Reto 52 semanas, 52 relatos #40: Después


La dificultad de este reto de reto de El Libro del Escritor ha sido encontrar un libro en el que basarlo…

40. Abre el primer libro que veas por la página 23. Escoge la tercera frase de la página y úsala como la primera oración de tu relato

El libro original no tiene nada que ver con mi relato. ¿O sí? Es un libro que hace años me prestó mi amiga Chris y nunca le devolví (porque soy una despistada, no una caradura). Se trata de Siempre tuyo, de Daniel Glattauer. El que me prestó está en alemán, pero la frase traducida para el inicio de esta historia dice algo como:

Por fin, Judith podía pensar fríamente.

Después de tanto tiempo ahogándose, un poco de aire fresco no le venía mal. La vida se ve mejor desde fuera, sin duda.

Después de todo, no tenía tantos problemas. Un clavo saca a otro clavo, y el último ya estaba tan oxidado y corroído que no había otra opción que tirarlo a la basura, con los ojos cerrados.

Después del baño, con la cara lavada, se miró al espejo. No era tan fea como él decía, no. De hecho, era muy guapa. E inteligente.

Después se maquillaría, aunque no le hacía falta, y saldría a buscar ese nuevo clavo. Solo que esa vez no se haría falsas ilusiones de príncipes azules que duran eternamente. Bastaba con un cuerpo que mantuviera caliente y lleno ese hueco de su cama. Nada más y nada menos. Disfrutar por primera vez en mucho tiempo de alguien y con alguien.

Después, lo que viniera poco importaba. Tampoco si sería malo o bueno, eso son cosas que más vale no prever. Buscar la solución cuando aún no existe el problema no es una buena idea, pero ya no valía la pena amargarse por ello. Nunca más.

Después de mirar el cuerpo sin vida de Tomás, sintió un poquito de pena, pero dos segundos después se dio cuenta de que no le echaría de menos. Probablemente, allá donde hubiera ido, él a ella sí.

Después, cargó el cuerpo en su coche, lo tiró por un barranco y quemó todas sus penas con alcohol. Alcohol de quemar para las de él, alcohol en vaso para las de ella.

Después de la muerte, su vida empezaba sabiendo que para él ya no habría ningún después. Se rio a carcajadas, estaba loca pero sola y en su propia casa, así que podía hacer lo que quisiera. Eso también lo aprendió cuando ya era demasiado tarde para un después.

 

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