queda una sola, la pobre, arrastrándose, cuando la llama viene.

Cuando le saca la última ala y la llama, la mosca no viene.

Conclusión del experimento: Cuando se les sacan todas las alas, las moscas se vuelven sordas.

No tiene mucha gracia, lo sé… Pero ahí va mi breve, brevísimo homenaje a los dos.

‒¡Mosca, ven!

Soy una mosca educada; si me llaman, yo voy. Me pongo encima de su nariz y de pronto…

¡Aaaay! ¡Qué bruto! Pues no me ha arrancado un ala, el tío… Me aparta con un manotazo, y él y su amigo se ríen.

‒¡Mosca, ven!

Seguro que quiere pedirme perdón, así que me acerco renqueando a su nariz, pero en vez de disculparse, me arranca mi otra preciada ala.

Como puedo, aterrizo de emergencia sobre la barra del bar.

‒¡Mosca, ven!

Punto 1: Me llamo Adelaida, imbécil. Punto 2: No picaría de nuevo ni aunque pudiera moverme.

‒¿Lo ves? Te lo había dicho, las moscas sin alas se vuelven sordas.

Gorda lo será tu madre.

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¿Quieres ser mi musa? Gran Vía 31


El año pasado me puse el listón muy alto con el Reto de Literup. Bueno, quizás no tanto, pero la vida no me dio para tanto y no pude terminarlo.

Como compensación, este año lo intento de nuevo. Sí, me uno de nuevo al Reto Literup pero, además, he creado otro reto especial para mí (si te apetece, puedes intentar plagiármelo, por supuesto):

Así pues, a los 52 retos de Literup sumaré otros 12 en la serie ¿Quieres ser mi musa? : Uno por cada mes, uno por cada persona que quiera inspirarlos.

Mis 12 relatos serán todos eróticos y estarán inspirados por 12 personas reales. Y cuando digo “inspirados” no quiero decir que la persona que lo inspiró me ponga, que el relato sea verídico ni que me incluya entre los protagonistas, que quede claro. Cada persona inspira a su manera, unos se parecerán más a sus personajes que otros y algunos estarán marcados por fetiches, lugares o pequeños detalles.

Ahí va el primer relato de la serie. Disfutadlo si podéis tanto como yo.

Eli se arregló una vez más la corbata en el ascensor. Perfecta y recta.

Isa entró diez segundos más tarde, y por no esperar subió a pie los nueve pisos, los escalones de dos en dos, con la agilidad que le caracterizaba.

Buenos días, Irene. Dos minutos tarde –fue el saludo de su jefe, al que se encontró en la puerta.

En ese caso, aún me sobra tiempo para un café contestó ella, mientras sacaba la moneda desafiante, aunque en cuanto él avanzó por el pasillo la guardó en el bolsillo.

Se sentaron en sus mesas, uno frente al otro, los dos al lado de la ventana. “Si no fuera por las vistas, hace tiempo que me habría ido de esta puta mierda de oficina”.

El teléfono no paraba de sonar, pero se oía mucho más el clic regular del bolígrafo en las manos de Eli.

Los clientes no daban tregua, así que Isa cogió la chaqueta y se levantó sin pedir permiso.

¿A dónde vas?

A mear, si no te importa.

Compartir baño con otras oficinas es un asco, sobre todo en invierno. Isa salió de su oficina, el rellano estaba húmedo y frío pero no le quedaba otra.

Una vez dentro, se bajó los pantalones y sintió la taza congelada en la parte de atrás de los muslos. Por qué no mearía sin apoyarse, como hacen muchas.

Al principio no se oía bien, pero según el chorro iba aflojando escuchó claramente los gritos. Alguien en el baño de al lado se lo estaba pasando muy bien. Una chica gruñía, se la imaginó arañando la espalda a su pareja mientras se apretaban fuerte contra la pared. La misma pared en la que estaba ella del otro lado, con los pantalones bajados.

No pudo evitarlo. Cerró los ojos y se metió el meñique en la boca, moviendo la lengua en círculos. Y mientras lo hacía, tampoco pudo evitar ver a su jefe, y al imaginar que podría entrar en cualquier momento deslizó la mano por su propio cuerpo hasta llegar al punto que otros habían conquistado antes, aunque para ella era la primera vez.

Primero, un dedo tímido, apenas rozando la entrada. Poco a poco descubrió que le gustaba sentir su propia humedad bien dentro, y que podía usar toda la mano. Cerró de nuevo los ojos y se dejó llevar con la imagen de su jefe, al que soñaba de pie desnudo ante ella, y sin darse cuenta hacía incluso más ruido que quienquiera que estuviese al otro lado.

Por suerte, o quizás no, ya no había nadie que la escuchara. El rellano, además de húmedo y frío, estaba vacío.

Cuando entró de nuevo en su oficina, él le abrió la puerta.

¿Estás bien?

Sí, ¿por? contestó, en un intento de disimular que, en parte por culpa de él, estaba mejor que bien.

Entonces se dio cuenta: había estado tanto rato en el baño que había perdido la noción del tiempo, y todos se habían marchado a casa. Todos menos él.

Me tenías preocupado. Te he llamado pero tu móvil ha sonado en la mesa. -Era la primera vez que hablaba con tono amable.

Se limitó a darle las gracias y fue a por el bolso. Cuando iba a salir por la puerta, él se había sacado un café.

Venga, te invito. Esta mañana no te ha dado tiempo de tomarte el de las diez.

Sí, gracias.

Iba a coger el café para tomárselo mientras bajaba las escaleras, pero en vez de eso salió con él a la terraza.

Nunca había salido tan tarde a la terraza, y las vistas eran increíbles. Se sentaron en el suelo, más cerca que de costumbre, y se quedaron hipnotizados con la puesta de sol.

Todos los días a esta hora, me gusta sentarme aquí a contemplar Madrid. Se está muy tranquilo disfrutando del silencio, sin dejar que el barullo de ahí abajo te contamine.

Así, sin corbata, el jefe parecía otra persona. Mejor dicho, parecía una persona. Alguien vulnerable.

Si quieres te dejo solo…

No. La respuesta fue rotunda e inesperada, pero Isa la agradeció.

Se miraron y todo sucedió en un instante. Él la llamó por su nombre, “Isa”, ella apenas le tocó la cara como sin querer. Hubo un relámpago bajo el cielo donde empezaban a salir tímidas las estrellas, el vestido de Isa cayó al suelo de la terraza y Eli no se preocupó de doblarlo. Solo se acercó todavía más a ella, se puso de rodillas y le quitó el poco frío que tenía cabalgándola salvajemente, con el ritmo y la respiración descontrolados, casi sin darle tiempo a que le quitase los pantalones.

Isa se tumbó sobre el suelo y le arañaba la espalda para notar aún más cada embestida. Gritó, aulló y jadeó fuerte, intentaba alargar el momento pero sucedió antes de lo que ella esperaba.

Tendida boca arriba sobre el suelo, arqueó la espalda en un acto reflejo. Él tampoco se contuvo, apenas le dio tiempo de salir de ella antes de dejar chorreando todo el suelo de la terraza.

Abajo, la ciudad seguía latiendo, ajena y a la vez cómplice. Isa recogió el vestido y cuando se lo puso, él estaba de nuevo perfectamente arreglado y con corbata.

Guárdame el secreto, ¿vale?

Desde esa tarde, nada parece haber cambiado. Él la sigue llamando Irene, y ella le critica y le lanza miradas de odio delante de todos. Pero a veces, cuando nadie más mira, él se quita la corbata, ella se encierra en el baño y el tiempo se detiene ahí abajo, en la Gran Vía.

 

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1-O: Ya me callo


Para terminar este viaje, me voy a callar. He vuelto a mi vida fuera de este caos y espero de todo corazón que haya una solución pronto a este conflicto.

Pero hoy quiero dar voz a los demás, que son parte de mi vida aunque no piensen como yo (aunque no es difícil pensar distinto a una persona que no piensa).

Ahí van mis minientrevistas y sus opiniones:

L. C. S., no votó

¿Por qué no votaste?
No suelo ir a votar porque no suelo estar de acuerdo con ningun partido cuando hay elecciones. Partiendo de esa base, no estaba de acuerdo ni con el sí ni con el no; la otra opción hubiera sido votar nulo, pero es que además no me parecía que la votación fuese legal. Además de eso, estaba toda la presión social de amigos y vecinos contrarios a la independencia junto con el miedo que esas personas me provocaron a causa de los medios de comunicación estatales.

Sin embargo, sí salí a la calle y en un momento quise votar, pero no lo hice porque no me pareció muy fiable eso del censo electoral universal.

Por lo que veo, no estás ni a favor ni en contra, pero, ¿qué aspectos positivos le ves a la independencia, y cuáles negativos?
No lo sé. No soy economista, no soy política ni vidente, pero sí que puedo ver algo: Que gracias a los medios de comunicación, a la visión negativa externa, la bolsa y el mundo empresarial se han visto muy afectados a causa del miedo provocado. Además, Rajoy facilitó que los bancos como el Sabadell cambiaran de sede para conseguir que volvieran a subir. Esto perjudica a Catalunya porque el resto de empresas seguirán el ejemplo. Me da la sensación de que no les conviene por intereses económicos que haya independencia. Positivo de momento no veo nada, solo el impacto negativo de todo esto.

Si el gobierno hubiera permitido que se votara de manera legal, tal vez la sensación sería mucho más positiva y no se habría creado toda esta oleada de miedo.

C., votó NO

Independencia, ¿sí o no?
Pregunta difícil de contestar. Yo como charnega que soy amo a España y a Cataluña. Pero no me gusta el gobierno español actual y en las elecciones no pudimos cambiarlo. Puestos a que me roben prefiero que lo hagan solo los catalanes y no catalanes y gobierno central a la vez. De todas maneras no creo que sea buena la independencia para ninguno de los dos. Yo voté que no.

¿A quién beneficia(ría) la independencia?
Pues seguramente a nadie. Tanto Cataluña como España perderían poder adquisitivo y seguiría habiendo corrupción. A los políticos sí les interesa pero creo que al pueblo no.

Camy, votó SÍ

¿Por qué independencia?
¿Independencia?, sí. Tengo más de doce años de residir en España, he estado viviendo en Cádiz, Granada y, por último, en Catalunya. Como foráneo ya venía con prejuicios de fábrica sobre los españoles, los cuales cambiaron conociendo la cultura y el territorio de primera mano, pero a la vez se crearon otros, en este caso sobre los catalanes, no los expondré para no extenderme en mi justificación. En fin, me asenté en Catalunya y llevo unos ocho años de vivir aquí, eso me ha permitido ver que aquellos prejuicios eran iguales a los que tenía hacia los españoles y, eventualmente, desaparecieron. Catalunya es rica culturalmente, socialmente madura, con unas tradiciones, lengua e historia bien definidas. Catalunya necesita recorrer su camino sola, escribir sus propias páginas y no que otro se las escriba. La independencia le permitirá a la sociedad catalana derrotar sus fantasmas, como lo intenta América latina.

¿A quién beneficia(ría)?
A corto plazo, a ninguno… si nos vamos a temas económicos y políticos, es innegable que habrá caída de la bolsa, fuga de bancos y multinacionales, pero como en todo, unos se irán y otros vendrán. No sería la primera región que se independiza, hay ejemplos que poco a poco han salido a flote. Como ya pasó, el estado español se opuso a la independencia de Kosovo en 2008, cosa que no es de extrañar ya que en casa tiene un problema parecido; reconocer Kosovo es reconocer Catalunya. Y, aun así, Kosovo no ha desaparecido. En definitiva, el inmovilismo territorial choca con los cambios sociales del XXI, creo que a la corona aún no se le pasa la resaca de haber perdido las colonias. A nivel político, pues, falta de reconocimiento, sanciones y una larga lista de etcétera por los dos bandos. Pero, si Europa es sensata y ha aprendido del pasado, tarde o temprano, reconocerán Catalunya. Pero, esto la sociedad catalana lo sabe, ya sea por romanticismo, historia o búsqueda de identidad… muchos están dispuestos a aceptar el riesgo. La tierra es de quien la hace y la siente suya y, de eso los catalanes saben mucho. Para ellos, la tierra vale más que sanciones y reprimendas políticas, su autorreconocimiento como pueblo no tiene precio.

Lena, no votó

¿Por qué no votaste?
No, no voté. Pero no porque no quisiera, sino porque las leyes españolas impiden a los ciudadanos con otras nacionalidades hacerlo. Así que, dado que todavía debemos cumplir con esas leyes, no me dejaron votar. Por cierto, aclaro que era imposible votar más de una vez, todos los DNI eran comprobados. En los momentos en los que no funcionaba el sistema informático (cosa que no es culpa del Govern) sí que se introducían los datos de manera manual. Pero luego se comprobaba que todo fuera correcto.

Independencia, ¿sí o no?
Independencia sí. Independencia sí por varias razones, aunque si se lograra un estado federal con más autogobierno para cada una de sus partes también estaría de acuerdo. Antes de nada, quiero que quede claro que no tengo nada en contra del pueblo español, hay que recordar que si España es plural Catalunya también lo es. Yo misma soy un ejemplo ya que ni mi madre ni mi padre nacieron aquí. Dicho esto, Catalunya independiente primero porque históricamente lo debe ser, me explico: Este país ha estado mucho más tiempo separado del resto de España que formando parte de ella, de modo que tiene una cultura propia. La segunda razón es que el gobierno nos trata de una forma muy injusta. Sí, es verdad que estamos acostumbrados: Carlos III, Felipe V, Franco… pero la broma ya cansa. En cuanto al tema económico: hay que ser solidarios, sí, en eso estoy de acuerdo, pero lo que es impensable es que haya que hacer muchos más recortes aquí que en el resto de España. Compartir es bueno, pero no a costa de empobrecerte tú, que tampoco tienes la culpa. La solidaridad empieza en casa. Tercera razón, la represión, es la razón más importante para mí. No entiendo cómo es posible que se haya aprobado por ejemplo la LOMCE y la reforma del sistema educativo, que cada vez es más precario. ¿Y que no nos dejen expresarnos? Por favor, prohibir un referéndum va más allá de la perversidad. ¿Negar la realidad? ¿Seguir una política de desinformación? ¿Fomentar el odio hacia los catalanes? ¿Manipular la prensa? No señores, por ahí no paso, si a ustedes les va bien me parece perfecto, pero para mí es inadmisible. Y la guinda del pastel, los actuales gobernantes… Corrupción hay en todas partes, pero es mucho más fácil luchar contra ella en un lugar más pequeño, en el que espero poder elegir a mis representantes, cosa que ahora no puedo hacer.

¿A quién beneficia?
¿A quién beneficia? ¿Y a quién beneficia ser Francés o Finlandés? Ni beneficia ni perjudica a nadie. Lo que sí que es cierto es que tal y como están las cosas hoy en día quizás es mejor probar algo diferente.

Dione, catalana residente en Valencia

Mójate: Independencia, ¿sí o no?
No. Creo en la unión de los pueblos, tengo lazos de amistad y familia por todo el territorio español y veo todo lo que tenemos en común como una ventaja y las diferencias enriquecedoras. De hecho salí de Catalunya buscando esas diferencias que hay en la península.

¿A quién beneficia(ría) la independencia?
En primera instancia a los políticos actuales catalanes, como Mas, Pujol y otros en a sombra que les vendría bien para tener “el perdón” por haber estado tergiversando dinero.
Luego a la parte del pueblo catalán que ansía la independencia, calmarían ese deseo… Pero seguro que después aparecerían otros deseos por alcanzar.
No tengo clara idea de que beneficie económicamente en ningún aspecto a los catalanes: salir de la EU, aclarar quien acaba de pagar la deuda, las pensiones, etc. Simplemente creo que es una cuestión de sentimentos y fe en un estado mejor si se gestiona separado de Europa. Me faltarían datos.

 

Estos puntos de vista de gente de mi entorno, y muchos más que no cito para no extenderme, para mí demuestran que la cuestión catalana es un hecho complejo. Pero lo más importante es que la sociedad ha sabido convivir hasta ahora con esta diversidad, y no veo por qué no puede seguir haciéndolo. Personalmente creo que desde fuera es difícil ver la dimensión del asunto, cuando a veces ni siquiera desde dentro se ve.

Espero, de todos modos, que mi pueblo tenga el seny necesario para resolver una situación que es de todo menos fácil.

Y ya termino, no sin antes dar las gracias a todos los que han respondido a mis (no tan fáciles) preguntas. ¡Gracias, de verdad, por vuestras reflexiones!

 

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Desde mi trinchera a tu búnker


Tengo miedo. Tengo miedo y estoy cabreada, así que es el mejor momento para escribir ese post que nunca hubiera querido y nunca volveré a escribir.

Lo de ayer fue terrible. Todo lo bueno que vi el domingo se está convirtiendo en algo que ni siquiera sé cómo calificar.

Esta huelga patrocinada por el gobierno ya poco tiene que ver con el derecho a decidir. Una huelga que, además, estaba planeada dede hace semanas, eso lo sabíamos hasta en Madrid. Qué bien les ha venido la brutalidad policial como excusa para decir que Catalunya está unida: Ahora el enemigo es ese “otro”, el de fuera, no la lucha interna y eterna entre un país (región, nación, llámenlo como quieran). Porque aunque iba de eso, las banderas de España abrazaban a las de Catalunya en las fotos. Qué bonito queda.

Cerrar colegios en días lectivos por motivos políticos, eso en mi pueblo (que es este, por cierto) se llama adoctrinamiento. ¿Dónde está ahora el derecho a decidir? Una huelga de obligado seguimiento es una falta más de respeto a la democracia que nos han querido vender.

Los telediarios mienten. No os creáis a los telediarios “de fuera”, los únicos que dicen la verdad son los “de aquí”. Porque todo lo “de allí” es malo y es fascista, da igual que seas policía, periodista o cualquier otra cosa, yo lo sé muy bien.

(Paréntesis: Sí, los medios manipulan, pero lo hacen todos. Es que la información sin opinión es muy sosa y no vende. También hay quien opina más de lo que informa y sin saber de lo que habla, pero no me voy a detener en ese tema.)

Mi tierra me da miedo y vergüenza en estos momentos. Sobre todo, porque ya no sé si esta es mi tierra, cuando alguna gente ya no me considera digna de ella. Quedeu-vos-la, tota per vosaltres, jo lluitaré per ella des de la llunyania.

Y luego, el Rey. Ese rey que ya no nos representa, si es que en algún momento nos ha representado, que llega tarde y mal. Carta abierta a esa persona:

Querido Felipe, (te juré fidelidad a mi pesar, así que me he ganado el derecho a tutearte),

Te lo digo con todo mi cariño: Así NO.

Has tenido dos días para preparar tu discurso, y aun así no podías haberlo hecho peor. Ya sabes que soy experta en discursos, y el tuyo ha sido, por decirlo de manera suave, chapucero y fuera de lugar. Como sé que a ti no te da vergüenza, en nombre de millones de españoles y catalanes pido disculpas por ti.

Tuviste un lapsus, quiero creer. Cuando dijiste “Unidad”, querías decir “Pluralidad”; son palabras muy parecidas, después de todo. No te has enterado de que lo de “Una, Grande y Libre” hace mucho que no representa a este país. De que Catalunya no tiene (toda) la culpa.

La voz no te tembló, pero las manos te traicionaron. Aunque imagino que eran gestos calculados; una vez más, tú podías haberlo hecho mejor. Tenías el deber de hacerlo mejor, que para eso eres un señor rey.

No pidas ese diálogo en el que no crees, facilítalo. Sal de tu búnker y vente aquí, a mi trinchera, siéntate con una buena copa de vino y habla. Pero, sobre todo, escucha lo que el pueblo tiene que decirte, a poder ser en catalán, que sé que lo dominas bien. Que no te va a gustar, pero…

Te dirijiste a los españoles que están tras esa frontera cada vez menos imaginaria, cuando los que te necesitan ahora mismo son esos españoles del otro lado (por ahora lo siguen siendo aunque no quieran) a los que das la espalda. Les está bien empleado por no querer ser tus súbditos. Catalunya es un grano en tu real culo, y para ti es más fácil decir al resto de españoles que la culpa la tienen ellos. Tus otros.

Te lo vuelvo a decir: ASÍ NO. No hiciste más que aumentar la llama por aquí. En cuanto tu discurso acabó, que lo sepas, las cazuelas de las diez se adelantaron casi una hora, al grito de “Esta cazuela te la metes por el culo”. Te pitarían los oídos, pero bueno, tampoco creo que les hicieras mucho caso. Tienes temas más importantes que tratar. Ahí en tu palacio estás seguro, y lejos de la realidad, mientras tus policías hacen el trabajo sucio. Ya mañana les darás alguna medalla si eso (en serio, no hace falta que lo hagas).

Sin más, me despido confiando en que todavía haya lugar para el diálogo entre unos y otros. Creo que todavía estamos a tiempo si hay voluntad. Decidid vosotros si solo soy una ingenua.

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1-O: Lo que he visto y lo que no he visto


Ayer fue un día intenso. Sé que mucha gente no se atrevió ni a salir a la calle, pero yo sí lo hice. Me di varios paseos, porque al fin y al cabo es lo que más me gusta hacer cuando vengo a la que todavía es mi casa, y esto es todo lo que vi:

  • Lluvia. Paraguas chocando entre sí.
  • En mi antiguo colegio, gente. Mucha gente y a todas horas. No soy buena con las cifras, pero apuesto a que quinientas personas o más habría cada vez que pasé por ahí. Gente que iba a votar, a manifestar en paz sus creencias o simplemente a curiosear como yo.
  • Helicópteros sobrevolando mi ciudad, furgonetas policiales que iban y venían y alguna ambulancia.
  • Dos Mossos en la esquina observando tranquilamente a la gente sin hacer absolutamente nada más que estar ahí de pie (no voy a valorar si eso es bueno o malo, me da igual).
  • Mi antiguo instituto vacío, aunque cuando pasé por allí la primera vez eran como las diez y media. Sí había un señor en la puerta que, totalmente en calma, decía que habían venido a las ocho y media a llevarse las urnas por la fuerza, pero que se podía ejercer el derecho a voto en un colegio dos calles más abajo.
  • El colegio que el señor indicó llenito también de gente, por fuera y por dentro, en un ambiente de calma y fiesta.
  • Un grupo de personas de derechas que bajaban por el Paseo de Gracia con banderas españolas al grito de “Viva España”. También estos se manifestaban de forma pacífica, todo hay que decirlo.
  • La Plaza Catalunya con una enorme pantalla que mostraba imágenes en directo de TV3 mientras se oía a gente lanzar toda clase de improperios contra el gobierno central.
  • La Rambla Catalunya y mi barrio en general llenos de turistas, como cualquier domingo normal.
  • A un tal señor Rajoy diciendo, por la tele y desde Madrid, que aquí no ha pasado nada. Es usted un ignorante, pero no de los que no sabe nada, sino de los que ignoran a los que según usted son parte de su pueblo. Es mejor y más barato enviar a gente que haga el trabajo sucio y mirar a otro lado que dialogar. Así nos va,
  • A un tal señor Puigdemont diciendo, desde algún lugar oficial, que Catalunya se ha ganado el derecho a ser una república independiente. Qué miedo me da eso, huele a que aquí se acabó la libertad.
  • Manipulación. Mucha. De ambos lados.
  • La foto de una misma señora compartida mil veces por redes sociales. Que no digo que no estuviera herida; lo siento por ella, de verdad. Pero no me gustan las imágenes sin contexto, prefiero las de lo que vi yo aunque no sean demasiado buenas:

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Estoy orgullosa de eso: Gente que cree en algo (qué envidia) y es capaz de defender esas creencias sin molestar al resto, con paz y con tranquilidad, a pesar del mal tiempo y con una sonrisa en la cara.

Y ahora lo que no vi.

  • No, no vi violencia. No quiero decir con esto que no la haya habido, quiero decir que yo no la vi, y me alegro por ello.
  • Ahora que lo pienso, no vi ni un solo policía nacional, y tampoco agentes de la Guardia Civil.
  • No vi un proceso justo, democrático ni legal.
  • No vi disculpas ni humildad por parte de dos políticos.

La voluntad de diálogo y conviviencia no sirve para nada cuando no se traslada de las calles a los despachos. Me parece una pena y un insulto al pueblo y a la democracia por los dos bandos. Sobre todo para los que no pertenecemos a ninguno de ellos.

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Diario de una madricatalana parte dos: Esparando el día D


Esto es la estación de Atocha. Uno de mis lugares preferidos y sorprendentes de la ciudad de Madrid. Mi tren sale en un par de horas, y aquí parece un sábado más.

No tengo fotos, pero llegar hasta aquí para mí ha sido una experiencia desagradable. Yo, que odio las banderas (bueno, a excepción de la Union Jack, pero es que esa es muy cuqui), he atravesado toda una ciudad infestada de balcones abanderados. Dicen que ha habido una gran manifestación por la unidad de España en Cibeles. La misma imagen que seguro veré mañana. Los mismos colores, cuatro barras en vez de dos. El mismo perro con distinto collar. La misma fe ciega de la manada que sigue a su líder.

Pero aquí, en Atocha, reina una extraña, turística y apolítica calma. Aunque cada vez que paso por aquí no puedo evitar pensar en aquel mes de marzo en el que la política española en general, y cierto partido en particular, se derrumbó casi tanto como hoy, tan presa entonces como hoy de sus propias mentiras y de su nefasta capacidad de diálogo, comunicación, escucha y empatía.

Que no es comparable, lo sé. Aquí no va a morir nadie porque aquí no somos terroristas (no es sarcasmo, lo digo en serio).

Tres horas y pico después, esta es la estación de Sants:

 

Aquí también todo parece normal. Mucho bullicio, pero nada fuera de lo habitual en un sábado noche.

Cuando llegamos al centro, nada hace presagiar la que se nos viene encima, quizás una ligera escasez de turistas y el hecho de que haya luz en el que un día fue mi colegio un sábado sobre las 9 de la noche. (El colegio que hay dos calles más allá, las Escolapias, sí está cerrado y precintado).

Dentro del colegio, voces de niños. No me atrevo a entrar, así que no sé cuántos. Por fuera, padres, madres y abuelos preparan la que imagino será una noche muy larga.

Ya en casa, durante la cena, a las diez (puntual como un reloj, dice mi madre), suenan las cazuelas. Mis hijos se unen a la fiesta con sendos almireces. En los dos extremos del piso se vive con alegría este momento.

Salgo al balcón, y de un microbús aparcado justo delante de casa veo bajar a varias chicas ataviadas con gorras de policía y silbatos. Menudo día y menudo tema para hacer una despedida de soltera, pienso.

Ambiente festivo. Nada fuera de lo normal un sábado noche.

Sobre las tres pasa el camión de la basura y me despierta. También como todos los sábados por la noche. Por cierto, señora Colau, si me está leyendo utilice su poder para que no pasen a estas horas, o al menos no hagan tanto ruido.

Ahora son las seis de la mañana del día D y llueve. Pero eso tampoco es culpa del referendum, la lluvia la traemos al parecer los que venimos de Madrid. Igual también influye un poco que en Barcelona todos los años llueva por estas fechas, no sé.

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Mi versión


Os voy a contar mi versión de esta historia.

Nací y crecí en Barcelona. Mitad de mi vida allí, la otra mitad en Madrid. Solo por eso, en un lado me llaman fascista y en el otro independentista de mierda. Y no soy ni una cosa ni la otra, ya ves.

En “mi” ciudad, tengo familia y gente de los dos bandos. Recuerdo que en el instituto una vez me preguntaron si me sentía catalana o española. Con catorce años me negué a escoger. Taché las dos opciones, y alguien escribió a lápiz “rebelde” en mi test.

Catalunya se escribe así, con NY, en español. Hacerlo con ñ no es políticamente correcto. Pero Huesca y Zaragoza, en catalán, se llaman Osca y Saragossa. Perdón, Terol també existeix.

Dicen por aquí que allí adoctrinan. Dicen por allí que eso es falso.

“España nos roba”

“Barcelona sería la capital de España si no fuera porque Madrid está en el centro (geográfico)”

“Aquí tenemos la suerte de ser bilingües…” (tras los puntos suspensivos, un millón de situaciones tras las que se esconde una defensa del monolingüismo catalán). Situaciones que os podría contar en mil posts dedicados exclusivamente a ello. Y quizás lo haga.

La otra cara de la moneda:

“Estos catalanes, siempre pidiendo.”

“Madrid ha acogido históricamente a todos los nobles y Reyes de este país, es justo que sea la capital del reino.”

“¿Por qué te empeñas siempre en usar tu “dialecto”?” (sí, tal cual, en pleno siglo XXI). De esto también puedo hablar largo y tendido. Bueno, creo que alguna vez ya lo hice, si mal no recuerdo.

Hay mucho más. Y como estas, seguro que tú también has vivido muchas situaciones de esas que solo se ven cuando uno está en el bando equivocado.

Por supuesto, en mi día a día también hay situaciones de tolerancia y respeto. Hay catalanes que aman y respetan a(l resto de) España y hay españoles fuera de Catalunya que la aman y respetan, y por suerte en los dos casos son una mayoría, aunque nadie lo tenga en cuenta. Aunque nos quieran hacer creer lo contrario.

Mis amigos catalanes dicen que los medios “del estado” nos manipulan a los que no estamos allí. Que todo lo que dicen es falso, que allí no está pasando nada. Llevo una semana alternando TV3 con Antena 3 y el telediario “oficial” de la primera y no os quiero ni contar las burradas que he oído por las dos partes.

(paréntesis: ayer en la Puerta del Sol había casi más policías casi que turistas. No, no a todos los hemos enviado para allá)

Así que paso de que me lo cuenten. Hoy mismo me cojo un AVE a Barcelona y os lo contaré yo a vosotros. En primera persona, desde los dos bandos.

Porque soy catalana y española. O, más bien, ciudadana del mundo. Porque yo también quisiera decidir y ni unos ni otros me dejan, al forzarme a tomar partido o hacerlo ellos por mí.

Y, ante todo, porque mi vida está para escribirla, no para leerla.

 

 

 

 

 

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