Reto 52 semanas, 52 relatos #21: La vida en posición horizontal


Llevo un poco de retraso con el reto  de El Libro del Escritor, pero la falta de inspiración y una mala racha no son excusas para abandonar, así que aquí sigo.

21. Empieza una historia con: “Pero ese no era el final”. Haz un flashbacky explica cómo ha(n) llegado hasta ese punto y el verdadero final.

Escribí una historia hace años. La guardé en un diskette, incluso la traduje al neerlandés. Ahora he decidido desenpolvarla, pero como no encuentro la versión original, voy a reescribirla de nuevo. Aunque solo los personajes y la situación son los mismos.

…Pero ese no era el final previsto.

Me llamo Eric y creo que me voy a morir. O eso creo, si es que no estoy muerto ya.

A mi alrededor, murmullo de gente llorando por mí, supongo. Se acercan demasiado a mi cabeza, hablan en tercera persona como si yo no estuviera aquí. Pero estoy. Estoy y punto.

Estoy yo y esas máquinas que hacen que siga estando aquí. Está mi padre, mi hermana Lola, a veces también mis compañeros de trabajo y mis amigos. Y siempre a mi lado, día y noche, Maica.

Mira, Eric, yo no… yo… lo siento mucho, de verdad.

Guarda esas lágrimas, no te hacen favor. Sé que fuiste tú quien me trajo aquí. Tú no lo sabes, pero aparte de vista y oído tengo recuerdos.

Sé que tú ibas en el coche el que me atropelló. Vi tu cara en el asiento del copiloto momentos antes de caer al suelo y despertar, aunque tú me creas dormido, aquí. Y esa cara reflejaba odio, no culpa. Tú sabías perfectamente que yo pasaría por allí justo a esa hora, como parte de todas esas cosas que uno llega a saber tras nueve años de relación.

Y él. Ahora lo entiendo todo. No sé cómo se llama, pero ese tío estaba tan cerca de ti como ahora mismo. No te cortes, bésale. Cógele de la mano abiertamente. O haz lo que quieras con él, ya no hace falta disimular. Yo estoy… pero no estoy.

He visto el cambio en tu expresión cuando mi padre se ha ido y Juan-sin-nombre le ha sustituido. El dolor por el odio. La sed de venganza frustrada en vuestras caras. Los susurros.

¿Qué hacemos con esto?

No te preocupes, amor. No durará mucho. En unos días seremos libres, ya lo verás. Tal como se ha quedado, no creo que sobreviva al coma.

Pero… ¿y si…?

Un coche robado, encontrado horas después del accidente. Su dueño, un hombre que supuestamente tenía razones para matarme, supuestamente se dio a la fuga, pero lo encontraron y lo condenaron sin más. Un caso de esos que se cierran solos.

Una pasión descontrolada. Él te quería para él solo, y no bastaban las palabras y las promesas para quitarme de enmedio. Te conozco lo suficiente para saber que tú no quieres esto. No, no voy a convertirte en cómplice. Te quiero, después de todo.

Abrir los ojos. Despertar. Caras felices a mi alrededor.

Una ruptura, seguramente provocada por el trauma. El verdadero culpable entre rejas, y tú y yo libres para volar solos. Sin rencores. Ese es el final, o quizás el principio, de mi vida.

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