Reto EldE 2017 #2: Y nos dieron las diez…


Describe una escena sensual con una pareja que termina desnuda en la barra de un bar.

La que conduce es Elsa. Puede que haya sido una temeridad pedirle que me lleve a casa si solo le conozco desde hace algunas horas, pero ella al menos está sobria y supongo que estará acostumbrada.

Sí, indudablemente esta noche he bebido demasiado. Lo normal en estas fechas, diría yo.

En cuanto las doce campanadas terminaron, felicité el año nuevo a mi familia y cogí el coche. Había quedado con los de siempre para recibir el año como se merece.

Cuando sonó la canción de Sabina, la miré y el tiempo se paró. Era ella, la protagonista de la historia: Un pueblo con mar, una noche de conciertos y ella reinando detrás de la barra.

―¿Qué vas a tomar, guapo?

―A ti te tomaba yo entera― contesté, quizás demasiado en voz alta.

Ante semejante metedura de pata, ella solo sonrió y miró el reloj. Y así de pronto, la gente ya se había ido y yo seguía tarareando internamente esa ridícula canción.

Solos. Estábamos solos con la luz tenue de ese bar de sótano y el eco de los borrachos en la calle.

―¿Te apetece la última?

Sacó una botella que al parecer guardaba para la ocasión y se puso de rodillas sobre la barra. Me abrió la boca e hizo que el alcohol cayera gota a gota dentro.

Desde la posición en la que estaba, tiró de mi corbata para arrastrarme cerca de ella (lo juro, solo me pongo corbata en fin de año, pero con eso no contaba) y, cuando me tuvo a dos milímetros de su cara, me subió con los dos brazos y pegó su cuerpo al mío sin darme tiempo a reaccionar. Tenía mucha fuerza y yo sabía que estaba mal, pero en ese momento me daba igual.

Debajo de la camisa no llevaba nada, y tampoco debajo de la minifalda, aunque en toda la noche nadie se había dado cuenta. Supongo.

Acariciaba la botella con las dos manos mientras dejaba que el líquido resbalara por su cuerpo. Arriba, abajo, con movimientos hipnóticos. El mejor de los vasos para una bebida tan cara.

Ella, yo, su cuerpo, el mío y la botella rodando entre los dos sin caerse.

No quedó una gota de ron que no formara parte de mi cuerpo por dentro o del suyo por fuera. Sentía cada vibración de su cuerpo como si fuera mía, al compás de una música que no terminaba de sonar.

La luz del sol entraba tímida por las ventanitas del local. Elsa se ha vestido, sin olvidar esta vez su ropa interior, y me ha sonreído como la noche pasada, esa noche que ya queda tan atrás como el año que me llevó hasta ella.

Me sentía un poco mareado después de tanto beber, así que ha tenido que ayudarme a vestirme a mí también.

Entonces le he dicho que me llevara a casa, el gps sabría la dirección. Solo una vez que se ha puesto al volante he sido capaz de preguntarle cómo se llama. A ella ni siquiera le ha extrañado.

El gps dice que en 35 minutos habremos llegado al destino. Es lo malo que tiene vivir tan cercanamente lejos de la civilización. Mi mente empieza a entrar en paranoia, me pregunto si he hecho lo correcto. Si llegaré de verdad y de una pieza a mi casa.

No sabía que era tan tarde. Nos han dado las diez y ahora es ella la que canta, yo no me atrevo a abrir la boca. Quizás sea esta la primera canción del año, pero yo solo espero que no sea la última.

84;0;205;289

Publicado en General, Reto ELdE | 1 Comentario

Reto EldE 2017 #1: El inicio


Escribe un relato que comience en un día de Año Nuevo.

feliz2017

Dicen que todo vuelve a comenzar en Año Nuevo, y puede que tengan razón.

Por el momento este año he decidido contar mi vida por fin, no importa a quién. No más anonimato. No más armarios cerrados. No sé hasta dónde voy a llegar, pero creo que mi historia debe ser contada. De vosotros depende leerla o no.

Por ahora, empezaré con lo básico: Me llamo Ernesto Rojo y acabo de llegar a la mitad de mi vida. Ahora mismo estoy en la parte de atrás de mi coche, de camino a casa después de una larga e intensa noche (¿acaso no lo son todas las de fin de año?), mientras reflexiono sobre lo que me ha llevado hasta aquí y hacia dónde voy en este momento. Creo que este es un buen momento, quizá como cualquier otro, para empezar esta historia. O, al menos, para empezar a contarla.

Tengo muchos secretos que confesar, algunos te gustarán y otros… otros puede que te sorprendan. Pero no me juzgues, no he venido aquí a eso.

Esta es mi historia. Esta es mi vida. Esto queda entre nosotros.

Publicado en General, Reto ELdE | 1 Comentario

Retos de escritura 2017


Bueeeeeno, el año pasado fue el primero en el que (gracias a los amigos de El Libro del Escritor, todo hay que decirlo) cumplí mis propósitos de año nuevo. Así que este año habrá que volver a lograrlo, para que no se diga.

Este año los chicos nos lo han puesto más difícil… o lo han intentado.

Y para rizar el rizo, esta vez ahí va una nueva norma que yo me he sacado de la manga, que para eso este es mi blog: no solo voy con los 52 relatos, sino que todos ellos van a ser fragmentos de una misma historia cuyo protagonista y narrador se presentará como es debido en el siguiente post, el primero de este reto.

Yo estoy dispuesta a volver a darlo todo, ¿ te animas tú también? Pues las normas las tienes en el blog de EldE y aquí va la lista con los 52 retos, que por supuesto iré actualizando a medida que vaya escribiéndolos:

  1. Escribe un relato que comience en un día de Año Nuevo.
  2. Describe una escena sensual con una pareja que termina desnuda en la barra de un bar.
  3. Imagina que eres un superhéroe con una gran fobia a la oscuridad, escribe un relato de superación.
  4. Escribe una historia en la que salves la situación con un mayúsculo deus ex machina.
  5. Usa la frase: “En el oeste se encontraban las ciudades de los muertos” para hacer una composición creativa.
  6. Describe una escena de un relato pensando en una fecha significativa para ti y traslada esas emociones a tus personajes.
  7. Da voz a los recuerdos y ofrece una solución en forma de historia para un personaje que pierde la memoria cada día.
  8. Usa una escena romántica de una película que sea reconocida y dale un giro sorprendente para cambiar totalmente esa historia.
  9. Escribe un relato que integre las palabras ‘luz’ y ‘cuadro’ como elementos relevantes del argumento.
  10. Haz una historia con un protagonista que evoque tu niñez.
  11. Inventa un cuento con dos objetos a los que dotas de vida.
  12. Combina estos tres personajes a modo de secundarios: ‘el hombre de hojalata’, ‘un dragón enamorado’ y un ‘ogro’ para hacer con ellos una narración fantástica.
  13. Escribe un relato inspirado en una noticia que hayas leído esta semana.
  14. Describe una historia cuyo punto de partida comience con el final de toda la trama. La idea es que tomando el desenlace como inicio hagas un recordatorio de cómo se ha llegado a esa situación.
  15. ¡Cambia el devenir de los hechos! Elige un momento histórico clave y construye una realidad totalmente diferente, ¿qué hubiera sucedido si…? Practica sin miedo toda tu destreza con la descripción.
  16. Crea un relato que gire en torno a una cuenta atrás.
  17. Describe tu día a día como si fueras un zombi.
  18. Cambio de roles. Elige una novela e intercambia los papeles de los personajes principales con los secundarios para crear una nueva ficción.
  19. Escribe un relato cuyo personaje atormentado solo vea el suicidio como solución.
  20. Realiza un texto en el que no aparezca en ningún momento la letra ‘p’.
  21. Crea un relato cargado de sarcasmo para describir la escena de unos recién casados que organizan una cita con los amigos para ver en conjunto todo su reportaje de boda incluyendo también la luna de miel…
  22. Escribe una historia de terror cuyo contexto se enmarque en un manicomio.
  23. Comienza un relato con: “Nada, no le queda nada”.
  24. Con el último objeto que veas o utilices a lo largo del día, inventa una historia.
  25. Utiliza toda tu creatividad para describir de forma cómica un relato de una visita a la peluquería con final dramático.
  26. Escribe una historia en la que retrocedas al pasado y seas tú el protagonista.
  27. Inventa un relato con una mujer como heroína y su camino hasta llegar a serlo.
  28. Escoge tus tres libros favoritos y utiliza la primera palabra de cada título para hacer un relato en el que las integres.
  29. Escribe una historia de un personaje con miedo al amor.
  30. Describe en un relato con un personaje inventado una situación que te ponga de los nervios.
  31. Escribe una historia que incluya las palabras: “billete”, “magia” y “sordo”.
  32. Piensa en alguien a quien echas de menos y ya no está para recrear un relato cargado de emoción.
  33. Realiza una historia que tenga lugar en el fondo del mar.
  34. Escribe un relato de un animal como protagonista que actúa de narrador contando las costumbres raras que tienen los humanos.
  35. Utiliza tres clichés de la ficción para hacer un escrito con ellos.
  36. Haz una historia que tenga al final una frase moralizante a modo de fábula.
  37. Escribe un relato en el que los personajes se conozcan a través de las redes sociales y se desarrolle en este medio toda la trama.
  38. Documéntate si es preciso para hacer una descripción al detalle de un personaje que sufre una determinada adicción.
  39. Desarrolla un relato en forma de carta.
  40. Utiliza un refrán integrado en un texto creativo.
  41. Escribe una historia con lo que haría un personaje que sabe que le queda una semana de vida.
  42. Atrévete a ser infiel en un relato y describe al detalle las sensaciones de los personajes.
  43. Convierte a tu personaje en un asesino. Trabaja la coartada con esmero y cuida de no dejar pistas… Todo ello sobre el papel.
  44. Escribe con sinceridad retomando una historia que te podía haber pasado, pero en su lugar escogiste otro camino.
  45. Crea un relato que contenga una escena en la ducha.
  46. Utilicemos la fantasía e imaginación. Inventa una historia en la que se mezcle en algún momento un smartphone con un neandertal.
  47. Escribe un cuento de princesas, pero dale un vuelco radical a algunos de sus tópicos.
  48. Describe los pensamientos y sensaciones de un personaje que está en coma.
  49. Crea una ficción a partir de una fiesta o celebración propia de tu municipio/ciudad/país.
  50. Escribe un relato sobre la amistad entre un hombre y un animal.
  51. Escribe un relato en el que un personaje intenta comunicarse con un ser de otro planeta.
  52. Describe una situación cómica que transcurra en el último día del año.

 

Publicado en General, Reto ELdE | 2 comentarios

Reto 52 semanas, 52 relatos y52: Corbata de sangre


Ahora sí, con todos ustedes… el último reto de  El Libro del Escritor:

52. Escribe un relato de un personaje que encuentra una corbata y no sabe cómo ha llegado allí

Obviamente, este va dedicado a una compañera muy especial. Porque, por lo demás, detesto las corbatas. Y como es el último relato, os toca trabajar un poquito, queridos lectores:aquí os dejo una historia de las de pensar.

No digo yo que la promiscuidad sea mala, pero eso ya era demasiado.

He visto a Mara, mi compañera de piso, en todas las posiciones posibles, algunas agradables y otras menos, porque aparte de cambiar de pareja más que de bragas (obvio, de eso apenas usa) nunca esconde nada bi se esconde de nadie. Quitando eso y la gran imginación que tiene, es una chica muy maja y muy normal.

Solo puse una norma: nunca, nunca en mi cama. Ya bastante sitio tiene en la cocina, el salón, el baño y por supuesto su habitación como para entrar en mi territorio. Por eso, cuando llegué de trabajar y me encontré una corbata manchada de sangre en mi cama tomé la decisión; tenía que dejarle las cosas claras.

Llamé a su puerta con cuidado pero estaba durmiendo, o eso parecía. Sola y con el pijama puesto.

—¡Mara, despierta!— Le di una ligera sacudida pero ella ni se movió. Ni hacia un lado ni hacia el otro.

Aún respiraba. Lo primero que hice fue levantarle un poco el pijama para comprobar que la sangre no fuera suya y respiré aliviada de ver que no tenía ni un rasguño y de hecho estaba muy limpia.

Al personal de emergencias no fui capaz de explicarles lo que había pasado. Se la llevaron en una ambulancia y yo la acompañé. No sabía nada de su familia ni conocía a nadie que hubiera estado en su vida más de una noche.

Por suerte, me dijeron tras mucho insistir, su vida no corría peligro. Quitando el hecho de que estaba profundamente dormida, los análisis daban todo bien. Cero drogas, y ni siquiera había mantenido relaciones sexuales en las últimas horas.

En ningún momento dijeron que estuviera en coma. De hecho, se movía perfectamente en sueños y hasta a ratos hablaba, pero había que dejarla en el hospital hasta que por fin despertara.

Cuando me quedé a solas con ella, le pregunté por la corbata aunque no esperaba que contestara. La llevaba en el bolsillo y no sabía muy bien qué hacer con ella.

Al cuarto día, Mara despertó sin más.

—¿Qué hacemos aquí? ¿Dónde estamos?

Llamé a la enfermera que, con mucha paciencia, le contó lo que había pasado y que tenía que quedarse en el hospital hasta que supieran lo que tenía.

—De eso nada. Yo estoy bien. Nos vamos.

Pero una persona que duerme más de tres días seguidos no está bien, hay que hacerle pruebas. En el hospital hay unos protocolos que… dejarla marchar era una irresponsabilidad porque…

Oía las palabras de una entremezclándose con los gritos de la otra pero no lograba entender nada. Solo sé que la mirada de Mara puede ser lo más convincente de este mundo, así que volvimos a casa sin más.

Una vez allí, volví a sacar la corbata. Ella se quedó pálida.

—¿Quién…? ¿Qué…?

En vez de contestar, cogió de la estantería un viejo álbum de fotos y me lo enseñó. En todas aparecía alguien muy parecido a ella con la corbata puesta. Al lado de cada una de ellas, una necrológica. Nombre y apellidos manchados de sangre. Hombres y mujeres de distintas épocas con un mismo apellido en común: el suyo.

Recortes de periódicos sobre muertes inexplicables y el hallazgo de una corbata llena de sangre que no se sabe a quién pertenece.

La corbata mataba por dentro. La sangre era de la primera víctima, de todas las demás y de ninguna de ellas.

Gilberto de Ramedonck se suicidó con ella o a causa de ella. A sus descendientes primero les ahogaba, después borraba sus huellas y por último se alimentaba de esa sangre que no dejaba rastro. Cuando encontraban a la víctima sin signos de violencia, la corbata aparecía en las fotos del escenario del crimen, como en segundo plano. Como riéndose de ellos.

Una maldición de la que solo Mara de Ramedonck había conseguido escapar, al menos de momento. No quiso contarme cómo.

Pensaba que era una más de sus fantasías hasta que me invitó a quemar el pasado. Literalmente, le prendió fuego con un mechero y sí, yo también oí las voces de los fantasmas liberados, que uno a uno gritaban su nombre.

Y con esto, queridos amigos, termina el año con el reto superado. Espero que os hayan gustado estos 52 relatos, yo desde luego he disfrutado mucho con ellos. Si quieres comentar cuál ha sido tu favorito, cuál te ha parecido horroroso o cualquier otra cosa, soy toda ojos. ¡Gracias por leerme, y hasta el próximo reto!

Publicado en General, Reto ELdE | Deja un comentario

Reto 52 semanas, 52 relatos #51: No me llames Príncipe


Queda solo un paso para terminar, y este reto de  El Libro del Escritor he de confesar  que me encanta:

51. Reescribe un cuento de hadas clásico

Como sabéis (o no), soy fan de los cuentos clásicos y de reescribirlos. Sobre ellos quizás algún día escriba un libro entero. El patito feo es una de mis fuentes de inspiración, pero hoy no vengo a hablar de eso. Solo quiero lanzar una pregunta: ¿Por qué los príncipes de los cuentos nunca tienen nombre?

Vamos, Príncipe, nos están esperando.

Jacques. Me llamo Jacques, papá. El nombre me lo pusiste tú.

No discutáis con vuestro padre. Hoy tenéis que escoger, que el tiempo apremia.

Padre abrió la puerta y miré hacia abajo desde la barandilla de mármol. Había más de un centenar de mujeres, algunas más feas que otras. A la mayoría les había visto por el reino, aunque ellas nunca me vieron a mí por dos razones: una, que siempre bajaban la cabeza para mostrar su respeto; y dos, que el destello de mi poder les cegaba tanto que era lo único que anhelaban.

Bien mirado, aquello era como un mercado. Escoges la ternera más jugosa, la pagas, te la llevas y te la comes. A cualquiera le hubiera parecido un sueño, pero a mí no.

Bajé la escalinata con cierta ceremonia. Besé todas esas manos sudorosas y ansiosas de ser las elegidas, miré todas esas caras pero ninguna de ellas me decía nada. Bailé con las que madre sacaba a bailar por mí y a todas les hice la misma pregunta:

Disculpad, ¿cómo me llamo?

Ninguna de ellas fue capaz de decir nada. Ninguna sería mi reina.

De pronto, una desconocida irrumpió en la estancia sin ser anunciada. Miraba a todas partes excepto a mí. Iba exquisitamente vestida, pero su atuendo no se correspondía con su escasa elegancia a la hora de lucirlo. Caminaba encorvada y sin pretender que su presencia se notara. Ni siquiera por mí.

Instintivamente, le cogí de la mano.

Disculpad, ¿cómo me llamo?

Pues si no lo sabe usted…— respondió, sin esforzarse por disimular su vulgar acento.

Jacques, me llamo Jacques. ¿Y vos sois…?

Si respondió el sonido de las campanadas no me dejó oír lo que decía. Miró el reloj, me miró a mí y huyó corriendo, pero como no sabía andar con tacones tropezó y cayó rodando por las escaleras. Fue todo muy deprisa, creí ver cómo alguien la recogió del suelo y después desapareció.

Sé que no lo soñé porque cuando volví a palacio todavía tenía el bellísimo y carísimo zapato de cristal roto en mi mano.

Pensé que jamás volvería a verla, así que le dije a mi padre que me casaría con la propietaria del zapato. Así ganaba tiempo.

El resto de damas volvió a sus casas. Una semana entera recorrí el pueblo con mi chambelán y el zapato en la mano. Estaba convencido de que ninguna de mis súbditas era su dueña.

En una de las casas, dos hermanas estaban peleando. Se hizo el silencio en cuanto olieron mi presencia. No quería hacerlo, pero les probé el zapato y a ambas les quedaba a la perfección. Y, por supuesto, ambas estaban dispuestas a casarse con mi real figura. Y cualquiera de las dos bien podría haber sido la muchacha de pueblo que me abandonó.

De pronto, supe lo que tenía que hacer para salir de dudas e hice una vez más la pregunta.

Kla… ¿Klaus?— aventuró una.

Rodolfo.— repuso la otra con cierta convicción.

Ya me iba a marchar cuando una voz rota me llamó por mi nombre:

Jacques, ¿eres tú?

No me había fijado en ella detrás de la montaña de ropa que estaba planchando. La cogí de la mano y la llevé a palacio.

Como no era lo suficientemente noble, no era digna de ser mi esposa. Y si ella no era digna de ser reina, yo tampoco quería ser rey, así que la miré, dejé el zapato de cristal en la escalera, me descalcé y eché a correr, esperando que ella me siguiera.

Contrariamente a lo que dice la versión oficial del cuento, no lo hizo. Y yo, a partir de ese momento, de ser el Príncipe pasé a ser Jacques, un rey sin reino en busca de su reina. Una reina de cuyo nombre no quiero acordarme.

 

Publicado en General, Reto ELdE | 1 Comentario

Reto 52 semanas, 52 relatos #50: Regalos y mentiras


El antepenúltimo reto de  El Libro del Escritor es un poquito raro…

50. Escribe un relato sobre una fiesta, un grito y una mentira que cada vez crece más.

Mi imaginación anda un poco a tientas, así que de nuevo os traigo algo un pelín surrealista.

Cuarenta años no los cumple una todos los días, así que mis amigas decidieron hacerme la fiesta más increíble de toda mi vida. Sin chicos, por supuesto, que en los últimos años para muchas de nosotras renunciar a ellos era algo de lo más difícil.

Hacía mucho tiempo que no me reía tanto, y es que no recordaba la útlima vez en la que fui capaz de ser yo misma y pasé a ser una princesa encerrada en su castillo de familia perfecta y amor.

Habían reservado una planta entera de un hotel. El pasillo lo habían decorado con flores de muchos colores, alcohol en las puertas de todas las habitaciones, música… pero dejaron lo mejor para el final: el regalo.

No pude dejar escapar un grito cuando lo vi, era la cosa más horrible que haya visto en mi vida. Una especie de trikini rojo con borlas y flecos colgando, algo pretendidamente sexy pero que no llegaba ni a indumentaria de prostituta barata. Todas me miraban como esperando que saltara de alegría, pero era tan, pero tan feo que me daba vergüenza decirles que no me gustaba, así que les dije que me encantaba pero ya si eso me lo probaría en la intimidad.

Por la mañana me levanté resacosa después de varias pesadillas con esa cosa. A las 11, sobresaltada, descubrí que seguía allí (alguien debió ponerlo a mi lado en la cama, yo no lo recuerdo).

Desayunamos juntas y antes de volver a nuestras vidas me hicieron prometer que les contaría si había funcionado “con mi marido”. Por supuesto, igual es que el regalo al final no era para mí.

Cuando llegué a casa lo escondí. A mi marido no le dije nada, sino que esperé a estar sola para hacerme una foto con eso puesto y enviársela por Whatsapp a Daniela, que no tardó en contestar con un: “Estás para comerte, nena”.

Después lo metí en una bolsa y lo tiré al contenedor así, sin más. Fin de la historia.

Esa noche me acosté pronto, que una ya tiene una edad y las fiestas no se aguantan tan bien como antes. Me despertaron unos golpes en la espalda, miré el reloj y eran como las 4.

Anda, Sergio, déjame, que no estoy de humor.

Dime quién es Dani.

¿Quién es… qué?

Dani. Quién es y por qué le envías estas fotos.contestó, blandiendo mi móvil.

Lo suyo sería haberle contado la verdad, pero en ese momento estaba tan rabiosa de que me hubiera cotilleado los mensajes que respondí:

Daniel. Metro noventa. Morenito. Más grande y mucho mejor que tú… en muchos aspectos.

¿Te estás acostando con otro?

¿Te importa? respondí yo, girándome y dando por zanjada la conversación.

Estuve toda la noche dándole vueltas, e imagino que él también. Por la mañana se levantó sereno, me dio un beso y me dijo:

Perdona, sé que no estuvo bien mirarte el móvil, pero es que… al parecer tenía motivos para…

Déjalo, no importa. mentí.

Bien mirado, se lo merecía. Hice como que aceptaba sus disculpas y empecé a trazar un plan que en mi cabeza sonaba hasta divertido.

Llamé a la agencia de modelos con la que trabaja mi empresa, busqué al más moreno de todos y le propuse un trabajito especial. El chico debía estar acostumbrado a esa tipo de ofertas, me dijo que lo haría sin problema por el doble de lo que le pedía y que no se me ocurriera tocarle más de lo necesario. Me pareció bien.

Llamé a Carmen y le pregunté dónde había comprado el trikini, que me había parecido tan bonito que iba a regalarle otro igual a mi hermana. La cosa esa resultó ser una prenda exclusiva que costaba trescientos euros, pero eso ya no me importaba.

La habitación del mismo hotel en el que había estado con mis amigas costó otros trescientos. Esperé al chico enfundada en el trikini, se quitó la camisa y empezamos con la sesión de fotos. Le pagué, se volvió a su casa y yo me quedé allí mientras creaba un perfil de facebook falso con su cara, al que subí esas fotos y algunas más que retoqué, etiquetándome convenientemente.

Mis amigas reaccionaron de manera diversa a las fotos. Sergio, por su parte, amenazó al falso amante de todas las maneras posibles. Yo me hice la avergonzada, como si no supiera quién había hecho las fotos ni por qué las había subido.

No sé cómo se enteró de su nombre real o si fue casualidad que me enterara al día siguiente en el trabajo de que uno de los chicos de la agencia de modelos había muerto de sobredosis en una habitación de ese hotel.

La noche siguiente me puse el trikini por última vez. Mentí a mi marido con la mirada y él me mintió a mí con la suya. Después escondí la prenda, que todavía olía a él, en el rincón más oculto de mi armario y de mi vida y el mundo y sus mentiras siguieron girando para siempre.

Publicado en Entretenimiento, General, Reto ELdE | 1 Comentario

Reto 52 semanas, 52 relatos #49: El día más feliz


Hoy vuelvo a sacar mi yo más políticamente incorrecto para el reto de El Libro del Escritor:

49. Escribe un relato sobre una novia que tiene dudas antes de su boda. Describe la tarta y los invitados.

Como no había leído bien las instrucciones he tenido que cambiar un poco el relato a última hora para que tenga un final “feliz”. O sea, que al final se casan.

El día más feliz de mi vida”. Aquí me ves, a mis casi 40 años vestida de princesita al borde de un altar ante un Dios en el que nunca he creído.

Elegí casarme conscientemente porque mi madre no quería irse de este mundo sin ver a su hija felizmente casada. También porque estaba harta, o más que harta, de las típicas preguntas con sonrisita incluida, del “¿A ti cuándo te toca?” y de los banquetes de los demás donde siempre el ramo iba a parar a mis solteras manos.

Avanzo a paso lento igual que he visto hacer a todas mis primas, hermanas, a mi cuñada y a mis mejores amigas. Todas esas que ahora o bien están divorciadas o bien maldicen en silencio el día más feliz de su vida mientras me envidian por ser el centro de todas las miradas. Las que todavía conservan ese tesoro llamado marido lo tienen bebiendo en el bar de enfrente.

Mamá está feliz. Papá está feliz. O eso parece. Eso es lo que importa.

Esto parece una competición de elegancia. Peinados de peluquería, ropa de satén sin ninguna arruga, tacones imposibles y corbatas para salir bien en las fotos. Más de doscientas personas que quieren compartir este día con nosotros. Este día y, por supuesto, los ríos de alcohol y las montañas de comida que conlleva.

Un último paso por el camino de pétalos de rosa me lleva hasta Jose. Le quiero un montón. Y él a mí, de eso estoy segura.

El cura habla pero no le oigo. No hace falta, siempre dicen las mismas palabras; hablan de la verdadera Fe, el verdadero Amor y blablabla.

Me toca. Le miro. Miro a mi madre y digo, alto y claro, que no. Ahora mismo no quiero. Quiero estar sola. Y salgo corriendo.

La limusina me lleva directa al restaurante, el chófer no hace preguntas. Una vez allí, todos me felicitan aunque por dentro les parezca raro que la novia sea justo la primera en llegar y eso tire por tierra el protocolo.

El coordinador me pide amablemente que me espere porque todavía no están preparados para recibirme precisamente a mí. Los pasteleros están terminando de decorar esa tarta que se supone que no debería ver. Tarde.

Nata, una capa de limón y otra de chocolate con fresas naturales por encima. Sin que el jefe pueda impedirlo, pido a los pasteleros cuatro cucharas y le doy una a cada uno. Al principio parece que no supieran qué hacer con ellas, pero cuando yo hinco la mía directamente en la tarta y me la como ellos me siguen, haciendo caso omiso de la amenaza de despido.

Con el banquete hago exactamente lo mismo. Me desabrocho el corsé, me descalzo y me siento con los camareros. Hoy les toca a ellos comer bien, ellos se lo merecen más que toda mi gente.

Mientras tanto, ahí afuera, sé que me están buscando pero no me importa. Hoy es el día más feliz de mi vida y lo celebro como me da la gana.

Después de un rato, llega mi prometido con todos los invitados. El coordinador debe haberle llamado. Huele como si en la hora en la que he estado ausente hubiera aprovechado para quitarle a mi hermana el vestido de gala en el baño de alguna gasolinera, y la mirada de ella va en la misma dirección. Bueno, él también tiene derecho a celebrar este día como quiera.

Somos libres. Una ola de maquillajes corridos y pelos despeinados lo confirma. Yo no necesito un cura ni una ceremonia que lo autorice. No quiero un matrimonio “perfecto” como los demás, así que le miro a la cara, sonrío y le digo en voz baja: “Sí, quiero”.

Él contesta algo que solo yo oigo, hace como que se quita el carmín de los labios y nos vamos cogidos de la mano hacia nuestro propio futuro, dejando atrás los protocolos, las envidias y los restos del banquete.

Publicado en Entretenimiento, General, Reto ELdE, tradición | 1 Comentario

Reto 52 semanas, 52 relatos #48: La Ruta


No podía faltar uno de mis tópicos favoritos en este reto de El Libro del Escritor:

48. Escribe un relato sobre un personaje que lleva más de una semana sin dormir.

Seguro que a más de uno le suena esto. Aunque yo nunca llegue a estar allí, a veces también me invade esa nostalgia. Esa locura de cultura que solo nosotros entendemos, mientras los demás nos tachan de incultos.

Y allí estaba él, bailando sobre el capó de su coche en mitad de la nada.

—¿Qué haces, tronco?

—¿Pues no lo ves? Este es el mejor fiestón de mi puta vida.

—Anda, vámonos pa casa.

—No me seas aguafiestas, nen. ¡En qué te has quedado?

—Tira, tira, que hasta Barna tenemos un buen cacho.

Apagué la música y nos quedamos un ratito en un desierto de silencio. Se me hacía raro. De lo que hace veinte años era nuestro último santuario ya no quedaba nada. Nada más que la nave en ruinas, Fran y su memoria loca, alimentada por esa misma mierda de entonces. Sin quererlo, hasta yo mismo me santigüé. Y no lloré porque eso todavía es de chicas, pero si te digo la verdad daba pena.

Le tuve que arrastrar hasta mi coche. El suyo lo dejamos ahí tirado, aunque a él no le hizo mucha gracia, pero es que no estaba en condiciones de conducir.

Fran hablaba y hablaba sin parar. No me habría hecho falta preguntarle qué se había metido, dónde había estado todos esos días ni qué había estado haciendo.

Soledad me llamó el viernes de la semana pasada preocupada. Mi hermano no contestaba al teléfono, que si estaba conmigo.

—No, lo siento.

Le dije que esperara hasta el día siguiente. ¡Inocente! No era la primera vez que se largaba con alguna, así que ni le di importancia. Pero es que a mí tampoco me cogía el móvil.

El sábado ella seguía preocupada y de Fran ni rastro.

—¿Seguro que no sabes…?

Bueno, era sábado, el día favorito de mi hermano. A veces se iba por ahí con la moto a “pensar”. Soledad admitió que era normal, aunque no le gustaba.

—¿Y si le ha pasado algo? ¿Y si me ha dejado?

A Fran nunca le pasa nada, parece mentira que no le conociera. A Fran nunca le pasa nada y siempre le pasa de todo. Y Fran nunca abandona a nadie, más bien se abandona a sí mismo, que lo sé yo.

Mientras ella seguía sentada echándole de menos, Fran botaba en su mundo a más de doscientos kilómetros.

El domingo Soledad me volvió a llamar, esta vez lloraba. ¡Exagerada! Estaba convencida de que su pareja había muerto. De que lo encontraría en cualquier cuneta o cualquier rincón del Tibidabo con tres balas en el pecho.

Fui a su casa. La moto estaba en su sitio, pero el coche había desparecido. Dos más dos suman cuatro.

Se había ido en coche, así que solo había un sitio donde podía estar, y yo era la única persona viva y cuerda que sabía cuál era ese lugar, pero no se lo dije a Soledad. No quería preocuparla, y tampoco joderle la fiesta a mi hermano, así que mentí. Le conté que me había llamado, que le había salido un trabajopara toda la semana y que no le había dado tiempo de llamarla a ella.

Tiré de contactos. Efectivamente, había pasado el viernes a pillar “provisiones” por donde el Mati. Provisiones como para un caballo, si yo también quería me las dejaba a buen precio.

Una última vez”, pensé. “Mi última Ruta. Para siempre.” Y acepté el trato, cogí el coche y me metí la primera. A mí ya nadie me esperaba más que yo.

No era difícil seguirle el rastro. Dos días enteros pasé en mi coche. Le vi en Chocolate, en ACTV, en Spook y en el resto, o más bien en los restos. Le seguí y le observaba a una distancia prudencial y sin entrometerme; cuando él paraba el coche yo me metía una roja, si él avanzaba, yo me metía una verde. Chimo Bayo por dentro, la nada por fuera. Él parecía veinte años más feliz y me daba pena despertarle, a pesar de que ninguno de los dos estaba dormido.

Pero el lunes por la mañana la fiesta se acaba, eso lo sabemos todos. Aunque en la mente de Fran la fiesta nunca termina.

Una última mirada, mi coche lleno de agua para calmar la sed del camino de vuelta. Hicimos La Ruta a la inversa tan de día como las otras veces, solo que en aquellos tiempos ni siquiera la luz del sol te podía hacer ver la carretera ni tu destino.

Publicado en Entretenimiento, General, Reto ELdE | 1 Comentario

Reto 52 semanas, 52 relatos #47: Secreto nocturno


Apurando el mes de diciembre con reto de El Libro del Escritor, y ya hemos llegado, casi sin darnos cuenta, al relato número

47. Elige una letra del alfabeto. Encuentra 5 elementos de tu habitación que comiencen por esa letra y escribe un relato sobre alguien que intenta escapar usándolos, al más puro estilo MacGyver.

Vale, la primera letra con la que se me ocurrieron 5 cosas de mi habitación fue la B. Y no es que tenga una mente calenturienta, lo que tengo es…

1. una Barra de pole, más comúnmente conocida como barra de striptease.

2. un montón de Braguitas (qué palabra más fea para una prenda tan bonita)

3. una Bata para estar calentita

4. una Bandeja con la que nunca me traen el desayuno a la cama

y 5. unos cuantos pares de Botas.

Con todo este material, la historia que he creado nos lleva a un exótico local como punto de partida.

Bailar, seducir, quitarnos la ropa, servir copas y, de vez en cuando y si nos apetece, una sesión privada, ese es el trabajo que se ve por fuera. Y sí, me gusta.

La gente nos ve como esclavas, y eso no es así. No, al menos, en nuestro caso.

Nuestro local lo llevamos nosotros. Tres hombres y cuatro mujeres. Trabajamos duro, todos por igual, para sacarlo adelante. Desde las cuentas hasta la atención a los clientes… y clientas, porque nuestro show y nuestras copas también son para ellas. Para nosotras.

Cuando el local cierra, tenemos que quedarnos a recoger, y eso puede implicar que la jornada no termina hasta que el día despunta. Una vez que te vistes, sobre todo en invierno, preferirías quedarte allí casi desnuda antes que salir a la calle con ese frío que no se quita ni con mil millones de abrigos.

Aquel día era uno de esos. Mis compañeros y yo nos abrigamos bien y abrimos la puerta para salir. con sorpresa y horror nos dimos cuenta de que iba a ser un poco difícil porque casi dos metros de nieve estaban bloqueando la entrada.

A María le entró pánico. Tenía mucho por hacer ese día de principios de diciembre, como el resto del equipo: compras navideñas, llevar a los niños al cole, estar con la familia, ese otro trabajo que te sirve para pagar todas esas cosas…

-Atrapados, estamos atrapados. Y no creo que venga nadie a por nosotros.

La nieve repentina en una ciudad donde nunca nieva a unas horas en las que todo el mundo duerme no sale ni siquiera en las cadenas de noticias, donde la última hora es lo que ha sucedido antes de anochecer. Menos mal que todavía quedaban un par de horas para que la gente saliera a trabajar. La gente normal, claro.

En situaciones de emergencia, mantén la calma.” Es lo único que mi padre nos supo enseñar.

Miguel, Suso y Florián se miraron, su trabajo como hombres era sacarnos de allí. Pero no sabían cómo.

-Venga, no os quedéis ahí parados. Ayudadme a desmontar esto.- entre los cuatro, sacamos la barra en la que suele bailar Rocío, la más joven de todos nosotros.

La pusimos junto a la puerta abierta y ella hizo lo que mejor se le da: trepar por ella para colarse por el pequeño hueco que la nieve había dejado, por el que solo cabía ella, e ir a pedir ayuda montada en un trineo que improvisamos atando cuatro bandejas con nuestras braguitas. A ella le pareció hasta divertido.

De pronto, la perdimos entre un inmenso fondo blanco de cielo y nieve a pesar de ser noche cerrada. Al cabo de un rato, volvió para contarnos que era imposible encontrar ayuda, que con la que estaba cayendo y las horas que eran no había ni un alma por la calle. Todavía menos que de costumbre.

Había que hacer un túnel. Empezamos a utilizar nuestras botas como palas, pero según avanzábamos se nos congelaban hasta las ideas.

Tuve que improvisar. En el vestuario encontré una de esas batas viejas que ya casi no usamos y se me ocurrió atarla a otra de las barras, prenderle fuego y atravesar la nieve con ella. Tres batas y cuatro mecheros después, la nieve se había ido convirtiendo en agua y nos encontramos a en plena calle, mirándonos unos a otros y sin saber muy bien qué hacer. Así que hicimos por una vez lo que nunca podemos hacer: nos tumbamos sobre la nieve y vimos cómo el amanecer limpiaba las calles y un sol demasiado caliente casi les devolvía su aspecto habitual.

La gente iba saliendo de sus casas cuando ya todo había dejado de ser un sueño: apenas quedaban unos centímetros de nieve, y la tormenta era algo ya lejano. Pero cuando nosotros miramos hacia atrás y vimos las bandejas atadas con braguitas, nos sonreímos y decidimos guardarle a la noche su secreto. Bien mirado, eso es lo que hacemos todas las noches.

Publicado en Entretenimiento, General, Reto ELdE | 1 Comentario

Reto 52 semanas, 52 relatos #46: M. Sánchez


Un reto de El Libro del Escritor un tanto raro…

46. Escribe una historia que tenga lugar en un taller mecánico.

Con lo poquito que me gustan a mí los coches y lo poco que los entiendo, igual este relato resulta un poco absurdo y/o inverosímil. En cualquier caso, una historia surrealista donde las haya.

No soy una heroína ni una persona rara. Soy mujer y no me gustan otras mujeres, pero sí me apasionan los coches.

No, no soy la secretaria, el coche se lo arreglo yo.”

No, la M de Talleres M. Sánchez no significa «Manolo», significa «Milena».”

No, no me encargo de limpiar, me encargo de arreglar”.

Sí, estoy sucia de grasa y no me importa porque esto es un taller. Es lo que hay.”

Sí, trabajo con el mismo mono que se pondría cualquier hombre.”

Sí, entiendo de esto.”

Sí, yo soy la encargada.”

Da igual que lleve años en el barrio, las bromas siempre son las mismas, igual que la gente. Pero aquel día un despampanante Aston Martin se paró delante de la puerta de mi taller. Nada que ver con los Seat Panda a los que estoy acostumbrada, ni con los Ford Fiesta de treinta años a los que tantas veces he alargado la vida.

El capó echaba humo literalmente. De él se bajó un hombre.

-Buenos días, ayúdeme, por favor.- me dijo, mirándome a la cara y sin reprocharme que fuera mujer.

-Por supuesto. Déjeme echar un vistazo.

En cuanto lo abrí vi que aquello estaba hecho un desastre. Le dije al hombre que me iba a costar más de una semana arreglar aquello y que, además, no iba a ser barato, puesto que las piezas no son fáciles de encontrar. Él me sonrió y me dijo que no importaba, que por su coche lo que hiciera falta. Sin esperar el presupuesto, dejó el coche, me dijo que ya se pasaría y se fue caminando por donde había venido. Ni siquiera dejó su nombre ni su teléfono.

En otras circunstancias hubiera dejado el coche tal cual y habría llamado a la grúa para que viniera a por él, pero era mi primer Aston Martin y me hacía ilusión, así que decidí al menos echar un vistazo.

Llamé al fabricante, y después de pedirle al operador una bujía y dejarle claro que yo sí sabía lo que era, me contestó con muy malas maneras que en España sería difícil encontrarla para ese modelo, que llamara directamente a la sede en Reino Unido.

Yo entiendo de bujías pero inglés lo justo, así que tuve que tirar de contactos y desguaces e improvisar un poco.

Pasé dos semanas dedicada por entero al coche, sin conseguir arreglarlo y sin que su dueño diera señales de vida. Hasta que de pronto me di cuenta de que el coche tenía un compartimento secreto. Lo abrí con cuidado y dentro encontré una gran cantidad de droga. No sabría decir de qué tipo, pero era droga.

El caso es que la mercancía oculta se había desparramado y, Dios sabe cómo, había llegado al motor. Una vez que sabía lo que había pasado, pude arreglar el coche con las piezas que había ido encontrando. Lo limpié (limpieza habitual y limpieza extra, en este caso) y, ya que el dueño no daba señales de vida, me dije a mí misma que por qué no hacer por una vez lo menos correcto. Así que en vez de a la Policía llamé a mis tres mejores amigas y con el coche pasamos la mejor noche de nuestras vidas. Ellas se quedaron boquiabiertas al ver ese pedazo de coche, pero para mi sorpresa no era la primera vez que se metían toda esa coca. Para mí sí.

Volví a casa de madrugada, bastante colocada. Era una sensación extraña, como si… como si flotara dentro de un sueño del que ni podía ni quería despertarme.

Cuando abrí el taller por la mañana, el dueño me estaba esperando en la puerta. No preguntó por la carga, me pagó lo que le dije y se llevó el coche tal cual.

Tal cual. No tan limpio como lo había dejado por la tarde y sin droga dentro. Pero con una pasajera de más.

Cuando se fue recordé entre una espesa niebla la imagen de Salma dormida en el coche, y a mí misma demasiado cansada como para despertarla colocándole una manta por encima. Por la mañana, el coche seguía cerrado, tal como lo dejé.

El hombre vino y se fue tan deprisa que tampoco se dio cuenta del detalle.

El coche apareció en todos los telediarios del día siguiente, con el capó echando humo de nuevo y el hombre muerto dentro. Al parecer, según los testigos, una mujer desconocida huyó del lugar tras estrellar el coche y dispararle con su propia arma. Qué pena de coche.

Salma se esfumó y nadie preguntó por ella. Ni siquiera Diana ni Rosa.

La droga que quedaba, después de darme un homenaje en su honor, la tiré por el retrete. Me hacía sentir culpable y me daba miedo que volvieran a buscarla.

De pronto, las típicas preguntas sobre mi feminidad ya no me incomodan; al contrario, son una señal de que todo vuelve a ser como siempre. Al menos, en este barrio. Al menos, a pesar de Salma.

Publicado en General, Reto ELdE | 1 Comentario