Ojos de baquelita


“Historias de metro” son esos relatos breves que escribo para aprovechar los 50 minutos de trayecto que me acompañan cada día. El inicio de estas historias y sus personajes son gente real, gente curiosa a la que la suceden cosas curiosas. Si me ves sentada con mi ordenador escribiendo, ten cuidado: Podría estar escribiendo algo sobre ti. Dónde empieza la ficción y termina la realidad, eso es algo que tendrás que decidir tú mism@. Y si quieres que escriba algo sobre ti, deja tu mensaje y cuéntame por qué crees que mereces un sitio en esta sección.

-Qué ojos más bonitos tienes… parecen de baquelita.
Él le acaricia la mejilla.
-Adiós, cariño. No le cuentes a tu marido lo nuestro.

Se dan un beso ladeado, el tren se para y él se baja, dejándola sola con sus pensamientos.
“No le cuentes a tu marido lo nuestro”. La frase retumba en su cabeza. Si él supiera…

Alfonso nunca se había fijado en sus ojos de baquelita. Tampoco le habría llamado “cariño” jamás, y menos en público. Y ahora, después de una noche de pasión que nunca hubiera soñado soñar, siente que el mundo tal como lo conocía se ha esfumado.

Aparte de su gran vida de mentiras, no tenía secretos para su marido ni quería tenerlos, eso su subordinado lo sabía bien. Salva la conocía mejor que ella misma; lo suficiente para saber que traicionaría a su propia traición, pero no le importaba. Después de todo, sólo era uno más de los peones.

Una aventura y nada más, si es que una aventura que se fija en el negro de tus ojos puede seguir siendo una aventura. Su deseo de venganza se diluía en la palabra “ba-que-li-ta”, aun sin saber muy bien qué significaba.

El orgullo de su marido, una mujer con clase, un sombra tras de él en su vida personal y laboral, una secretaria que por la tarde continuaba sus labores, no era para nada lo que ella esperaba de la vida.

Si lo hacía, si lo contaba, todo se desvanecería en el aire. Salva pretendía ser el primer paso para demostrar quién llevaba los pantalones, porque un hombre como Alfonso se sentiría tan herido que la dejaría para siempre. Y eso era lo que quería ella justamente, que la echara del trabajo y de su vida. Fundar su propia empresa con la información y los empleados que un día fueron de él y que ella se había ganado a pulso.

Pero si lo hacía, si lo contaba, probablemente ya no habría más ojos de baquelita, más “cariño” ni más sexo furtivo a medianoche.

La indecisión terminará donde empiece su decisión, justo al bajar del metro y entrar en el portal.

En la lucha por el poder, siempre gana quien menos tiene que perder.

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Una respuesta a Ojos de baquelita

  1. corvus dijo:

    Me encanta la ultima frase…

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