Reto 52 semanas, 52 relatos #43: El reloj de las horas perdidas


He escrito y reescrito un montón de veces el final de este reto de El Libro del Escritor, y todavía no me gusta:

43. Escribe una metáfora sobre el primer objeto que veas al apartar tu mirada de la pantalla. Haz un relato que la integre.

En cuanto alcé la cabeza y vi mi tocadiscos (sí, de esos que funcionan con vinilo), pensé automáticamente en mi gran amiga de la adolescencia Carmina. Solo que el relato se me fue de las manos.

Carmina, menudo nombre para una adolescente. Y, sin embargo, era el más adecuado para ella.

Carmina” significa “poemas”, aunque con otro acento. Suena a eterno, a reflexión, a sueños mezclados con la realidad.

Carmina esperaba visita. Se vistió con calma, fue al salón y abrió su reloj de las horas perdidas. Las manecillas estaban ansiosas por marcar el paso del tiempo a través de la esfera negra. Al igual que su corazón, su tic tac vencía a la monotonía a ritmo de blues, de rock o música clásica, según el humor que tuviera. Ese día le invadía la nostalgia, mucho más que nunca. Desenvolvió con cuidado el perfecto embalaje, olisqueó la música en su interior y dejó caer suavemente el disco. Se quedó absorta, hipnotizada en esos surcos del tiempo y en sus pensamientos mientras dejaba que Bach le llevara hasta ese lugar. Un poco más alto. Un poco más, solo un poquito.

La música inundaba la sala y salía por el portal, pero ella apenas la oía. Estaba en otro mundo, en su propio mundo, ahí donde aún no se había inventado el mp3. Ahí donde la era tekno no comenzaría jamás.

Ni siquiera oyó a Eva cuando llamó a la puerta. Por supuesto, Carmina era una de las pocas personas que ni siquiera tenían móvil, así que Eva se armó de paciencia y esperó como siempre a que le abriera la puerta.

Al otro lado, Carmina volaba. Soñaba, reía, jugaba y se veía como una heroína. El timbre se mezclaba con el ritmo de su vida y los compases del disco. Todo gira, todo gira.

Cuatro horas de espera ya son muchas, y el reloj seguía haciendo girar sus agujas sin nadie que lo detuviera. Los vecinos llamaron a la policía.

Carmina estaba tumbada en el suelo, inconsciente a ojos de todos excepto Eva, pero no muerta. Eva sabía que el tiempo corría demasiado deprisa para ella, los demás no podían entenderlo…

[lo que sigue a continuación es mi mierda de final. Se admiten sugerencias y alternativas]

A los padres de Carmina, Eva les llamó desde el hospital. Estaba completamente sana, más que quienes le llevaron hasta ahí sin el consentimiento de sus padres, que a punto estuvieron de perder su custodia. Porque, ¿dónde están los padres de una chica de catorce que ni siquiera tiene móvil?

Quizás, como ella, perdidos en el tiempo y en la música. O en el trabajo y el silencio, quién sabe.

 

 

 

 

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