Reto Literup 2018 #2: Mi peor noche, la tuya


El segundo reto de Literup me lo ha puesto complicado…

¿Recuerdas tu peor noche? Cuéntala desde el final hasta el principio.

Soy una persona extraña, sí, pero no recuerdo ninguna noche mala en mis casi 40 años de vida. No sé si no he tenido ninguna o es que mi memoria borra lo que no le gusta… Ah, espera, sí… Esta es nuestra noche de terror, una de tantas que espero que ya no se repitan nunca más.

Una amiga me dijo hace muy poco que no es malo estar triste, y sí, tiene razón. Por una vez, voy a ponerme un poquitito triste para todos vosotros, pero cuando acabe el relato -o quizás mientras lo escribo- volveré a sonreír, porque la vida, al menos la mía, es chachi. Y espero que la suya, ahora que las noches como esta se han desvanecido, también.

Y ahora, por fin, duermes y respiras tranquilo. Yo no puedo, pero me quedo a tu lado, feliz de tenerte de nuevo y poder abrazarte sin miedo a que te rompas.

-Volvemos a casa. Está bien, de verdad.

La mañana llega por fin. Dicen que el alba se lleva todo lo malo, quizás sea verdad.

Por fuera no me preocupa, menos mal que nadie me ve. Espero. Espero en soledad la llamada, en una falsa calma. Doy vueltas en la cama, me finjo a mí misma durmiendo y espero que todo vaya a mejor, aunque solo la muerte podría ser peor que esto. Tu muerte sería lo peor de mi vida, porque mi vida sin la tuya ya no es nada.

Tu padre coge el coche, te mete en pijama en la parte de atrás y me besa. No hacen falta palabras.

Toda la noche pidiendo más. La cara desfigurada, la boca rota y tu respiración acelerada. No te bastaba tu dosis habitual, necesitabas más y más y más. Y a mí a tu lado, aunque de poco apoyo te sirviera mi miedo. Disfrazado, pero miedo.

Cuando era más joven, viví muchas noches parecidas, la sed de mis amigos que nunca se calmaba resultaba graciosa. Pero es distinto verte a ti, enfermo que quiere estar sano y no al revés. Cada respiración, o más bien cada intento, me ahoga a mí más que a ti. Aguanta un poco más, aguanta, que solo han pasado unos minutos desde el último ventolín.

Tú no podías, y yo, nadadora experta, me inundaba contigo. Por fuera soy fuerte, si lo pienso sé que esta historia tendrá final feliz pero es que ahora mismo no puedo pensar.

Otra tos. Un ligero ahogo. Mis pesadillas empiezan ahí, y a veces me cuesta creer que, como siempre, al amanecer todo pasará.

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