Reto EldE 2017 #2: Y nos dieron las diez…


Describe una escena sensual con una pareja que termina desnuda en la barra de un bar.

La que conduce es Elsa. Puede que haya sido una temeridad pedirle que me lleve a casa si solo le conozco desde hace algunas horas, pero ella al menos está sobria y supongo que estará acostumbrada.

Sí, indudablemente esta noche he bebido demasiado. Lo normal en estas fechas, diría yo.

En cuanto las doce campanadas terminaron, felicité el año nuevo a mi familia y cogí el coche. Había quedado con los de siempre para recibir el año como se merece.

Cuando sonó la canción de Sabina, la miré y el tiempo se paró. Era ella, la protagonista de la historia: Un pueblo con mar, una noche de conciertos y ella reinando detrás de la barra.

―¿Qué vas a tomar, guapo?

―A ti te tomaba yo entera― contesté, quizás demasiado en voz alta.

Ante semejante metedura de pata, ella solo sonrió y miró el reloj. Y así de pronto, la gente ya se había ido y yo seguía tarareando internamente esa ridícula canción.

Solos. Estábamos solos con la luz tenue de ese bar de sótano y el eco de los borrachos en la calle.

―¿Te apetece la última?

Sacó una botella que al parecer guardaba para la ocasión y se puso de rodillas sobre la barra. Me abrió la boca e hizo que el alcohol cayera gota a gota dentro.

Desde la posición en la que estaba, tiró de mi corbata para arrastrarme cerca de ella (lo juro, solo me pongo corbata en fin de año, pero con eso no contaba) y, cuando me tuvo a dos milímetros de su cara, me subió con los dos brazos y pegó su cuerpo al mío sin darme tiempo a reaccionar. Tenía mucha fuerza y yo sabía que estaba mal, pero en ese momento me daba igual.

Debajo de la camisa no llevaba nada, y tampoco debajo de la minifalda, aunque en toda la noche nadie se había dado cuenta. Supongo.

Acariciaba la botella con las dos manos mientras dejaba que el líquido resbalara por su cuerpo. Arriba, abajo, con movimientos hipnóticos. El mejor de los vasos para una bebida tan cara.

Ella, yo, su cuerpo, el mío y la botella rodando entre los dos sin caerse.

No quedó una gota de ron que no formara parte de mi cuerpo por dentro o del suyo por fuera. Sentía cada vibración de su cuerpo como si fuera mía, al compás de una música que no terminaba de sonar.

La luz del sol entraba tímida por las ventanitas del local. Elsa se ha vestido, sin olvidar esta vez su ropa interior, y me ha sonreído como la noche pasada, esa noche que ya queda tan atrás como el año que me llevó hasta ella.

Me sentía un poco mareado después de tanto beber, así que ha tenido que ayudarme a vestirme a mí también.

Entonces le he dicho que me llevara a casa, el gps sabría la dirección. Solo una vez que se ha puesto al volante he sido capaz de preguntarle cómo se llama. A ella ni siquiera le ha extrañado.

El gps dice que en 35 minutos habremos llegado al destino. Es lo malo que tiene vivir tan cercanamente lejos de la civilización. Mi mente empieza a entrar en paranoia, me pregunto si he hecho lo correcto. Si llegaré de verdad y de una pieza a mi casa.

No sabía que era tan tarde. Nos han dado las diez y ahora es ella la que canta, yo no me atrevo a abrir la boca. Quizás sea esta la primera canción del año, pero yo solo espero que no sea la última.

84;0;205;289

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