El fracaso del café con leche


Querida Anita, este post va por ti. Porque la gente como tú sois la motivación de mi pequeño proyecto de vida, te doy las gracias. Por si no lo sabes, necesitas ayuda.

En cierta ocasión os hablé del éxito de la comunicación, en este post voy a centrarme en justamente de lo contrario, la otra cara de la moneda. Y como ejemplo, querida Ana, y a modo de disculpa por habernos metido tanto contigo, voy a analizar tu ya famoso “Madrid is fun”. Ya nos hemos reído demasiado de ti; ahora toca ponerse serios.

Por si no lo leíste, la otra vez decía que para que la comunicación tenga éxito el emisor tiene que conseguir una determinada respuesta por parte del receptor. En tu caso, claramente el fracaso ha sido estrepitoso, y nos ha costado unas Olimpiadas (¡bendita seas!). Quiero pensar que todo ha sido porque no has querido gastarte el dinero de los contribuyentes en caros asesores y mucho menos en clases de inglés, y una vez más te felicito en nombre de todos mis conciudadanos.

Si creíste que podías hacerlo tú sola, te equivocaste. Si, por el contrario, resulta que sí has tenido asesoramiento, mi consejo es que despidas a quien haya contribuido al desastre. Total, un par más de españoles a la cola del paro a quién le importan, y éstos francamente lo merecen.

Ahora, argumento así un poco por encima las razones de tu fracaso:

Supongamos que todo era intencionado, que tu cochambroso inglés, la gesticulación, la mirada de loca y el contenido de tu discurso estaban planeados. Mal:

1. Tu interpretación en plan “amigo cateto” no hace gracia en entornos serios. Para el Club de la Comedia estará genial, pero cuando tu público es ni más ni menos que el COI no es la mejor opción. Especialmente, en un entorno internacional, donde el chiste es que ni se entiende.

2. A tu discurso le faltaba mucha sobriedad, necesaria si quieres que te tomen en serio. A las olimpiadas se va a competir, no a pasarlo bien ni a tomar café con leche, que además ni siquiera tiene proteínas.

3. Como ya dije en este otro post, las interlenguas no siempre son la mejor opción. En este caso, con tantos millones gastados en traductores e intérpretes, no hacía falta que te pusieras en evidencia. No es una vergüenza no saber inglés, sí lo es hablarlo así delante de todo el mundo.

4. No por mucho vocalizar se entiende mejor el discurso. Especialmente, cuando la pronunciación y la entonación son… erróneas, por decirlo suavemente.

5. En todo discurso que se precie, y más con un auditorio tan amplio, hay que cuidar el lenguaje no verbal casi más que el verbal. Alguien tendría que haberte explicado esto antes de salir a escena para que no te pusieras ese horrible collar y ese vestido tan llamativo como tu expresión facial.

6. Una de las cosas más importantes: tu público. Estabas tan centrada en tu discurso, Anita, que no se te ocurrió pensar en a quién iba dirigido. Y si no tienes en cuenta a tu público, tienes un 99 por 100 de posibilidades de fallar en el enfoque, sobre todo si quien te está escuchando pertenece a una cultura distinta de la tuya.

Espera, se me ocurre que tal vez es que nos engañaste a todos. Quizás ya sospechabas que esto iba a suceder, y tu discurso estaba dirigido a nosotros, los españoles, para que ya que todo estaba perdido por lo menos nos riéramos un rato todos juntos, olvidando el dineral que la broma nos ha costado. En ese caso, te lo tengo que decir, has estado co-jo-nu-da. Bien es verdad que algunos, además, con el merchandising vendido a tu costa y los artículos escritos sobre el tema hasta han salido un poco de esta maldita crisis.

En ese caso, has cumplido con las tres reglas básicas del discurso, que diría el amigo Cicerón: nos has enseñado que no siempre ganas aunque te sobren ganas, nos has convencido de que el marketing no es tu fuerte y, por supuesto, nos has divertido.

Sea como sea, Ana, tu discurso no lo olvidaremos. Sí podremos por un momento olvidar los problemas que tenemos, el desastre de vuestro gobierno en temas como Sanidad o Educación mientras nos tomamos ese café con leche con alegría a tu salud porque Madrid… iiiis… fuuuuun. Pero, por favor te lo pido, no lo vuelvas a intentar. La segunda vez (digo, tercera) tal vez ya no tenga gracia.

…y si se te ocurriera preparar otro discurso de esta magnitud, por favor, esta vez ponte en manos de profesionales. Búscame y te hago un presupuesto sin compromiso.

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