Hace 17 años – 17 Jahre bevor


Hoy es el día. Desde hace un mes estoy esperando que llegue el día de hoy para confirmar lo que me temía: ya nadie se acuerda de esta fecha. Aún pongo el telediario, tengo la esperanza de que me lo mencionen, entre simos, 500 años de violín (no dudo que son muchos años y merecen un espacio) muñecas de todos los años cuyos zapatos nuevos las hacen aparecer como novedad en el mercado, encuestas que demuestran lo que ya sabemos y deportes (básicamente, fútbol y tenis). Como suponía, nada de nada.
Señores, hace 17 años fue una fecha histórica para Europa y el mundo en general: Una pared, símbolo de la opresión de muchos pueblos y generaciones, rompió en pedazos gracias a la gente que hacía tiempo que luchaba por ello. Y con el Muro, también cayeron las desgracias de muchas personas que desde ese momento empezaron a vivir con un poco más de libertad.
En ese momento, sí había hueco para mi Berlín en los telediaros. Yo tenía 11 años, y lo veía como una mancha nublosa, confundida, sin saber bien de qué iba al asunto, pero sí que ese momento iba a marcar nuestras vidas para siempre.
Cinco años después, el muro caído seguía existiendo. Se vendían en las calles adyacentes a precio de oro trozos "auténticos" de la desgracia que los turistas comprábamos como recuerdo. Aún recuerdo las palabras de Brigitte, mi anfitriona del Oeste ("los ricos"), una chica de quince años como los tenía yo, pidiéndome que bajara la cabeza cuando el metro se detenía en una estación del Este; el miedo en su cara cuando visitábamos uno de esos barrios; el tener que admitir que ese chico de su clase, con el que jamás había cruzado una palabra, era buena gente "a pesar de…"
Lo recuerdo y me entristece que esto exista sólo en mi propio recuerdo, que el cuento de que "la Historia hay que recordarla para aprender a no repetir errores" (que yo por cierto nunca me tragué) sólo sirve para entristecer almas como la mía y no está al servicio de la audiencia, que ya el Muro no importa a nadie porque ya no existe… más que en nuestras cabezas, en miles de lugares del mundo.
Se necesita que pasen tres años, para que sean 20, y entonces todo el mundo hable de algo de lo que ya nadie se acuerda. Berlín, mi Berlín, por suerte o desgracia nos queda tan lejos…
 
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