Reto EldE 2017 #7: En el fondo de un cajón


Da voz a los recuerdos y ofrece una solución en forma de historia para un personaje que pierde la memoria cada día.

Desde aquel fatídico 21 de abril, mi vida volvió a cambiar. Y por desgracia, no fue la única. Porque yo me quedé a solas con mi secreto, pero al menos tenía algo que guardar. Pero aunque no pude evitar la muerte de Máximo jr, frenar el deterioro de Máximo sr. es mi responsabilidad.

Tenía yo apenas catorce años, mi padre más de cuarenta. Hasta ese momento, no me di cuenta de lo mucho que había significado mi hermano también en su vida.

Mis padres lo pasaron mal, por supuesto. Que se muera tu hijo de dieciocho años es un trauma muy duro, y no existe ni una palabra para definir a un padre huérfano de hijo. Al principio el tema me sobrepasó; no tenía yo bastante con lo mío que además me llegaban estímulos de todas partes, y ninguno de ellos agradable.

Decidí meterlo todo en un cajón de mi cerebro. Me prohibí a mí mismo abrazar a nadie, no quería sumar sus sentimientos a los míos. Mi cajón se llenaba y se llenaba y aun así seguía quedando espacio, a la vez que en el suyo sucedía justamente lo contrario.

Pasaron unas semanas y todo parecía haber vuelto a una relativa normalidad. Mi padre estaba sentado en la cocina a las dos de la madrugada; mi madre dormía sin ni siquiera saber que él no estaba a su lado.

―¿Qué haces? ¿No duermes? ―pregunté para romper el hielo.

Me miró y parecía como si no me conociera. Me dio mala espina.

―¿Papá?

Esta vez ni se giró, su mirada seguía clavada en el infinito. Decidí que tenía entrar en su mente, así que toqué despacito, casi más bien solo rozando, su brazo. No sabía si realmente quería saberlo.

Hubo una pequeña chispa que a mí me hizo saltar de la silla; él en cambio ni se inmutó.

Esperaba haber visto mil imágenes de tristeza y dolor, pero a la cabeza de ese hombre literalmente le faltaban pensamientos. Estaba mi madre, yo mismo, su trabajo y una sombra siniestra que ocupaba el lugar de mi hermano. Un enorme agujero negro parecía llevarse poco a poco su vida por dentro.

De pronto, volvió en sí. Consiguió levantarse, miró el reloj y me dijo:

―Es muy tarde. Anda, vámonos a la cama, hijo.

Nunca antes me había llamado hijo. Nunca jamás volvió a llamarme por mi nombre.

Desde ese día, todas las noches hablamos apenas sin hablar. Yo escribo en una libreta lo que él recuerda, y al día siguiente sé lo que ha perdido en 24 horas. Le leo el trozo que faltaba en su memoria y él reacciona (al principio con palabras, luego llorando y más tarde, cuando ya ni lágrimas le quedan, con una ligera mueca que termina por quedarse muda del todo).

También le voy contando todas esas historias que nunca se debieron marchar de su cerebro, y según yo le hablo él reconoce su pasado y el mío, pero cuando me quedo callado, de nuevo las imágenes de su mente se transforman en humo.

De alguna manera he terminado convirtiéndome en su negro. Cada día su memoria pierde un pedazo más, pero se esfuerza por retener lo que le quedaba, por poco que sea, y por las noches me lo cuenta para que yo lo escriba. Al día siguiente lo lee disimuladamente. Lo hace meticulosamente con todo: el trabajo, la familia, los amigos…

Hoy en día ya no consigue recordar nada que no le haya escrito yo, y aun así nadie ha notado nada. Mi padre es un héroe mucho más grande que yo. Sí, yo llevo más de veinte años colándome en su casa todos los días, libreta en mano, cuando casi todos duermen, pero quien de verdad se esfuerza es él. “La muerte antes de que me vean como un enfermo”.

Me acabo de dar cuenta de que he fracasado. Le he fallado a él y a mi hermano.

Anoche no estuve. Anoche no estaba. Anoche, la noche que algunos desean olvidar cuando llega el alba, él no ha tenido la oportunidad de recordarla. A las doce he huido como Cenicienta, y le he sustituido por alcohol y sexo baratos.

―¿Papá? ¿Estás ahí?

Al otro lado del teléfono no se oye más que su respiración y un vacío total. Mi madre llora. No sabe qué le pasa.

Hace unas doce horas estaba bien, igual todavía puedo hacer algo. Es hora de que se lo cuente, antes de que sea demasiado tarde, antes de que el dolor le absorba a ella también.

Cojo mi libreta y me autoinvito a comer en su casa. Después de tantos años, ella también merece un abrazo. Es lo menos que puedo hacer.

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Reto EldE 2017 #6: Presunto suicida


Describe una escena de un relato pensando en una fecha significativa para ti y traslada esas emociones a tus personajes.

Y ahora ella se ha ido y yo he vuelto a casa y de pronto me siento solo. Pero solo de verdad, como aquel 21 de abril.

Da igual que solo haya estado una noche en mi vida, eso ya es mucho para mí en los últimos años. Debería haberme acostumbrado pero no.

No podía contarles a mis padres que me había convertido en un superhéroe o algo parecido cuando ni siquiera yo entendía lo que me estaba pasando. En primer lugar porque, dada la reputación y la tendencia que tenía a inventarme historias, ni me habrían creído ni me habrían hecho caso, y en segundo lugar porque las cosas que percibí los primeros días eran tan desagradables que no quería ni compartirlas ni recordarlas (peleas, reconciliaciones, sentimientos y sensaciones, entre otras cosas).

No obstante, necesitaba alguien en quien confiar, y sabía que él era la persona porque cada vez que le tocaba podía sentir su fe en mí, más fuerte que ninguna otra cosa. Así que decidí hacer de mi hermano mayor mi confidente.

Desde el principio me creyó; sabía que yo no estaba loco, o más bien que a pesar de estarlo le estaba contando la verdad. Por eso compartía con él todo lo que me iba sucediendo y todo lo que pasaba en el mundo a mi alrededor. Él, a cambio, me escuchaba y me aconsejaba. Dejar que se aprovechara de mí para ligar o para averiguar las preguntas de los exámenes era lo menos que podía hacer. Durante años, él fue para mí la mejor de las terapias.

Ojalá hubiera estado allí ese día. Ojalá yo le hubiera prestado la misma atención a él. Ojalá hubiera sabido salvarle.

Volvía de clase cuando lo vi. Le estaba metiendo dieciocho pastillas en la boca (las conté una a una, sí); después le obligó a escribir la nota y desapareció. Corrí todo lo que pude, pero cuando entré en casa la desconocida se había esfumado y él estaba muerto. Me quedé solo ante un presunto suicida, y lo primero que se me ocurrió fue dejar que todo sucediera. Sí, podrá sonar frío, pero decir la verdad, lejos de descubrirme, me habría convertido en mentiroso y sospechoso de por vida, así que volví atrás con mi supervelocidad, llegué a la hora que tenía que llegar y fingí que encontraba el cadáver de manera espontánea y natural.

Cuando mis padres vinieron, me encerré en mi cuarto y lloré. Lloré. En el mundo exterior, el caso se cerró sin preguntas ni investigaciones, mi hermano era un conocido adicto a los tranquilizantes y el final era inevitable.

Esa tristeza es algo con lo que sigo conviviendo. Es difícil explicar algo así con palabras. Pero aún hoy, todos los días pienso en mi hermano, la única persona con la que no me sentía solo.

A esa chica, que hoy en día ya será una mujer, la busco desde entonces sin éxito. Su cara es un recuerdo difícil de olvidar, y sin embargo la veo en el rostro de todas las mujeres que se cruzan en mi vida. Esos mismos rostros que apagan mi soledad por un instante y la vuelven a encender cuando se alejan.

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Reto EldE 2017 #5: Al este de algo


Usa la frase: “En el oeste se encontraban las ciudades de los muertos” para hacer una composición creativa.

Abro los ojos y los vuelvo a abrir. Ella sigue aquí y me acaricia. Anoche me parecía más guapa; pero qué más da, seguro que yo a ella también.

—¿Qué tal la… noche? ¿Has… te has quedado aquí? —pregunto más que nada por empezar la conversación, porque sé perfectamente que ha estado trasteando en mi cocina, aseándose en mi baño y durmiendo en mi sofá.

Anoche la vi desnuda, creo. Supongo que eso le da el derecho a, al menos, quedarse en mi casa hasta que yo me despierte y recupere la capacidad de llevarla desde este culo del mundo a dondequiera que tenga que ir.

—Sí, espero que no te importe. No quería molestar, pero…

—Pues me visto y te llevo a casa. Creo que eso te lo debo.

Me mira y sonríe. Parece más asustada que yo.

—Con que me dejes en el centro vale.

No sé si tocarla. Sí, vale, anoche lo hice, pero eso no cuenta porque estaba borracho y cuando estoy borracho mis poderes se anulan. Estaría feo que la rechazara ahora, después de las horas que ha pasado en mi casa, pero es que si le pongo la mano encima podré leer sus pensamientos, y eso a priori diría que no me va a gustar.

De todos modos, antes de que pueda decidirlo ella se me ha adelantado. Solo con un beso mil imágenes se cruzan en mi mente, mil imágenes que no se corresponden con lo que yo imaginaba. Definitivamente, no tengo delante a una psicópata.

alambrada

Elsa ha estado en un campo de concentración. Era pequeña y no dejaba de fijar la vista en la alambrada.

En el campo, gente sobreviviendo y ella sola. Al norte, frío y montañas. Al sur, niebla densa. En el oeste se encontraban las ciudades de los muertos, olvidados entre los escombros de la guerra. En el este las casas de la gente de ese otro oeste, el de verdad. Los guardianes ricos, poderosos y sanos.

No me decido entre abrazarla o apartarme de ella. Se me ocurre que un día como hoy es ideal para la nostalgia y el sufrimiento, pero no sabría decir si Elsa necesita estar sola o todo lo contrario.

—¿Estás bien?

—Sí, genial —miente.

El recuerdo de sus padres me da dolor de cabeza. Me aparto y me voy a vestir.

Desde el baño la veo llorar, aunque ha aprendido a secar rápidamente las lágrimas y cuando vuelvo a la habitación no hay ni rastro de ellas.

Sé que a pesar del paso de los años no tiene a dónde ir pero en mi casa no puede quedarse, aunque tampoco me lo ha pedido.

Cojo el coche y conduzco. Nadie habla. La dejo en el primer metro del centro.

De vuelta a casa, se me ocurre que al menos podía haberla invitado a desayunar. Puede que volvamos a vernos.

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Reto EldE 2017 #4: ¿Soy Batman?


Escribe una historia en la que salves la situación con un mayúsculo deus ex machina.

Oigo la explosión de palomitas en la cocina. Huelo desde esta distancia la sonrisa de Elsa, pero no sabría descifrar si es dulce o siniestra. Como el Joker.

Yo soy Batman, o más bien un impostor bajo el disfraz, pero este Joker es el de verdad. Estoy encerrado en un congelador, me ha atado de pies y manos y aquí mis poderes no me ayudan. Todo lo contrario.

Tic, tac, tic tac… El eco del tiempo y de la bomba que hay en la cocina suena en mi cabeza y no puedo pararlo. Da igual que tenga los ojos cerrados, solo veo el temporizador que anuncia mi fin. Quedan treinta segundos para que esto termine. No puedo moverme, aunque lo de atarme y encerrarme aquí no hacía falta. De qué te sirve ser el más fuerte, el más listo y el más todo si a la hora de la verdad eres un puto cobarde. Congelado, frío y oscuro.

Más que un bum eso ha sido un cling. ¿Ha terminado todo ya?

Esa mano no está fría. No me atrevo a mirar, si abro los ojos la oscuridad avanza. Pero ella levanta la persiana y la vida vuelve a su sitio.

—Vamos, cielo, despierta. Te traigo café y el desayuno; he hecho lo que he podido pero ese café parece que lleva dias hecho. Y dime, en serio, ¿qué clase de adulto solo tiene palomitas para comer?

sonrisa-joker

Esa risa es todavía más horrible y más siniestra cuando se mete palomitas en la boca. Gracias por nada.

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Reto EldE 2017 #3: Tras la cortina


Imagina que eres un superhéroe con una gran fobia a la oscuridad, escribe un relato de superación.

Todos tenemos un punto débil, incluso yo.

Lo que te voy a contar era un secreto hasta ahora. No me gusta andar por ahí dándomelas de importante, pero al final soy lo que soy y tengo que aceptarme. Aunque en treinta años no he sido capaz de hacerlo, cualquier día es bueno para empezar.

La cosa es que mi vida cambió para siempre ese maldito día de mediados de los ochenta en que mezclé cosas que no debía jugando con mi Quimicefa.

quimicefa

Solo sé que hubo una explosión y me caí redondo al suelo. Cuando desperté me dolía la cabeza. Abrí los ojos, todo estaba oscuro y me cagué en los pantalones. Literal.

A partir de ese momento empezaron los problemas: Lo primero fue que oía conversaciones en un radio de unos dos kilómetros (esto es bastante molesto hasta que te acostumbras, la verdad); a los pocos díasveía a través de las paredes y también podía clasificar las cosas por su olor.

Y yo, que siempre había sido un cero a la izquierda en gimnasia, me convertí de la noche a la mañana en el que todos escogían a la hora de formar equipo del deporte que fuera. Era el más ágil, rápido y fuerte de todo el colegio. Y del instituto. Y de la universidad y más allá.

Nadie quiso saber por qué el niño bola se había transformado tan de repente. Algunos creyeron que había encontrado mi motivación en la vida, otros que había pegado el estirón. Ni siquiera mi madre se preguntó por qué mi cuarto había sonado como Valencia en plenas Fallas.

Un americano medio hubiera aprovechado la circunstancia para vestirse de manera ridícula y salvar el mundo, qué lástima ser europeo. Sí, soy más listo, más sensible, más atlético y tengo una memoria de elefante. Pero madera de líder como que no tengo.

Que se salven ellos solitos, que yo bastante tengo con lo mío. Me jode, no sabes cuánto, no ser una persona normal. A veces hay palabras que uno no querría escuchar, situaciones que uno no querría ver y olores que uno rechaza recordar. Vale, todas esas cosas me han hecho ganar mucha pasta y que la gente me envidie por lo que parezco ser, pero por dentro…

Por dentro me consume la oscuridad. Ese momento en que abrí los ojos por primera vez a mi nueva vida se repite en mi mente una y otra vez. No salgo por las noches a no ser que las calles estén bien iluminadas. Imagínate treinta años durmiendo solo con la luz encendida, un vampiro invertido. Cuando no hay luz, hay vacío. Y cuando hay vacío soy un ser insignificante que ni oye, ni ve ni siente. Una persona normal. Sí, sé que suena contradictorio pero sentirme normal también me molesta. Porque me da miedo, aunque no se lo haya contado a nadie.

Superman es una farsa, te lo digo yo.

Cuando hemos llegado, la cabeza me daba vueltas. Que tenga poderes no significa que no pueda pillarme una buena, por desgracia.

Creo que le he dado mis llaves a Elsa, ella ha abierto la puerta y estaba horrorizada de ver todas las luces encendidas. No ha dicho nada, pero su miedo también se olía a distancia.

Después de que me dejara en mi cama, la he visto andar por mi casa y apagar las luces. No me importa, de día no las necesito. Pero de ahí a que baje las persianas de mi habitación para que “pueda descansar”… Eso es tomarse demasiadas confianzas, joder.

He contenido mi último grito. Solo pensaba en que se fuera. Pero en vez de eso se ha quedado ahí acariciándome.

Nunca una desconocida ha hecho eso por mí. Bien pensado, es la mejor oportunidad para dejarme caer en la oscuridad.

Pero es que no… sé si soy… ca… paz. Pero Elsa… mis poderes… pero sus caricias… pero ser normal…

Si estoy durmiendo es porque que lo he conseguido. El primer paso es el que más duele.

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Reto EldE 2017 #2: Y nos dieron las diez…


Describe una escena sensual con una pareja que termina desnuda en la barra de un bar.

La que conduce es Elsa. Puede que haya sido una temeridad pedirle que me lleve a casa si solo le conozco desde hace algunas horas, pero ella al menos está sobria y supongo que estará acostumbrada.

Sí, indudablemente esta noche he bebido demasiado. Lo normal en estas fechas, diría yo.

En cuanto las doce campanadas terminaron, felicité el año nuevo a mi familia y cogí el coche. Había quedado con los de siempre para recibir el año como se merece.

Cuando sonó la canción de Sabina, la miré y el tiempo se paró. Era ella, la protagonista de la historia: Un pueblo con mar, una noche de conciertos y ella reinando detrás de la barra.

―¿Qué vas a tomar, guapo?

―A ti te tomaba yo entera― contesté, quizás demasiado en voz alta.

Ante semejante metedura de pata, ella solo sonrió y miró el reloj. Y así de pronto, la gente ya se había ido y yo seguía tarareando internamente esa ridícula canción.

Solos. Estábamos solos con la luz tenue de ese bar de sótano y el eco de los borrachos en la calle.

―¿Te apetece la última?

Sacó una botella que al parecer guardaba para la ocasión y se puso de rodillas sobre la barra. Me abrió la boca e hizo que el alcohol cayera gota a gota dentro.

Desde la posición en la que estaba, tiró de mi corbata para arrastrarme cerca de ella (lo juro, solo me pongo corbata en fin de año, pero con eso no contaba) y, cuando me tuvo a dos milímetros de su cara, me subió con los dos brazos y pegó su cuerpo al mío sin darme tiempo a reaccionar. Tenía mucha fuerza y yo sabía que estaba mal, pero en ese momento me daba igual.

Debajo de la camisa no llevaba nada, y tampoco debajo de la minifalda, aunque en toda la noche nadie se había dado cuenta. Supongo.

Acariciaba la botella con las dos manos mientras dejaba que el líquido resbalara por su cuerpo. Arriba, abajo, con movimientos hipnóticos. El mejor de los vasos para una bebida tan cara.

Ella, yo, su cuerpo, el mío y la botella rodando entre los dos sin caerse.

No quedó una gota de ron que no formara parte de mi cuerpo por dentro o del suyo por fuera. Sentía cada vibración de su cuerpo como si fuera mía, al compás de una música que no terminaba de sonar.

La luz del sol entraba tímida por las ventanitas del local. Elsa se ha vestido, sin olvidar esta vez su ropa interior, y me ha sonreído como la noche pasada, esa noche que ya queda tan atrás como el año que me llevó hasta ella.

Me sentía un poco mareado después de tanto beber, así que ha tenido que ayudarme a vestirme a mí también.

Entonces le he dicho que me llevara a casa, el gps sabría la dirección. Solo una vez que se ha puesto al volante he sido capaz de preguntarle cómo se llama. A ella ni siquiera le ha extrañado.

El gps dice que en 35 minutos habremos llegado al destino. Es lo malo que tiene vivir tan cercanamente lejos de la civilización. Mi mente empieza a entrar en paranoia, me pregunto si he hecho lo correcto. Si llegaré de verdad y de una pieza a mi casa.

No sabía que era tan tarde. Nos han dado las diez y ahora es ella la que canta, yo no me atrevo a abrir la boca. Quizás sea esta la primera canción del año, pero yo solo espero que no sea la última.

84;0;205;289

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Reto EldE 2017 #1: El inicio


Escribe un relato que comience en un día de Año Nuevo.

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Dicen que todo vuelve a comenzar en Año Nuevo, y puede que tengan razón.

Por el momento este año he decidido contar mi vida por fin, no importa a quién. No más anonimato. No más armarios cerrados. No sé hasta dónde voy a llegar, pero creo que mi historia debe ser contada. De vosotros depende leerla o no.

Por ahora, empezaré con lo básico: Me llamo Ernesto Rojo y acabo de llegar a la mitad de mi vida. Ahora mismo estoy en la parte de atrás de mi coche, de camino a casa después de una larga e intensa noche (¿acaso no lo son todas las de fin de año?), mientras reflexiono sobre lo que me ha llevado hasta aquí y hacia dónde voy en este momento. Creo que este es un buen momento, quizá como cualquier otro, para empezar esta historia. O, al menos, para empezar a contarla.

Tengo muchos secretos que confesar, algunos te gustarán y otros… otros puede que te sorprendan. Pero no me juzgues, no he venido aquí a eso.

Esta es mi historia. Esta es mi vida. Esto queda entre nosotros.

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Retos de escritura 2017


Bueeeeeno, el año pasado fue el primero en el que (gracias a los amigos de El Libro del Escritor, todo hay que decirlo) cumplí mis propósitos de año nuevo. Así que este año habrá que volver a lograrlo, para que no se diga.

Este año los chicos nos lo han puesto más difícil… o lo han intentado.

Y para rizar el rizo, esta vez ahí va una nueva norma que yo me he sacado de la manga, que para eso este es mi blog: no solo voy con los 52 relatos, sino que todos ellos van a ser fragmentos de una misma historia cuyo protagonista y narrador se presentará como es debido en el siguiente post, el primero de este reto.

Yo estoy dispuesta a volver a darlo todo, ¿ te animas tú también? Pues las normas las tienes en el blog de EldE y aquí va la lista con los 52 retos, que por supuesto iré actualizando a medida que vaya escribiéndolos:

  1. Escribe un relato que comience en un día de Año Nuevo.
  2. Describe una escena sensual con una pareja que termina desnuda en la barra de un bar.
  3. Imagina que eres un superhéroe con una gran fobia a la oscuridad, escribe un relato de superación.
  4. Escribe una historia en la que salves la situación con un mayúsculo deus ex machina.
  5. Usa la frase: “En el oeste se encontraban las ciudades de los muertos” para hacer una composición creativa.
  6. Describe una escena de un relato pensando en una fecha significativa para ti y traslada esas emociones a tus personajes.
  7. Da voz a los recuerdos y ofrece una solución en forma de historia para un personaje que pierde la memoria cada día.
  8. Usa una escena romántica de una película que sea reconocida y dale un giro sorprendente para cambiar totalmente esa historia.
  9. Escribe un relato que integre las palabras ‘luz’ y ‘cuadro’ como elementos relevantes del argumento.
  10. Haz una historia con un protagonista que evoque tu niñez.
  11. Inventa un cuento con dos objetos a los que dotas de vida.
  12. Combina estos tres personajes a modo de secundarios: ‘el hombre de hojalata’, ‘un dragón enamorado’ y un ‘ogro’ para hacer con ellos una narración fantástica.
  13. Escribe un relato inspirado en una noticia que hayas leído esta semana.
  14. Describe una historia cuyo punto de partida comience con el final de toda la trama. La idea es que tomando el desenlace como inicio hagas un recordatorio de cómo se ha llegado a esa situación.
  15. ¡Cambia el devenir de los hechos! Elige un momento histórico clave y construye una realidad totalmente diferente, ¿qué hubiera sucedido si…? Practica sin miedo toda tu destreza con la descripción.
  16. Crea un relato que gire en torno a una cuenta atrás.
  17. Describe tu día a día como si fueras un zombi.
  18. Cambio de roles. Elige una novela e intercambia los papeles de los personajes principales con los secundarios para crear una nueva ficción.
  19. Escribe un relato cuyo personaje atormentado solo vea el suicidio como solución.
  20. Realiza un texto en el que no aparezca en ningún momento la letra ‘p’.
  21. Crea un relato cargado de sarcasmo para describir la escena de unos recién casados que organizan una cita con los amigos para ver en conjunto todo su reportaje de boda incluyendo también la luna de miel…
  22. Escribe una historia de terror cuyo contexto se enmarque en un manicomio.
  23. Comienza un relato con: “Nada, no le queda nada”.
  24. Con el último objeto que veas o utilices a lo largo del día, inventa una historia.
  25. Utiliza toda tu creatividad para describir de forma cómica un relato de una visita a la peluquería con final dramático.
  26. Escribe una historia en la que retrocedas al pasado y seas tú el protagonista.
  27. Inventa un relato con una mujer como heroína y su camino hasta llegar a serlo.
  28. Escoge tus tres libros favoritos y utiliza la primera palabra de cada título para hacer un relato en el que las integres.
  29. Escribe una historia de un personaje con miedo al amor.
  30. Describe en un relato con un personaje inventado una situación que te ponga de los nervios.
  31. Escribe una historia que incluya las palabras: “billete”, “magia” y “sordo”.
  32. Piensa en alguien a quien echas de menos y ya no está para recrear un relato cargado de emoción.
  33. Realiza una historia que tenga lugar en el fondo del mar.
  34. Escribe un relato de un animal como protagonista que actúa de narrador contando las costumbres raras que tienen los humanos.
  35. Utiliza tres clichés de la ficción para hacer un escrito con ellos.
  36. Haz una historia que tenga al final una frase moralizante a modo de fábula.
  37. Escribe un relato en el que los personajes se conozcan a través de las redes sociales y se desarrolle en este medio toda la trama.
  38. Documéntate si es preciso para hacer una descripción al detalle de un personaje que sufre una determinada adicción.
  39. Desarrolla un relato en forma de carta.
  40. Utiliza un refrán integrado en un texto creativo.
  41. Escribe una historia con lo que haría un personaje que sabe que le queda una semana de vida.
  42. Atrévete a ser infiel en un relato y describe al detalle las sensaciones de los personajes.
  43. Convierte a tu personaje en un asesino. Trabaja la coartada con esmero y cuida de no dejar pistas… Todo ello sobre el papel.
  44. Escribe con sinceridad retomando una historia que te podía haber pasado, pero en su lugar escogiste otro camino.
  45. Crea un relato que contenga una escena en la ducha.
  46. Utilicemos la fantasía e imaginación. Inventa una historia en la que se mezcle en algún momento un smartphone con un neandertal.
  47. Escribe un cuento de princesas, pero dale un vuelco radical a algunos de sus tópicos.
  48. Describe los pensamientos y sensaciones de un personaje que está en coma.
  49. Crea una ficción a partir de una fiesta o celebración propia de tu municipio/ciudad/país.
  50. Escribe un relato sobre la amistad entre un hombre y un animal.
  51. Escribe un relato en el que un personaje intenta comunicarse con un ser de otro planeta.
  52. Describe una situación cómica que transcurra en el último día del año.

 

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Reto 52 semanas, 52 relatos y52: Corbata de sangre


Ahora sí, con todos ustedes… el último reto de  El Libro del Escritor:

52. Escribe un relato de un personaje que encuentra una corbata y no sabe cómo ha llegado allí

Obviamente, este va dedicado a una compañera muy especial. Porque, por lo demás, detesto las corbatas. Y como es el último relato, os toca trabajar un poquito, queridos lectores:aquí os dejo una historia de las de pensar.

No digo yo que la promiscuidad sea mala, pero eso ya era demasiado.

He visto a Mara, mi compañera de piso, en todas las posiciones posibles, algunas agradables y otras menos, porque aparte de cambiar de pareja más que de bragas (obvio, de eso apenas usa) nunca esconde nada bi se esconde de nadie. Quitando eso y la gran imginación que tiene, es una chica muy maja y muy normal.

Solo puse una norma: nunca, nunca en mi cama. Ya bastante sitio tiene en la cocina, el salón, el baño y por supuesto su habitación como para entrar en mi territorio. Por eso, cuando llegué de trabajar y me encontré una corbata manchada de sangre en mi cama tomé la decisión; tenía que dejarle las cosas claras.

Llamé a su puerta con cuidado pero estaba durmiendo, o eso parecía. Sola y con el pijama puesto.

—¡Mara, despierta!— Le di una ligera sacudida pero ella ni se movió. Ni hacia un lado ni hacia el otro.

Aún respiraba. Lo primero que hice fue levantarle un poco el pijama para comprobar que la sangre no fuera suya y respiré aliviada de ver que no tenía ni un rasguño y de hecho estaba muy limpia.

Al personal de emergencias no fui capaz de explicarles lo que había pasado. Se la llevaron en una ambulancia y yo la acompañé. No sabía nada de su familia ni conocía a nadie que hubiera estado en su vida más de una noche.

Por suerte, me dijeron tras mucho insistir, su vida no corría peligro. Quitando el hecho de que estaba profundamente dormida, los análisis daban todo bien. Cero drogas, y ni siquiera había mantenido relaciones sexuales en las últimas horas.

En ningún momento dijeron que estuviera en coma. De hecho, se movía perfectamente en sueños y hasta a ratos hablaba, pero había que dejarla en el hospital hasta que por fin despertara.

Cuando me quedé a solas con ella, le pregunté por la corbata aunque no esperaba que contestara. La llevaba en el bolsillo y no sabía muy bien qué hacer con ella.

Al cuarto día, Mara despertó sin más.

—¿Qué hacemos aquí? ¿Dónde estamos?

Llamé a la enfermera que, con mucha paciencia, le contó lo que había pasado y que tenía que quedarse en el hospital hasta que supieran lo que tenía.

—De eso nada. Yo estoy bien. Nos vamos.

Pero una persona que duerme más de tres días seguidos no está bien, hay que hacerle pruebas. En el hospital hay unos protocolos que… dejarla marchar era una irresponsabilidad porque…

Oía las palabras de una entremezclándose con los gritos de la otra pero no lograba entender nada. Solo sé que la mirada de Mara puede ser lo más convincente de este mundo, así que volvimos a casa sin más.

Una vez allí, volví a sacar la corbata. Ella se quedó pálida.

—¿Quién…? ¿Qué…?

En vez de contestar, cogió de la estantería un viejo álbum de fotos y me lo enseñó. En todas aparecía alguien muy parecido a ella con la corbata puesta. Al lado de cada una de ellas, una necrológica. Nombre y apellidos manchados de sangre. Hombres y mujeres de distintas épocas con un mismo apellido en común: el suyo.

Recortes de periódicos sobre muertes inexplicables y el hallazgo de una corbata llena de sangre que no se sabe a quién pertenece.

La corbata mataba por dentro. La sangre era de la primera víctima, de todas las demás y de ninguna de ellas.

Gilberto de Ramedonck se suicidó con ella o a causa de ella. A sus descendientes primero les ahogaba, después borraba sus huellas y por último se alimentaba de esa sangre que no dejaba rastro. Cuando encontraban a la víctima sin signos de violencia, la corbata aparecía en las fotos del escenario del crimen, como en segundo plano. Como riéndose de ellos.

Una maldición de la que solo Mara de Ramedonck había conseguido escapar, al menos de momento. No quiso contarme cómo.

Pensaba que era una más de sus fantasías hasta que me invitó a quemar el pasado. Literalmente, le prendió fuego con un mechero y sí, yo también oí las voces de los fantasmas liberados, que uno a uno gritaban su nombre.

Y con esto, queridos amigos, termina el año con el reto superado. Espero que os hayan gustado estos 52 relatos, yo desde luego he disfrutado mucho con ellos. Si quieres comentar cuál ha sido tu favorito, cuál te ha parecido horroroso o cualquier otra cosa, soy toda ojos. ¡Gracias por leerme, y hasta el próximo reto!

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Reto 52 semanas, 52 relatos #51: No me llames Príncipe


Queda solo un paso para terminar, y este reto de  El Libro del Escritor he de confesar  que me encanta:

51. Reescribe un cuento de hadas clásico

Como sabéis (o no), soy fan de los cuentos clásicos y de reescribirlos. Sobre ellos quizás algún día escriba un libro entero. El patito feo es una de mis fuentes de inspiración, pero hoy no vengo a hablar de eso. Solo quiero lanzar una pregunta: ¿Por qué los príncipes de los cuentos nunca tienen nombre?

Vamos, Príncipe, nos están esperando.

Jacques. Me llamo Jacques, papá. El nombre me lo pusiste tú.

No discutáis con vuestro padre. Hoy tenéis que escoger, que el tiempo apremia.

Padre abrió la puerta y miré hacia abajo desde la barandilla de mármol. Había más de un centenar de mujeres, algunas más feas que otras. A la mayoría les había visto por el reino, aunque ellas nunca me vieron a mí por dos razones: una, que siempre bajaban la cabeza para mostrar su respeto; y dos, que el destello de mi poder les cegaba tanto que era lo único que anhelaban.

Bien mirado, aquello era como un mercado. Escoges la ternera más jugosa, la pagas, te la llevas y te la comes. A cualquiera le hubiera parecido un sueño, pero a mí no.

Bajé la escalinata con cierta ceremonia. Besé todas esas manos sudorosas y ansiosas de ser las elegidas, miré todas esas caras pero ninguna de ellas me decía nada. Bailé con las que madre sacaba a bailar por mí y a todas les hice la misma pregunta:

Disculpad, ¿cómo me llamo?

Ninguna de ellas fue capaz de decir nada. Ninguna sería mi reina.

De pronto, una desconocida irrumpió en la estancia sin ser anunciada. Miraba a todas partes excepto a mí. Iba exquisitamente vestida, pero su atuendo no se correspondía con su escasa elegancia a la hora de lucirlo. Caminaba encorvada y sin pretender que su presencia se notara. Ni siquiera por mí.

Instintivamente, le cogí de la mano.

Disculpad, ¿cómo me llamo?

Pues si no lo sabe usted…— respondió, sin esforzarse por disimular su vulgar acento.

Jacques, me llamo Jacques. ¿Y vos sois…?

Si respondió el sonido de las campanadas no me dejó oír lo que decía. Miró el reloj, me miró a mí y huyó corriendo, pero como no sabía andar con tacones tropezó y cayó rodando por las escaleras. Fue todo muy deprisa, creí ver cómo alguien la recogió del suelo y después desapareció.

Sé que no lo soñé porque cuando volví a palacio todavía tenía el bellísimo y carísimo zapato de cristal roto en mi mano.

Pensé que jamás volvería a verla, así que le dije a mi padre que me casaría con la propietaria del zapato. Así ganaba tiempo.

El resto de damas volvió a sus casas. Una semana entera recorrí el pueblo con mi chambelán y el zapato en la mano. Estaba convencido de que ninguna de mis súbditas era su dueña.

En una de las casas, dos hermanas estaban peleando. Se hizo el silencio en cuanto olieron mi presencia. No quería hacerlo, pero les probé el zapato y a ambas les quedaba a la perfección. Y, por supuesto, ambas estaban dispuestas a casarse con mi real figura. Y cualquiera de las dos bien podría haber sido la muchacha de pueblo que me abandonó.

De pronto, supe lo que tenía que hacer para salir de dudas e hice una vez más la pregunta.

Kla… ¿Klaus?— aventuró una.

Rodolfo.— repuso la otra con cierta convicción.

Ya me iba a marchar cuando una voz rota me llamó por mi nombre:

Jacques, ¿eres tú?

No me había fijado en ella detrás de la montaña de ropa que estaba planchando. La cogí de la mano y la llevé a palacio.

Como no era lo suficientemente noble, no era digna de ser mi esposa. Y si ella no era digna de ser reina, yo tampoco quería ser rey, así que la miré, dejé el zapato de cristal en la escalera, me descalcé y eché a correr, esperando que ella me siguiera.

Contrariamente a lo que dice la versión oficial del cuento, no lo hizo. Y yo, a partir de ese momento, de ser el Príncipe pasé a ser Jacques, un rey sin reino en busca de su reina. Una reina de cuyo nombre no quiero acordarme.

 

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