Reto 52 semanas, 52 relatos #4: La última copa


Seguimos con el reto de El Libro del Escritor. La cuarta entrega reza así:

4.Escribe un relato que tenga lugar durante tu estación favorita del año y que esta tenga importancia en el desarrollo de la trama.

¿Cómo se me ha ocurrido una historia así? Pues no tengo ni idea. Me encanta el otoño, de hecho para mí está lleno de cosas positivas. A lo mejor es que todo lo que me venía a la cabeza era demasiado ñoño y podía dañar mi imagen, quién sabe.

El verano ha terminado. Menos mal.

Sí, quizás suene extraño, pero pertenezco a ese pequeño sector de la población que odia el verano. Lo que para otros son vacaciones, para mi es una horrible tortura que no termina hasta que cae la primera hoja y el viento te golpea en la cara. Como cuando despiertas de una pesadilla bruscamente, exactamente igual.

Cuando todo ese sueño termina, cadáveres arrastrándose. Eso es lo que sois. Después de meses desperdiciados al sol, ahora toca ponerse a trabajar. Pobrecitos, miraos. Dais pena.

Por eso es el mejor momento para poner fin. En verano les habéis aguantado más que el resto del año, habéis compartido miradas de odio, y ahora estáis aquí, ante mí, intentando convenceros de que una vida nueva es posible. De que esta vez sí cumpliréis los buenos propósitos; se acabó la cervecita y las terrazas, la comida basura, el trasnochar y el estar tirado viendo la tele. Y quizás tengan razón, quizás es el momento de pasar más tiempo con vuestras mujeres y menos conmigo.

No os engañéis, que en realidad no queréis dejar de ser los mismos de siempre. Los tristes que cada noche buscan algo que nunca encontrarán, es ley de vida. Los que dentro de un par de horas volverán a casa oliendo como una estrella caída.

Os devuelvo la poca dignidad que os queda. Vamos, bebed. Bebed a mi salud, por todas esas vidas que yo no he vivido. Por las vacaciones en Nueva York, por los recuerdos de los besos en la arena y por esos hijos que yo no tengo. Por el amor, por el sexo, por todas esas cosas que ya no importan.

Tengo vuestras vidas, no necesito una propia. Me basta con que, cuando llegue el frío otoño, sigáis ahí, en vuestros tristes taburetes, viendo la vida pasar a través de mis ojos. Esos ojos que cada verano se cierran y se encierran en casa, mientras vosotros estáis tan felices que ni siquiera me necesitáis.

Bebed, bebed y acompañadme en esta maldita soledad. Cuando lleguéis a casa, disfrutad del calor que yo no tengo.

Bebed como si fuera vuestra última noche, celebrad sin saberlo la mía. Dicen que el otoño es la época del año con la menor tasa de suicidios, qué sabrán ellos.

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