La libertad del Patito Feo


Yo nací fea. Pero no me compadezcas, que tú tampoco venías maquillad@ de serie. Somos feos por naturaleza. Y qué.

El problema es que, probablemente como tú, crecí en un mundo de Superpop, Nuevo Vale, Mujer21 y todas esas revistas que a los 14 te enseñaban cómo maquillarte para esconder tus defectos y a soñar con un príncipe azul que viniera a rescatarte, ni que fuera por una noche, y a los 30 cómo ahogar tus penas y tu frustración en spas, dietas abusivas y prendas caras.

Seguro que conocéis a qué época me refiero: mujeres florero supuestamente emancipadas y hombres macho que aún se negaban a ser metrosexuales o a salir del armario, un submundo de chicas populares y niños malos en el instituto. Tribus urbanas, gente que iba de uniforme para diferenciarse de la otra gente. Cualquier cosa que no entrara dentro de los estereotipos sencillamente no existía.

Y ahí estaba yo. Gorda y fea a los 8 años, más gorda y más fea a los 12. Un diamante envuelto en una bolsa de basura; los demás sólo veían el envoltorio y yo sólo la joya.

Recuerdo perfectamente ese día, con diez años o así, cuando le pregunté a mi madre: “Mamá, ¿yo soy fea?” Cualquier madre en el lugar de la mía hubiera respondido algo así como: “Hija mía, para todas las madres los hijos son guapos”. Pero no, la mía no, porque mi madre sabe que mentir a un hijo está muy feo, si me permiten la expresión.
Su respuesta quedó grabada en mi mente para siempre: “Tú… eres… inteligente.”

Y así funcionó mi vida. Yo era inteligente. Los demás eran tontos, que no se esforzaban por ver más allá. Y yo era fea y estaba orgullosa de serlo porque era inteligente.

Cambié de ambición. El patito feo ya nunca más quiso convertirse en cisne. Dejé de querer ser prostituta (aquellas señoras que hacían lo que socialmente era aceptado y encima les pagaban) y de envidiar la vida de Estefanía de Mónaco para admirarme a mí misma y a mi fealdad.

Como un transexual es un hombre en un cuerpo de mujer o al revés, y una anoréxica una gorda con cuerpo esquelético, yo era una mujer bella atrapada en un cuerpo de fea.

Si la gente me miraba por fea, yo sonreía. Escogí el camino fácil; la presión social me daba fuerza, y cuanto más me decían “deberías arreglarte” más largo crecía el vello en mis piernas. Mi ropa mal combinada y hortera ese año resultaba ser lo más in el año siguiente. Preguntaba a mis amigas cuál era la razón de depilarse las cejas durante horas, una parte de tu cara en la que nadie se fija, y la de un sinfín de rituales absurdos más, y la respuesta siempre era la misma: “razones de higiene”.

-¿La misma higiene que llevó a los nazis a rapar el pelo de sus prisioneros?
-No, no, ésos es que estaban locos, hombre.
-Ah, claro.
-Pero bueno, tú pruébalo y verás como te sientes mejor.
-No creo que pueda sentirme mejor, gracias.
-Bueno, pero te aseguro que por lo menos los demás sí te verán mejor.
-Ah, claro.

No quiero que me vean mejor, quiero que me miren bien. Ser guapo debería ser una opción, no una imposición. Una opción respetable, por cierto, que tengo amigas muy bellas, por dentro y por fuera, de las que me siento superorgullosa.

“la sonrisa es la más bella de las bellezas, así que si te gustó este post, sonríe, que vale la pena.”

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2 respuestas a La libertad del Patito Feo

  1. Yo dijo:

    Por desgracia, la diferencia entre la epoca a la que te refieres y la actual no creo que sea mucha, estoy seguro de que la lista de cosas “que hay que hacer” y la “que no hay que hacer” siguen existiendo, aunque los contenidos tal vez hayan cambiado.

    Es estupendo el dia en el que te das cuenta de que esa gente que te dice como tienes que vestirte, como debes peinarte y como debes comportarte lo unico que tiene es miedo a sentirse solo y necesitan pertenecer a un grupo en el que se sienten seguros, y cuando tu no sigues “sus reglas” solo se sienten incomodos porque no saben como reaccionar ante el hecho de que exista alguna persona que no quiera “seguir las reglas”. Es en ese momento en el que realmente te sientes fuerte, porque tu no necesitas pertenecer a ningun grupo, tu te necesitas a ti mismo, y para ello solo tienes que ser fiel a lo que piensas y sientes.

    Con el tiempo encontraras a otros como tu, que entenderan que “seguir las normas” solo por el hecho de que es lo que hace todo el mundo, no es la manera en la os gusta vivir. Esas son las personas que cuando te aconsejen si te pones esos pantalones, te diran que te quedan bien, o mal dependiendo de como realmente te queden, y no de si se llevan los pantalones de lunares o no. Y en el momento en el que te queden mal, te lo diran directamente y tu sabras que ellos te ven como tu te ves, como eres realmente, con lo bueno y lo malo, feo o guapo, alto o bajo…

  2. Pingback: Reto 52 semanas, 52 relatos #51: No me llames Príncipe | El boli rojo

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