Reto 52 semanas, 52 relatos #48: La Ruta


No podía faltar uno de mis tópicos favoritos en este reto de El Libro del Escritor:

48. Escribe un relato sobre un personaje que lleva más de una semana sin dormir.

Seguro que a más de uno le suena esto. Aunque yo nunca llegue a estar allí, a veces también me invade esa nostalgia. Esa locura de cultura que solo nosotros entendemos, mientras los demás nos tachan de incultos.

Y allí estaba él, bailando sobre el capó de su coche en mitad de la nada.

—¿Qué haces, tronco?

—¿Pues no lo ves? Este es el mejor fiestón de mi puta vida.

—Anda, vámonos pa casa.

—No me seas aguafiestas, nen. ¡En qué te has quedado?

—Tira, tira, que hasta Barna tenemos un buen cacho.

Apagué la música y nos quedamos un ratito en un desierto de silencio. Se me hacía raro. De lo que hace veinte años era nuestro último santuario ya no quedaba nada. Nada más que la nave en ruinas, Fran y su memoria loca, alimentada por esa misma mierda de entonces. Sin quererlo, hasta yo mismo me santigüé. Y no lloré porque eso todavía es de chicas, pero si te digo la verdad daba pena.

Le tuve que arrastrar hasta mi coche. El suyo lo dejamos ahí tirado, aunque a él no le hizo mucha gracia, pero es que no estaba en condiciones de conducir.

Fran hablaba y hablaba sin parar. No me habría hecho falta preguntarle qué se había metido, dónde había estado todos esos días ni qué había estado haciendo.

Soledad me llamó el viernes de la semana pasada preocupada. Mi hermano no contestaba al teléfono, que si estaba conmigo.

—No, lo siento.

Le dije que esperara hasta el día siguiente. ¡Inocente! No era la primera vez que se largaba con alguna, así que ni le di importancia. Pero es que a mí tampoco me cogía el móvil.

El sábado ella seguía preocupada y de Fran ni rastro.

—¿Seguro que no sabes…?

Bueno, era sábado, el día favorito de mi hermano. A veces se iba por ahí con la moto a “pensar”. Soledad admitió que era normal, aunque no le gustaba.

—¿Y si le ha pasado algo? ¿Y si me ha dejado?

A Fran nunca le pasa nada, parece mentira que no le conociera. A Fran nunca le pasa nada y siempre le pasa de todo. Y Fran nunca abandona a nadie, más bien se abandona a sí mismo, que lo sé yo.

Mientras ella seguía sentada echándole de menos, Fran botaba en su mundo a más de doscientos kilómetros.

El domingo Soledad me volvió a llamar, esta vez lloraba. ¡Exagerada! Estaba convencida de que su pareja había muerto. De que lo encontraría en cualquier cuneta o cualquier rincón del Tibidabo con tres balas en el pecho.

Fui a su casa. La moto estaba en su sitio, pero el coche había desparecido. Dos más dos suman cuatro.

Se había ido en coche, así que solo había un sitio donde podía estar, y yo era la única persona viva y cuerda que sabía cuál era ese lugar, pero no se lo dije a Soledad. No quería preocuparla, y tampoco joderle la fiesta a mi hermano, así que mentí. Le conté que me había llamado, que le había salido un trabajopara toda la semana y que no le había dado tiempo de llamarla a ella.

Tiré de contactos. Efectivamente, había pasado el viernes a pillar “provisiones” por donde el Mati. Provisiones como para un caballo, si yo también quería me las dejaba a buen precio.

Una última vez”, pensé. “Mi última Ruta. Para siempre.” Y acepté el trato, cogí el coche y me metí la primera. A mí ya nadie me esperaba más que yo.

No era difícil seguirle el rastro. Dos días enteros pasé en mi coche. Le vi en Chocolate, en ACTV, en Spook y en el resto, o más bien en los restos. Le seguí y le observaba a una distancia prudencial y sin entrometerme; cuando él paraba el coche yo me metía una roja, si él avanzaba, yo me metía una verde. Chimo Bayo por dentro, la nada por fuera. Él parecía veinte años más feliz y me daba pena despertarle, a pesar de que ninguno de los dos estaba dormido.

Pero el lunes por la mañana la fiesta se acaba, eso lo sabemos todos. Aunque en la mente de Fran la fiesta nunca termina.

Una última mirada, mi coche lleno de agua para calmar la sed del camino de vuelta. Hicimos La Ruta a la inversa tan de día como las otras veces, solo que en aquellos tiempos ni siquiera la luz del sol te podía hacer ver la carretera ni tu destino.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Entretenimiento, General, Reto ELdE. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Reto 52 semanas, 52 relatos #48: La Ruta

  1. Pingback: 52 semanas, 52 retos | El boli rojo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s