Sí, yo también sucumbí al señor Grey. O no?


Había oído hablar demasiado sobre este fenómeno literario, con opiniones para todos los gustos. Tanto que, a pesar de la aversión que siento a los libros de más de 200 páginas (con honrosas excepciones), me decidí a leerlo. Hay que conocer al enemigo, después de todo.

Tengo que decir que al principio la cosa prometía. Una historia narrada en primera persona y en presente suele ser una apuesta arriesgada porque exige una velocidad de acción muy concreta, y en los primeros capítulos esa tensión se reflejaba perfectamente. Bien por la señora James (y por el traductor).

En general, la novela es cierto que engancha. Como todo el mundo sabe, la que suscribe es fan de los hombres bien formados, y Grey no iba a ser una excepción. Las voces críticas con la novela que hablaban de ofensa contra las mujeres creo que no entendieron el toque irónico/sarcástico que domina la obra, donde la protagonista no es más que una caricatura de sí misma, que en todo momento está por encima de su supuesto amo.

El gancho del libro es su alto contenido erótico. Varias personas me advirtieron que tuviera cuidado con dónde leía el libro, que ciertas escenas podían hacer subir tu temperatura corporal más grados de los que se pueden admitir en lugares públicos. Y, hasta cierto punto, admito que tenían razón. Digo hasta cierto punto porque, para mi bien o mi desgracia, he vivido situaciones digamos literarias mil veces más comprometidas con mis propias obras, ahí lo dejo.

cincuenta-sombras-de-grey

Y a pesar de toda esa tensión sexual, o precisamente por ella, el libro resulta, al menos para mi gusto, demasiado aburrido. Nunca creí que diría esto, pero al libro le sobra sexo, y llega a ser cansino, monótono y aburrido. La autora se centra tanto en las escenas picantes que se olvida del resto de la trama, haciendo que la historia se desinfle. Las comparaciones en este caso son absurdas, pero al igual que mi admirado Umberto Eco dedicó 4 páginas seguidas de su Nombre de la Rosa exclusivamente a nombres de pájaros, la autora de 50 Sombras dedica más páginas de las necesarias a escenas que al final te resultan repetitivas, que no aportan nada a la historia.Vamos, podrías saltártelas y no te perderías nada.

La alarma social que creó el rollo sadomaso del libro es asimismo desmesurada. Se banaliza sobre un tema que desde luego daría para mucho más, y convierte en ñoño un estilo de vida que resulta mucho más excitante y profundo para los que conocen ese mundo. Porno light para aficionados, ni más ni menos. Pero claro, si las escenas hubieran sido más fuertes no hubieran vendido tanto.

Por último, considero que E. J. James será una estrella del marketing pero necesita una buena formación en cuanto a teoría literaria. Sí, la obra está bien escrita, pero escribir bien no lo es todo cuando tienes una trama cojonuda a la que no sacas partido. Se centra tanto, pero tanto, en los detalles de las escenas de sexo, que se olvida de resolver los ejes fundamentales de la trama, y al final del libro el lector se siente decepcionado.

Vale, ya sé que es una trilogía y que la historia no acaba en realidad hasta que te terminas el tercer libro. Pero, por muy abierto que sea el final de un libro, es imprescindible que sea justamente eso, un final, y que la trama principal y las subtramas queden de algún modo solucionadas. En estos casos, aunque la historia continúe, cada parte debe ser independiente, de manera que el lector tenga la libertad de escoger entre imaginar su propio final o continuar leyendo.

Pongo un par de ejemplos:

¿Qué pasa con el resto de personajes de la novela? A mitad del libro han desaparecido, si no van a tener un papel relevante es mejor no darles tanta importancia al principio y mostrar solo unas pinceladas mínimas, dejando el resto para las posteriores entregas. Todos los señuelos (relación de Kate con Elliot, la madre de Ana y sus parejas, el papel de José,…)  habría que moverlos a la segunda parte, si es que tienen relevancia en ella. Mencionar sí, dejar a medias no. Por poner una comparación, el único personaje secundario que en ese sentido a mi juicio está bien tratado sería el de Taylor. Sin embargo, el detalle de mencionar tan escuetamente a José y su exposición al final resulta muy muy cutre. Suena como si la autora se hubiera olvidado por completo de él, y de pronto decidiera recuperarlo, supongo que con la intención de darle más peso en la segunda parte. Desacertado.

El trauma de Cristian Grey. No puedes tener al lector durante casi 500 páginas dando vueltas sobre algo tan importante y al final obviarlo. No es necesario que se sepa exactamente qué, cuándo y por qué le pasó al final de la primera parte, que obviamente para eso están las otras dos, pero por ejemplo sí deberías aclarar alguna de las dudas del lector. Por ejemplo, hubiera bastado con un breve encuentro entre la señora Robinson y Anastasia en las últimas páginas, o una explicación breve de por qué Christian no se deja tocar.

El tema del contrato. Nada que decir sobre este punto, quien haya leído la historia se dará cuenta de que al principio se le da una importancia que al final queda sobre papel mojado, nunca mejor dicho.

Ahora, después de todo lo dicho, sólo tengo una alternativa, y es leer las otras dos partes. Y lo voy a hacer, consciente de que llenar de paja una buena historia y contar en mil quinientas páginas lo que se podría contar en trescientas es una buena manera de vender más, pero también de estropearlo todo.

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en General. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s