¿Quieres ser mi musa? Gran Vía 31


El año pasado me puse el listón muy alto con el Reto de Literup. Bueno, quizás no tanto, pero la vida no me dio para tanto y no pude terminarlo.

Como compensación, este año lo intento de nuevo. Sí, me uno de nuevo al Reto Literup pero, además, he creado otro reto especial para mí (si te apetece, puedes intentar plagiármelo, por supuesto):

Así pues, a los 52 retos de Literup sumaré otros 12 en la serie ¿Quieres ser mi musa? : Uno por cada mes, uno por cada persona que quiera inspirarlos.

Mis 12 relatos serán todos eróticos y estarán inspirados por 12 personas reales. Y cuando digo “inspirados” no quiero decir que la persona que lo inspiró me ponga, que el relato sea verídico ni que me incluya entre los protagonistas, que quede claro. Cada persona inspira a su manera, unos se parecerán más a sus personajes que otros y algunos estarán marcados por fetiches, lugares o pequeños detalles.

Ahí va el primer relato de la serie. Disfutadlo si podéis tanto como yo.

Eli se arregló una vez más la corbata en el ascensor. Perfecta y recta.

Isa entró diez segundos más tarde, y por no esperar subió a pie los nueve pisos, los escalones de dos en dos, con la agilidad que le caracterizaba.

Buenos días, Irene. Dos minutos tarde –fue el saludo de su jefe, al que se encontró en la puerta.

En ese caso, aún me sobra tiempo para un café contestó ella, mientras sacaba la moneda desafiante, aunque en cuanto él avanzó por el pasillo la guardó en el bolsillo.

Se sentaron en sus mesas, uno frente al otro, los dos al lado de la ventana. “Si no fuera por las vistas, hace tiempo que me habría ido de esta puta mierda de oficina”.

El teléfono no paraba de sonar, pero se oía mucho más el clic regular del bolígrafo en las manos de Eli.

Los clientes no daban tregua, así que Isa cogió la chaqueta y se levantó sin pedir permiso.

¿A dónde vas?

A mear, si no te importa.

Compartir baño con otras oficinas es un asco, sobre todo en invierno. Isa salió de su oficina, el rellano estaba húmedo y frío pero no le quedaba otra.

Una vez dentro, se bajó los pantalones y sintió la taza congelada en la parte de atrás de los muslos. Por qué no mearía sin apoyarse, como hacen muchas.

Al principio no se oía bien, pero según el chorro iba aflojando escuchó claramente los gritos. Alguien en el baño de al lado se lo estaba pasando muy bien. Una chica gruñía, se la imaginó arañando la espalda a su pareja mientras se apretaban fuerte contra la pared. La misma pared en la que estaba ella del otro lado, con los pantalones bajados.

No pudo evitarlo. Cerró los ojos y se metió el meñique en la boca, moviendo la lengua en círculos. Y mientras lo hacía, tampoco pudo evitar ver a su jefe, y al imaginar que podría entrar en cualquier momento deslizó la mano por su propio cuerpo hasta llegar al punto que otros habían conquistado antes, aunque para ella era la primera vez.

Primero, un dedo tímido, apenas rozando la entrada. Poco a poco descubrió que le gustaba sentir su propia humedad bien dentro, y que podía usar toda la mano. Cerró de nuevo los ojos y se dejó llevar con la imagen de su jefe, al que soñaba de pie desnudo ante ella, y sin darse cuenta hacía incluso más ruido que quienquiera que estuviese al otro lado.

Por suerte, o quizás no, ya no había nadie que la escuchara. El rellano, además de húmedo y frío, estaba vacío.

Cuando entró de nuevo en su oficina, él le abrió la puerta.

¿Estás bien?

Sí, ¿por? contestó, en un intento de disimular que, en parte por culpa de él, estaba mejor que bien.

Entonces se dio cuenta: había estado tanto rato en el baño que había perdido la noción del tiempo, y todos se habían marchado a casa. Todos menos él.

Me tenías preocupado. Te he llamado pero tu móvil ha sonado en la mesa. -Era la primera vez que hablaba con tono amable.

Se limitó a darle las gracias y fue a por el bolso. Cuando iba a salir por la puerta, él se había sacado un café.

Venga, te invito. Esta mañana no te ha dado tiempo de tomarte el de las diez.

Sí, gracias.

Iba a coger el café para tomárselo mientras bajaba las escaleras, pero en vez de eso salió con él a la terraza.

Nunca había salido tan tarde a la terraza, y las vistas eran increíbles. Se sentaron en el suelo, más cerca que de costumbre, y se quedaron hipnotizados con la puesta de sol.

Todos los días a esta hora, me gusta sentarme aquí a contemplar Madrid. Se está muy tranquilo disfrutando del silencio, sin dejar que el barullo de ahí abajo te contamine.

Así, sin corbata, el jefe parecía otra persona. Mejor dicho, parecía una persona. Alguien vulnerable.

Si quieres te dejo solo…

No. La respuesta fue rotunda e inesperada, pero Isa la agradeció.

Se miraron y todo sucedió en un instante. Él la llamó por su nombre, “Isa”, ella apenas le tocó la cara como sin querer. Hubo un relámpago bajo el cielo donde empezaban a salir tímidas las estrellas, el vestido de Isa cayó al suelo de la terraza y Eli no se preocupó de doblarlo. Solo se acercó todavía más a ella, se puso de rodillas y le quitó el poco frío que tenía cabalgándola salvajemente, con el ritmo y la respiración descontrolados, casi sin darle tiempo a que le quitase los pantalones.

Isa se tumbó sobre el suelo y le arañaba la espalda para notar aún más cada embestida. Gritó, aulló y jadeó fuerte, intentaba alargar el momento pero sucedió antes de lo que ella esperaba.

Tendida boca arriba sobre el suelo, arqueó la espalda en un acto reflejo. Él tampoco se contuvo, apenas le dio tiempo de salir de ella antes de dejar chorreando todo el suelo de la terraza.

Abajo, la ciudad seguía latiendo, ajena y a la vez cómplice. Isa recogió el vestido y cuando se lo puso, él estaba de nuevo perfectamente arreglado y con corbata.

Guárdame el secreto, ¿vale?

Desde esa tarde, nada parece haber cambiado. Él la sigue llamando Irene, y ella le critica y le lanza miradas de odio delante de todos. Pero a veces, cuando nadie más mira, él se quita la corbata, ella se encierra en el baño y el tiempo se detiene ahí abajo, en la Gran Vía.

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en ¿Quieres ser mi musa?. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a ¿Quieres ser mi musa? Gran Vía 31

  1. Pingback: ¿Quieres ser mi musa? Marzo: No somos objetos | Soy Lenguaje

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s