Vive!


Tú te preguntas qué tiene de malo, por qué siempre te repiten la misma historia. Por qué siempre te dan la brasa y te explican lo mismo, si la teoría ya la sabes: El alcohol es peligroso. Sabes la teoría pero sigues practicando porque esas cosas nunca te van a pasar a ti. Te voy a contar mi historia, y espero que tú como yo puedas contarla a otros… lástima que a algunos de los que fueron mis mejores amigos les llegue tarde. Me da igual que la creas o no; pero es tan real como que ahora mismo estoy aquí.
Yo tenía 15 años cuando empecé a beber. Al principio no tenía motivos, sólo por probar. Como cualquier otra droga. Una copa no le hace mal a nadie, eso es cierto. Lo malo es empezar un sábado cualquiera y darte cuenta de que es viernes y llevas una semana copa tras copa en la mano, y ni siquiera sabes que tienes un problema.
En el barrio me llamaban la esponja; todos mis amigos querían batirme pero a la tercera copa todos estaban bien borrachos y yo ni siquiera había empezado. No existía el botellón pero se había inventado mucho antes: Una botella llena hasta los topes de licor 43 con un toque de cocacola, cuatro amigas y un paseo hasta el Port Olímpic rulándola. Cuando no, te escondías entre los coches con una botella de licor de melocotón por cabeza dentro de tu abrigo o te metías en un portal. Y como la droga no parecía hacer efecto, lo mismo semana tras semana, día tras día. La excusa era que me gustaba el sabor.
Por supuesto que entre mis colegas y amigos rulaba algo más que el alcohol, pero yo jamás probé otra cosa. Me bastaba ver la cara de J. cada vez que tenía una crisis o cuando le internaban para saber que esas cosas son malas. Pero yo, yo bebía una mierda exactamente igual, aunque lo mío no era malo, lo mío era legal y con eso bastaba para convencerme. Yo creí que controlaba, cuando la realidad es que el alcohol me controlaba a mí. Yo creí que era divertido hasta que ya no hubo más amigos, hasta que hice cosas que según yo no hice y ofendí a quien no merecía que le ofendieran sin saber lo que hacía.
Diecisiete años y desterrada de mi lugar favorito. Mis amigos, que ya no eran tan amigos, sugirieron que no volviera por allí con un par de puños cruzados en mi cara, prometiendo más si me volvía a acercar a ellos. Nunca sabré qué dije o hice porque todo lo que recuerdo de aquella noche está borroso, y lo que me cuentan me cuesta de creer. Sólo recuerdo mi imagen sentada llorando en el lavabo de la discoteca dos horas seguidas. Nadie salió en mi defensa. Hubo quien a solas me comprendió pero guardó silencio ante los demás, no fuera que mi mierda le salpicara a él.
Mi padre notó mi aliento pero como siempre no dijo nada. Simplemente le dije llorando que no quería volver jamás allí y él ni siquiera se extrañó. No pidió explicaciones, aunque se ofreció por una vez para escucharlas si yo quería dárselas.
Lloré amargamente por los amigos perdidos durante semanas, pero más lloré por verme obligada a perder a mi más grande compañero de fiestas hasta que me di cuenta de que no le necesitaba. En mi mundo de discotecas y desfases, la gracia seguía estando en aguantar pedo hasta el cierre, vomitar después y a dormirla y al día siguiente no recordar nada. Yo te digo que aguantaba más que esa gente y al día siguiente me quedaba el recuerdo nítido de una noche de auténtica fiesta. (Gracias, lukesito, por esos momentos). Amigos tenía pocos, colegas muchos pero no me importaba. También sé que alguno de los que dejé atrás ya no vive para contarlo por saltarse el control de alcoholemia.
Ahora que tengo diez años más, gente de mi edad se comporta como yo entonces y malgasta su vida y su salud en nebulosas. Adultos. Lo siento, no puedo evitar sentir pena por ellos. Si supieran que el alcohol no les va a hacer felices, y que no lo necesitan para ligar ni para relacionarse aunque ellos piensen lo contrario…
Me da igual no haberte convencido aunque espero haberlo hecho. Con ayudar a alguien, a una sola persona, a salir de este mundo, que se puede, tengo bastante. Sé que la mayoría de gente lo hace por sus amigos y quisiera hacerles entender a través de mi historia que la amistad como viene se va y no vale la pena arriesgar tu vida.
También sé que hay gente que no bebe pero acompaña a los que lo hacen, como mi amiga Cris hacía con nosotros. Eso está bien, pero me pregunto por qué no les enseñan a sus amigos que hay otra manera de divertirse más allá. Bueno, tal vez, como nosotros por aquel entonces, los demás no les crean.
Gracias por leerme. Gracias por pensar en ello. Si necesitas ayuda, pídela. Hay más gente como tú que en su interior sabe que hay otro mundo. Sólo nos queda descubrirlo, y es más fácil de lo que parece. Como todo en la vida.
No te compliques. Cada gota de alcohol menos es una gota de vida más. Pásalo.
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2 respuestas a Vive!

  1. Carlos dijo:

    Hola, q tal?Yo tampoco sé quien eres, pero tu blog es mucho mejor que el mio, sobre todo esta entrada y la de antonio, sigue así, que estas haciendo un espacio magnifico.
    1 abrazo, y ya iré pasando para ver que tal…
    1 saludo,
    Carlos

  2. vanja d. dijo:

    hola adriana,
    solo un mensajito para dejarte saber que he estado aqui y para saludarte!
    keep up the good work!
    yo de momento estoy de vacaciones en croacia.
    Besos!!
    Vanja

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